Mr. Pinkerton y las teorías conspirativas

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¡Hola muchacho!

¿Cómo pasaste el mes de mayo?. Según me dijeron, te dejaron salir cada tarde para acudir a las corridas de Las Ventas. Lo que no sé es si se debe a tu afición taurina o a tu pasión por la sangre ajena… Yo pasé unos días muy moviditos a finales de mayo. Tuve un caso de los que hacen afición… a priori. Hace unas semanas me encontraba garabateando unos papeles mientras me tomaba mi té en el Café Comercial cuando, de repente, una señora de mediana edad, sudorosa y ajetreada, se sentó a mi lado no sin antes cerciorarse de que nadie la observaba. Muchacho, me bastaron esos pocos segundos para detectar el cariz del caso que se me aproximaba. Se presentó como Matilde Martos, Catedrática de Derecho Internacional en una conocida universidad privada. Le pedí un vaso de agua fría para que fuera refrescándose y ordenando sus palabras que iban a describir el nuevo caso: “Mr. Pinkerton, acudo a usted por su profesionalidad y por lo alejado que está de este tipo de casos. Vino a mí un ladronzuelo que, sin saberlo, le había robado el maletín a un diplomático extranjero. Al llegar a su casa lo abrió y encontró allí papeles que hablaban de un posible atentado aprovechando la próxima visita del Secretario General de las Naciones Unidas. ¿Por qué me buscó este chico?. Porque mi nombre aparecía en los papeles como una de las personas que podían frustrar el magnicidio”.

Muchacho… ¡guau!. Este caso parecía escrito por el guionista de las pelis de Roman Polanski. Pero me entró un escalofrío al escucharlo. ¡Esto eran palabras mayores!. Yo estoy habituado a casos de robos de joyas, de seguimientos a hijos rebeldes, de enigmas de barrio chino… ¡pero esto era algo más propio del KGB!. ¿Qué pintaba yo en todo este entuerto?. ¡Seguramente la CIA ya habría puesto un micrófono oculto en alguna de las aceitunas rellenas de mi aperitivo!. En cualquier caso, no pude dejar sola a Matilde en esto, así que la acompañé al lugar donde se escondía con el ladronzuelo, en la zona donde se rodaron las escenas de persecución y tiroteo de la película “El lobo”, en una de esas casas, en el sótano.

PinkertonTeoriasConspirativasEldiadelchacalAllí, los tres, cada cual de su padre y de su madre, hicimos un repaso a los papeles hallados en el maletín, y no había duda: aquello era un plan secreto con fines puramente terceraguerramundialistas. Había que analizarlo muy bien: no podíamos acudir a nuestro Gobierno, pues tienen la cabeza en otros menesteres y además nos tomarían por locos y teóricos conspirativos. Sabíamos también que alguien del entorno de la profesora podía estar involucrado, así como un país de oscuro pasado y presente. Matilde Martos es una profunda conocedora de la política internacional. Por su casa han pasado embajadores, diplomáticos e incluso estadistas. Es un referente semi anónimo en la materia, pero decidió no estar en un primer plano, dedicándose más a ser madre. Y es que tener cuatrillizos… marca.

Estábamos allí sin ideas, así que se me ocurrió ir al videoclub y alquilarnos películas que pudiesen inspirarnos un poco. ¡Menuda maratón de cine!. “El día del chacal”, “En el punto de mira”, “Todos los hombres del presidente”, “Tango y Cash” (esta última fue un empeño del ladronzuelo)… Muchacho, qué difícil es pensar cuando uno se siente espiado a todas horas. Por si acaso habían colocado escuchas, creamos una especie de lenguaje de signos para entendernos en las cosas básicas: “Tengo hambre”, “Voy al baño”, “Qué calor”… hasta que nos dimos cuenta de que no importaba que nos escucharan decir esas cosas. Lo importante era que no averiguaran cómo nos íbamos a apañar para dirigirnos al Jefe de Seguridad del Secretario General de la ONU, la única persona en quien realmente podíamos confiar.

