“M. El hijo del siglo”

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“Sono tornato (He vuelto)” siguió la estela del filme alemán “Ha vuelto” y, en parecida clave de humor, resucitó a Benito Mussolini que aterriza en la Roma multiétnica de 2017. Era una vuelta de tuerca más para poner al país frente al espejo y describir la idiosincrasia italiana. El más complejo de los dictadores producidos por la Europa del siglo XX regresa una y otra vez.

Título: “M. El hijo del siglo”

Autor: Antonio Scurati

Editorial: Alfaguara

El 30 de octubre de 1922, a las 11:05 de la mañana, Benito Mussolini subió con ritmo decidido las escaleras del palacio romano del Quirinal para recibir del rey de Italia el encargo de gobernarla. De origen plebeyo, autodidacta del poder, saltarín desde el comunismo al socialismo hasta el fascismo, con solo 39 años, se convertía en el primer ministro más joven de su país, el más joven de los gobernantes de todo el mundo en aquel momento de ascenso. Carecía de experiencia alguna de gobierno o de administración pública, había entrado en la Cámara de Diputados solo 16 meses antes vestido con la camisa negra, el distintivo de un partido armado sin precedentes en la Historia. Con todo esto, el hijo del herrero había subido las escaleras del poder. Se acerca la hora del “diputado” Mussolini. La hora de la venganza. Ha ganado con el dinero de los terratenientes que le hicieron pasar hambre en su infancia, en el bando de los enemigos de su gente, de su juventud. Aun así, ha ganado.

Cuando parecía estar todo escrito sobre él, Antonio Scurati ha logrado la casi unanimidad de los críticos y, según los propios lectores italianos, nadie había descrito el movimiento fascista de esta manera. Por lo que a mí respecta, tengo leídas tres biografías en mi biblioteca, dudaba de añadir otra más. Hubiera sido un gran error no hacerlo. De forma similar a “Soldados de Salamina”, se toman los hechos y se nutren con detalles ambientales, con gestos previsibles, con deducciones razonables, para reconstruir con habilidad honesta un periodo y a un protagonista. Resultado: un libro de Historia que no quiere parecerlo. El trabajo de este profesor napolitano, hoy en Italia uno de sus grandes autores, es extraordinario. No es que la novelización del periodo carezca de algunos errores históricos, reconocidos y escusados por el autor públicamente, sería como invalidar la película “Novecento” por aparecer un cable de tendido eléctrico extemporáneo. Cuando a este primer libro le siga el segundo, hasta terminar la trilogía prevista, se confirmará que se trata de un trabajo de los que marcan un antes y un después en la Historia del periodo y de Mussolini, posiblemente el trabajo que mejor sobrevivirá al propio autor.

Scurati se las ha apañado para meternos hasta en los aromas de los “felices años 20”. Felices porque, una vez enterrada la guerra, el desarrollo industrial se acelera, el dinero circula, el comercio triunfa. Y además la tecnología campa a sus anchas —automóviles, radio, fonógrafos—, se inventan nuevos dioses, mitos de pantallas del cine, se tiende hacia el progreso, la modernidad, y todos parecen estar invitados; gracias a los gramófonos todos escuchan música, todos bailan al ritmo del jazz. Las ciudades producen mujeres descaradas, que se atreven a moverse como hombres, sufragistas, pizpiretas, descubren los hombros, exigen el derecho al voto.

Mientras tanto, millones de personas lo que descubren es el tiempo libre, las aficiones, el despilfarro inimaginable poco antes y, ¡milagro!, los placeres reservados hasta entonces a nobles y jerarcas; desde las colinas de Hollywood Rodolfo Valentino, un inmigrante italiano nacido en Castellaneta de Taranto, magnetiza con su “mirada asesina”, que nunca hubiera encarnado la pasión enamorada para masas femeninas, de no haber sido rechazado su alistamiento en el ejército americano… por miope. Lombardía inaugura un trazado viario destinado al tráfico automovilístico entre Milán y las zonas turísticas de los lagos de Como y Varese, y hay quienes dicen que se trata de la primera carretera diseñada para bólidos metálicos impulsados por motores de combustión interna, no para carros arrastrados por animales. Al mismo tiempo, Nueva York alcanza el millón de personas de origen italiano, una transfusión de sicilianos sin futuro en su mayor parte.

Y en medio de todo Mussolini, el menos sombrío de los dictadores que asaltarán el poder desde Moscú a Lisboa. Aparecen el aceite de ricino, asesinos con móviles mezquinos o gloriosos, periodistas malvados, mujeres enamoradas hasta el nivel de novela rosa barata, valentías comprensibles y absurdas, todo lo que el mismísimo dumas hubiera deseado para sus novelas. Dumas manipulaba y falseaba…. “Es verdad que violo a menudo la Historia. Pero la hago engendrar hijos hermosos”, mientras que lo valioso de Antonio Scurati, es el tremendo esfuerzo por no hacerlo, y no todos los niños son hermosos en esta historia, ni mucho menos… A veces duele la lectura.

Scurati tiene relaciones con el mundo del cine y la televisión, así que cabe la esperanza de que, a alguna de las grandes productoras, impulse una alianza europea para convertir la trilogía en imágenes, en una gran serie que popularice su punto de vista. Nunca será lo mismo que la inmersión que llega a producirse cuando te pones en manos de Scurati con tiempo por delante, para vivir hace 100 años, en Italia, donde ha surgido un nuevo César, que experimentará la pasión en su cara y en su cruz. Millones de italianos y europeos inocentes pagaron con sus vidas el coste de aquella ópera.

Carlos López-Tapia

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