“Yo confieso: 45 años de espía”

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Algunas partes de la vida de El lobo se encuentran en una película, “El lobo”, de la que su protagonista real reniega desde las primeras páginas: “En la película El lobo contaron que yo ya estaba en ETA cuando me captaron, una de las cincuenta mil cosas que se inventaron”.

Título: “Yo confieso: 45 años de espía”

Autor: Mikel Lejarza y Fernando Rueda

Editorial: Roca

Lo más interesante de la autobiografía que le ha ayudado a escribir su amigo y periodista Fernando Rueda al espía más conocido de la Historia reciente de España, Mikel Lejarza, es que todo lo que cuenta parece verosímil, aunque se necesitará tiempo y trabajo de historiador para contrastar y saber qué partes quedan incrustadas en la Historia de España. En cualquier caso es una lectura llena de momentos difíciles y con paisajes reconocibles en la memoria de los que han vivido la lucha contra ETA, la intoxicación de los ciudadanos por fuerzas de seguridad del Estado, de policías a jueces, políticos y periodistas engañados o convencidos.

Suelo rehuir los libros de memorias contemporáneas, que el tiempo no ha hecho pasar por las manos de los historiadores profesionales, pero la petición de una amiga justifica este caso, que nos introduce en un periodo que comienza hace casi medio siglo, cuando un hombre de 25 años acepta trabajar para la seguridad del Estado y ser su topo en ETA.

“En mi opinión, la película, estrenada en 2004, fue un desastre. Ya empieza mal desde el principio, porque cuentan que uno del SECED me compra. Me hacen aparecer como una persona que está en los círculos muy cercanos a ETA, cuando era todo lo contrario; ya he explicado que al inicio de mi trabajo no sabía ni lo que significaba ETA. De cercano a la organización no tenía nada. Yo entonces ganaba muy bien como decorador; con mi primer sueldo, de un trabajo que hice en un par de meses, me compré un piso y un coche, y me sobró dinero. Luego tuve mis altibajos, pero no entré en este mundo para forrarme, ni mucho menos. De hecho, pasé de ganar un millón largo a 30.000 pesetas al mes. Así que por dinero no fue, sí por convencimiento propio. Me duele mucho, hay muchísimas cosas en la película que no tienen nada que ver con la realidad. El invento de que matan a Pertur en esa época pertenece a su imaginación, igual que la historia que se montan con una francesa. Son peores los detalles que me atañen, como que me fui a México cuando terminé la Operación Lobo. La trama es un puro cuento y deja mucho que desear. El protagonista parece amanerado, me disgusta muchísimo cómo dirigieron su papel. Pintan situaciones durísimas de forma muy light. Eligieron para interpretarme a Eduardo Noriega, que es un chaval muy majete, bien considerado como actor y que me cae muy bien. Lo conocí en el Ritz cuando celebraron la fiesta del estreno. Me acerqué un momento y le dije: «Has hecho un papel muy blandito, yo no era tan blandito». La escena de la redada también es una pura fantasía. Cuando Noriega va corriendo durante el tiroteo, no tiene nada que ver con lo que pasó: fue una persecución de la leche, con cientos de grises en pleno centro de Madrid, no ocurrió en un chalé. Para colmo, sale Noriega con la pistola a la altura de la cabeza pegando tiros al aire. Yo nunca hice eso: ya he contado cómo tuve que huir y aproveché una esquina para esconderme, porque necesitaba ganar tiempo, y desde ahí vacié un cargador de la Browning sin tirar a dar a los policías, que entonces se disolvieron y así me dieron la oportunidad de meterme en un portal. Luego hacen ver que el que cogen en el Parque del Retiro, que no fue allí donde lo detuvieron, es Wilson, y en realidad fue Ezkerra al que detuvieron en calzoncillos en un apartamento cuya existencia yo desconocía. A Wilson ya lo habían cogido antes.

La película fue otra bomba dentro del Servicio, no querían ni por nada del mundo que se estrenase. (…) El Servicio siempre ha sido contrario a que yo escribiera un libro, a que contara nada en cualquier medio. Excepto varias ocasiones en las que ellos mismos me han pedido que saliera en televisión. La primera vez, cuando estaba Lemos, fue en Antena 3 con motivo del primer reportaje televisivo apoyado por el CESID. Recuerdo que fuimos a grabar a un piso que el Servicio tenía en los apartamentos Muralto, en el centro de Madrid. Momentos antes de empezar, S. B. se tomó un tranquilizante que yo no acepté, y Lemos le dio un nombre falso al periodista y este se rio al descubrir que en su camisa tenía grabadas las iniciales J. L. M., que no se correspondían con esa identidad. Años después me pidieron que saliera en La 2, que sería interesante que participara en un reportaje en Informe Semanal”.

En realidad no se trata de “Informe Semanal”, que no estaba en La 2, sino “Crónicas”, y una foto de Lejarza dedicada a los periodistas que lo hicieron se mantiene a día de hoy en la pared de la Redacción en “El Pirulí”, donde se detalla su estatura, color de ojos, pelo, peso y complexión…

“Pero, en general, no les ha gustado que apareciera en ningún lado por iniciativa propia; tampoco me metían broncas, aunque siempre me lo afeaban. Con este libro de memorias, la decisión se fraguó cuando el actual director del CNI, Félix Sanz, me dio la idea: «Deberías escribir un libro porque con ETA hay gente que se está apuntando tantos». Yo le contesté: «El Servicio también tendría que hacer algo, porque nunca hace nada, para que se sepa lo que he hecho». Félix me aclaró: «Deberías escribir tus sensaciones, tus momentos malos, tus tristezas. Sería interesante verlo desde dentro». Y entonces yo me sentí con ánimo de hacerlo”.

La verosimilitud de lo que cuenta Lejarza en manos de Rueda hace del libro una lectura apasionante para cualquiera que haya compartido aquellos años, y la sensación de que todo es posible, y hasta probable, se refuerza por la falta de “glamour”, la abundancia de situaciones “cutres” y de decisiones obtusas de la Seguridad del Estado, de personalidades que Lejarza desprecia sin miramientos, pero también sin ensañamiento. Algunos nombres han sido cambiados por seguridad y previsión legal, pero en general pasan por el libro una gran cantidad de personas y no muchos quedan retratados en positivo.

Uno de los mejores elementos del trabajo de Rueda son los apartados donde la esposa de Lejarza, Mamen, repasa lo contado desde su punto de vista. Rueda confiesa: “Mikel me la presentó hace ocho años y lo primero que hizo ella fue echarme una bronca de narices. Yo había escrito sobre su marido algo que no le había gustado, y me dio una buena tunda sin esperar a mis explicaciones, aunque cuando pude dárselas, cambió totalmente su actitud y hoy mantenemos una amistad especial. Mamen ya no tiene aquella melena rubia, pero mantiene intacta su belleza. Ella ha sido el torreón que ha enderezado a Mikel en muchos momentos, la compañera que lo devolvía a la realidad cuando pasaba demasiado tiempo en mundos imaginarios necesarios para su trabajo. También ha sido la tapadera perfecta o la espía para llegar a sitios en los que su sonrisa y ademanes suaves no despertaban las mismas sospechas que un hombre solitario y fuerte en un ambiente hostil”.

Como ciudadano y demócrata desearía que éste hubiera sido un libro de ficción, en múltiples ocasiones se olvida por la habilidad del escritor, lamento que no sea así, y agradezco a mi amiga que me haya impulsado a leerlo.

Carlos López-Tapia

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