"Jojo Rabbit"

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La web oficial.

El argumento: Jojo "Rabbit" Betzler es un solitario niño alemán perteneciente a las Juventudes Hitlerianas que ve su mundo puesto patas arriba cuando descubre que su joven madre Rosie esconde en su ático a un niña judía. Con la única ayuda de su mejor amigo imaginario, un niño un poco idiota, Jojo deberá enfrentarse a su ciego nacionalismo.

Conviene ver: "Jojo Rabbit" es el nuevo trabajo de Taika Waititi, una de las voces más prolíficas del cine de Hollywood en la actualidad tras la película y serie de “Lo que hacemos en las sombras” y la tercera y (futura) cuarta película de “Thor”. Una cinta en la que un crío de 10 años, que recibe el calificativo de Rabbit por ser incapaz de acabar con la vida de un conejo durante el campamento de juventudes nazi en el que se encuentra, tiene posteriormente un accidente que le llevará a su casa (donde vive con su madre soltera) descubriendo que ésta tiene guardada en el ático a una niña judía. Waititi dirige y adapta la novela de Christine Leunens teniendo la valentía de llenarla de frescura, humor y ternura con un humor tan negro como ligero, sin abandonar los momentos más emotivos contando con un reparto entregado que se ha volcado ante la valentía de la propuesta del director en tiempos de la dictadura de la corrección política. Una cinta que en ningún momento busca explotar ninguna polémica sino reflejar cómo sobrevivir desde la mirada ingenua y despierta de un crío a un mundo que parece ir a la deriva pero en el que, incluso en los peores momentos, siempre hay que tener esperanza y confianza en los demás para salir adelante.

Waititi se apropia del espíritu de Ernst Lubitsch o Mel Brooks con una pátina naif y llena de encanto con algunas secuencias memorables como la de la presentación del niño protagonista (un entrañable y divertidísimo Romain Griffin Davis que físicamente recuerda al crío de otra película ambientada en Alemania como “El tambor de hojalata”) que lleva la película a sus espaldas con una de esas interpretaciones infantiles bendecidas por el don de la espontaneidad menos artificiosa, así como las apariciones de un Waititi entre voz de la conciencia que lleva al extremo (pero sin desbarrar) la desmitificación de la figura de Hitler, no habiendo sido la primera que hemos visto en el cine pero sí una de las mejor integradas dentro del tono de la cinta. Pero si hay algo que lleva a la cinta a la maestría es cuando vemos cómo se resuelve la escena que comparten, y qué podría valorarse como un viraje ficcionado de la historia de “El diario de Ana Frank”, con el citado Lubitsch sobrevolando el impagable timing cómico de la secuencia, unos Sam Rockwell y Stephen Merchant memorables. Precisamente es Rockwell el que sigue demostrando que está en un momento de madurez interpretativa a la altura de muy pocos aportando ese carisma y aire eléctrico en sus trabajos que, a pesar de que podría haber caído en la clásica parodia de un nazi megalómano, está llena de humanidad e incluso con sus momentos para combinar lo más duro pero también lo redentor. La joven en alza Thomasin Harcourt McKenzie, una luminosa Scarlett Johansson que es el músculo emocional de la cinta ante la cómplice y reconfortante relación con su hijo, y unos estupendos Alfie Allen y Rebel Wilson como robaescenas no hacen más que redondear todo un canto de libertad, riesgo e ingenio con el contexto histórico de un nazismo que vivía poco a poco en esos meses su desmembramiento.

“Jojo Rabbit” es un necesario bálsamo como fábula frente al odio en estos tiempos de crispación y ofendidos de los que somos incapaces de salir con una doble moral realmente coartadora. El brío de “Uno, dos, tres…”, la sátira de “El gran dictador” y la combinación tan tierna como cruda de “La vida es bella” con el tono naif de Wes Anderson se dan cita en una propuesta que es un despertar a la vida y también un golpetazo hacia los prejuicios y el dogmatismo demostrando que lo realmente rompedor y provocador no es avivar polémicas ni herir sensibilidades sino, en un mundo críptico e impersonal como éste, que todavía haya vía para la esperanza como ese baile y número final musical que realmente nos llega a confirmar que estamos ante un milagro de película con un Waititi realmente inspirado ante un panorama que narra lo que en realidad es la guerra, algo tan grotesco y crudo que nunca es solución para nada pero sí el origen de más problemas de los que ya de por sí tiene el mundo. Que no nos confundan, lo ofensivo no es que haya películas que adopten esta postura a la hora de tratar ese contexto histórico, lo realmente vergonzoso es que eso sucediera en un determinado momento. Ojalá películas que celebran la vida y la solidaridad entre diferentes personas e ideas como ésta pudieran ser una gota aunque fuera nimia para que algo así nunca vuelva a pasar. Típica película que los cínicos tirarán por tierra pero ojalá más cine así que denuncia y hasta se redime de manera anacrónica del fango al que lleva el fanatismo sonando The Beatles en imágenes de los Juicios de Nuremberg o el baile que acompaña al Heroes de David Bowie. Disfrutable pero bien armada y enfrentándonos al odio y a nuestros miedos de caer en la cuenta de lo equivocados que podemos estar en nuestras creencias e ideales cuando miramos desde la perspectiva de los demás. Lo que hace Waititi en su coctelera tiene mérito equilibrando el tono de la historia y permitiendo un halo de esperanza y redención en una cinta que no necesita ser ninguna obra maestra para funcionar con lo que muchas otras películas se olvidan, el público.

Conviene saber: 6 nominaciones a los Oscar 2020 y Premio del Público del Festival de Toronto 2019.

La crítica le da un NUEVE

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