Recordando clásicos: John Cassavetes, el máximo exponente del cine independiente americano

Recordando clásicos: John Cassavetes, el máximo exponente del cine independiente americano

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Querido primo Teo:

”En ”Too late blues”, trabajé para un Estudio, y creo que no es lo mío. Es un sistema basado en los departamentos y sus jefes. No se me dan bien los jefes de departamento. No me preocupan sus problemas. Sólo los míos. Lo que aprendí de los grandes Estudios es que no puedes complacerlos a ellos y a ti mismo a la vez. No volveré a hacer cine comercial. Si puedo haré películas sin profesionales. Con gente que sueñe con una recompensa mayor. Gente que desee ser parte de una creación, aunque no sepa muy bien que es”. (John Cassavetes)

John Cassavetes pertenece a una industria cinematográfica de Hollywood que, desde su génesis, fue concebida como un engranaje perfecto destinado a la única finalidad de acumular dólares a mansalva, primando la comercialidad por encima de lo artístico y en la cual la supervivencia de una voz propia se antojaba, en ocasiones, casi una utopía (debido principalmente al férreo control de cada Estudio). Como toda industria que se precie, se ha ido adaptando a los tiempos y ha sufrido innumerables mutaciones y problemas; el paso del mudo al sonoro, los incansables intentos de colorear las películas con diversas técnicas visuales popularmente conocidas, la censura promovida principalmente por el Código Hays que afortunadamente sirvió para potenciar el ingenio y la audacia de los grandes creadores, la fiebre anticomunista de la era de McCarthy que dio lugar a la vergonzosa “caza de brujas” que perseguía a los artistas acusados de ideas políticas ”subversivas”, etc….

Por tanto, Cassavetes, nacido en Nueva York, pero de origen griego, creció en un ambiente excesivamente preocupado en el rendimiento económico del cine y en cuestiones monetarias en general, poco familiarizado con un tipo de cine del cual él fue uno de sus pioneros dentro de la cinematografía americana como es el de arte y ensayo. Obras intimistas y cercanas al documental debido a su realismo que desde su concesión misma desafiaban las reglas más tradicionales del cine norteamericano, no eran superproducciones, no buscaban la espectacularidad, mantenían frecuentemente un tono introspectivo y decadente alejado de la luminosidad de otras propuestas, etc… Cassavetes es una afortunada anomalía que, curiosamente, se convirtió en cineasta por casualidad y que tenía la quijotesca idea de llegar a ser un nuevo Frank Capra ya que en principio, estaba más interesado en la escritura cinematográfica que en la dirección: ”Cuando empecé a rodar películas pretendía hacerlas del estilo de las de Frank Capra. Pero nunca he sido capaz de hacer algo similar a esas locas y vigorosas películas. Eres lo que eres”.

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Hay en Cassavetes una fuerte tendencia a explorar y profundizar en el universo femenino. Aunque todos sus personajes suelen estar cuidadosamente trazados, da la impresión de que las mujeres ejercen una especial atracción en el Cassavetes cineasta, y casi siempre termina otorgándoles una mayor relevancia en sus relatos cinematográficos, parece embelesado por sus conflictos, anhelos y temores. Se podría considerar perfectamente como un director de mujeres, posee y ha demostrado sabiduría y sensibilidad para crear retratos portentosos y verosímiles sobre un ser complejo (como es la mujer) y reflejarlo en la gran pantalla sin caer en lugares comunes ni en perfiles estereotipados. Pese a ser la suya una visión parcial, desde la óptica masculina, siempre ha hecho gala de un gran respeto y comprensión hacia la figura femenina, se podría asegurar que, a pesar del implacable realismo que aporta a sus criaturas, proyecta una incisiva mirada desde la ternura y la delicadeza, jamás sentando cátedra ni juzgándolas. Cassavetes, un autor magnífico, osado, indomable, cautivadoramente sensible, en permanente estado analítico de sus criaturas, profundamente humano, en constante búsqueda de lo maravilloso y fascinante dentro del terreno de la cotidianeidad.

El pasado 9 de Diciembre de 2014 John Cassavetes habría cumplido 85 años, se marchó demasiado pronto, pero dejó por el camino varias joyas para deleite del cinéfilo amante del cine de autor (”Sombras”, ”Faces”, ”Una mujer bajo la influencia”, ”Así habla el amor” u ”Opening night”) y su legado artístico ha influido, de manera evidente, en cineastas independientes posteriores.