PinkertonTeoriasConspirativasJohnTravoltaNos enteramos de que el Secretario y su personal más cercano ya estaban en Madrid y se alojaban en el Palace, y allí que nos fuimos Matilde y yo. Al chico le dejamos como encargado del garaje donde nos escondíamos. Era demasiado metepatas como para que siguiera participando en la misión. Le pedí un favor a un par de amigos que  conservo en el hotel y nos consiguieron uniformes del personal de limpieza. Muchacho, travestirme no es santo de mi devoción, pero esta vez el caso lo requería. Matilde conocía el rostro del Jefe de Seguridad, compartió con él una velada agradable años ha, así que sólo tenía que cruzarse con él para cogerle por banda e informarle de que la vida de su jefe corría peligro. Pero aquella tarea no parecía tan fácil. Por más vueltas que dábamos al hotel, no había manera de toparse con él. Incluso tuvimos que limpiar un par de habitaciones para aparentar, ya que las otras limpiadoras cuchicheaban que las dos nuevas no hacían ni el huevo.

Cuando eran las dos de la madrugada y ya nos dimos por vencidos, nos dispusimos a salir del hotel cuando, de repente, sentado en el piano del hall del hotel, vimos al Secretario General de las Naciones Unidas. No imaginaba que en persona se pareciese tanto a Jackie Chan. A su lado, el Jefe de Seguridad, con un aspecto muy parecido a John Travolta. Matilde se acercó a él y le dijo: “Steven, siempre te pareciste mucho a Travolta, pero ahora que has engordado casi pareces su clon”. El tal Steven le sonrió y dijo en un español muy forzado: “Matilde… ¿tanto ha cambiado tu vida para pasar de ser una experta en Política Exterior a limpiadora del Palace?”. Y entonces Matilde le explicó los planes del magnicidio que se preparaba y los papeles encontrados en el maletín. “Miraos, parecéis Julia Roberts y Mel Gibson en “Conspiración”. Aunque tu amiga se parece a Sean Penn travestido…

PinkertonTeoriasConspirativasSecretarioGeneralONUMuchacho, aquello empezaba a oler a surrealismo y del malo. Y entonces, de repente, salió de detrás de una columna el director de cine John Woo gritando: “¿Lo veis?. ¿Veis que esa idea de que la catedrática y el detective os encuentren en el hotel es creíble.?” Y el tal Steven atravoltado dijo: “Que no, John, que es absurdo que les sea tan fácil llegar a nosotros. ¿Y qué hace el Secretario General de Naciones Unidas tocando el piano del Palace?. ¡Que no, John, que no!. ¡Me niego!.

Y entonces Matilde y yo nos miramos con cara de incredulidad mientras yo me preguntaba que por qué siempre me tomaban a mí como conejillo de indias. Efectivamente, muchacho. Aquello no era más que un montaje hollywoodiense. Había discrepancias entre el director y los actores y el productor ideó aquello de hacer una simulación con personas reales para comprobar los posibles fallos en el guión. No sé si les habrá servido para algo pero, te aseguro que esos tipos acabaron muy acalorados. Al menos, tuvieron el detalle de compensarnos económicamente y nos regalaron un par de entradas a Disneyworld.

Y entonces nos asaltó la duda… ¿Y el ladronzuelo, también formaba parte del montaje?. Efectivamente… ya me parecía a mí que me recordaba demasiado a Juanjo Ballesta. Mira por dónde ya ha dado el salto a Hollywood.

¡Saludos!

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Comentarios

Amigo de Jack - 23.06.2010 a las 12:57

Genial el caso de Mr. Pinkerton, cómo me he reido!
Por cierto, se echa mucho de menos a Jack Bourbon y sus casos en el “lumpen” madrileño. ¿No podría volver el viejo Jack y contarnos algunos de sus casos? Porfa…

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