El nombre de John Cassavetes para el espectador medio, irremediablemente se asocia a su figura como actor, con ”La semilla del diablo” y ”Doce del patíbulo” a la cabeza, pero encuentro mucho más atractiva su faceta como autor, de importancia capital en la evolución del cine americano y precursor de ese magnífico grupo de cineastas que irrumpieron en los años 70 (Coppola, Spielberg, Scorsese, De Palma, George Lucas, Cimino, etc…) dentro de un séptimo arte usamericano que jamás volvería a ser igual, entrando en una etapa de modernidad muy sonada y necesaria. Estos creadores, ante la crisis del Hollywood clásico, vieron como los Estudios no imponían límites a su creatividad y les permitían el control en el montaje final de sus películas, privilegio poco frecuente en la etapa clásica y que se le concedía a muy pocos directores.

Representante de un cine underground, que empezaba a asomar la cabeza dentro de la industria cinematográfica de los estudios de Hollywood, Cassavetes, de contundente espíritu outsider, utilizaba los generosos sueldos de actor de grandes producciones para arriesgar y dejar su interesantísima impronta en obras de menor presupuesto pero de incalculable hondura y valía, en las que solía rodearse de un grupo de habituales en lo referente al reparto (Peter Falk, Gena Rowlands, Ben Gazzara, etc…). Fue un realizador que siempre abogó por mantener una personalidad única, por encima de presiones monetarias.

”En las últimas décadas, algo ocurrió con el sueño americano. No sé exactamente que pasó, no lo tengo muy claro. La confusión sustituyó al patriotismo. El intelecto al amor. Si algo no hace dinero, nadie está interesado en ello. Todo se vende. Las emociones se venden. El sexo vende. Todo es sexo. Los coches, las mujeres, la ropa, tu cara, tus manos, tus zapatos. Mira esos anuncios en la televisión. Mis emociones no están en venta. Mis pensamientos no pueden ser comprados. Son míos. No quiero que las películas me vendan algo. No quiero que me digan como sentir”. (John Cassavetes)

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Debutó en 1959 con ”Sombras”, cinta experimental y que cuenta con actores amateurs. Interpretaciones completamente improvisadas que fluyen de manera orgánica. Cassavetes impartía clases de actuación por aquel entonces y los intérpretes que protagonizan su película son alumnos suyos. Un debut que impresionó a cinéfilos irredentos; Scorsese es un gran apasionado de esta cinta, Cassavetes se convertiría en su mentor y amigo personal, inclusive llegarían a colaborar juntos. Por ejemplo, Marty fue en sus inicios, montador de sonido de ”Así habla el amor”, pero que en un principio no contó con una gran acogida por parte del público mayoritario. ”Sombras” hacía presagiar el talento y el futuro que se escondían en la osadía y entusiasmo de un debutante detrás de las cámaras, que inconfundiblemente estaba destinado a transgredir las normas establecidas y terminar coronándose como un grande de la cinematografía mundial.

John Cassavetes se forjó como cineasta en una época convulsa para Estados Unidos, no solamente a nivel social y político si no también en el ámbito cinematográfico. El cine de la edad dorada de Hollywood estaba agonizando, su decadencia se notaría especialmente con la imparable irrupción de la televisión a finales de los años 50, el séptimo arte intentó paliar las pérdidas económicas ofreciendo a los espectadores experiencias más vividas e innovadoras en salas de cine, fomentando todavía más films-espectáculo que invitaran a la gente a abandonar temporalmente su hogar y retornar al hábito de visionar películas de la manera más clásica.

Cassavetes cambió el modelo cinematográfico establecido, su cine se caracterizó por la sobriedad tanto en el aspecto económico como en el narrativo y se convirtió en un nombre clave de un cine indie americano todavía en ciernes y, por consiguiente, en uno de los mayores impulsores de lo que se podría denominar la ”nueva ola americana”. Bajo su perspectiva, el cine concebido como arte se prostituía al entrar grandes cantidades de dinero en cada proyecto. Su obra bebía del naturalismo y densidad del neorrealismo italiano y de la libertad y riesgo de la Nouvelle Vague, era un admirador confeso de ambas corrientes artísticas europeas. Su musa, en la gran mayoría de sus películas, fue el gran amor de su vida, la maravillosa Gena Rowlands. Cassavetes filmó como nadie las complejidades, emociones y miserias del ser humano, sus cintas podrían interpretarse como una reinvención del melodrama de toda la vida, pero desde un prisma más íntimo, cotidiano y desprovisto de artificios formales.

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