Cine en serie: “La mentira”, un proceso kafkiano frente a la presunción de inocencia

Cine en serie: “La mentira”, un proceso kafkiano frente a la presunción de inocencia

1 Sarcofago2 Sarcofagos3 Sarcofagos4 Sarcofagos5 Sarcofagos (2 votos, media: 3,50 de 5)
Cargando…

Deja tu comentario >>

Querido Teo:

“La mentira” es una historia real que ha servido para vertebrar una interesante miniserie francesa que habla sobre cómo una acusación puede arruinar la vida de un hombre pero en la que, a pesar de ello, también puede haber rincón para la redención, el perdón y el amor. 4 episodios que abarcan 15 años de la vida de una familia y de la resistencia de un hombre frente a un sistema y un dedo acusador que va extendiendo la mancha de la sospecha topándose con un proceso que adopta aires kafkianos cuando todo el sistema se pone en contra suya y la culpabilidad se acuña a pesar de que no sea demostrada, resaltando las fisuras de un sistema que todavía es más lento para ir sobre sus pasos, corregir errores o impartir una justicia real en la que, sobre todo, tiene que prevalecer la presunción de inocencia. La serie puede verse en España a través de COSMO.

“La mentira” supone el regreso a una producción televisiva de Daniel Auteil en casi 40 años, tiempo en el que se ha convertido en uno de los actores más solicitados del cine francés con una carrera tan respetada como popular. En esta serie interpreta a Claude Arbona, intachable alcalde de Niza que está preparándose para ser senador y que también es un abnegado padre de familia que ha dado, al menos en estatus, lo mejor a los suyos con una casa familiar con impagables vistas a la Costa Azul.

No puede negar que su ojito derecho es Lucas, su nieto de 9 años, al que le da el amor que por los compromisos profesionales de entonces no pudo brindar a su hijo. Con él comparte tiempo, navegan y disfrutan de una tierna relación de complicidad entre padre y nieto. Todo se desmorona cuando Claude es acusado por su nieto de haberle violado, algo propiciado por el hecho (que se muestra desde el primer momento) de la falta de atención que le profesan al crío sus padres (los cuales van a divorciarse) lo que lleva desde su mentalidad infantil y acomodada a decir esa mentira para así ser el centro de todo y sentir el respaldo de unos padres que no le han tratado como bien se merece un niño.

En una sociedad marcada por la viralidad, la acusación instantánea y no probatoria y la protección a grupos vulnerables como la infancia, todo ello juega en contra de un Claude que no puede entender que ha llevado a su nieto, al que siempre ha querido, cuidado y protegido, a llevar a cabo esa declaración tan grave que no sólo afectará al núcleo familiar sino al prestigio y a la carrera de un Arbona que, a pesar de todo, en ningún momento muestra resentimiento, odio e ira, sosteniéndose en el convencimiento de su inocencia y en el amparo que encuentra en su familia, especialmente su mujer y su hija, así como un abogado fiel e incansable y unos conciudadanos que ven demasiado vagas las acusaciones contra él. Todo ello no impedirá que, ante el alargado proceso, se vea obligado a dejar la alcaldía por no poder ejercer esas funciones desde la cárcel.

“La mentira” sostiene su atractivo en un tono sobrio, no buscando posicionamientos, ya que las motivaciones de unos y otros quedan claras desde el principio, y cómo el abuelo en parte, y a pesar de todo, se siente culpable por cómo ha revertido en su nieto (y después en él) la poca atención que prestó a su hijo, un tipo déspota sin capacidad de amor que minusvalora a su mujer aborrece a su padre y desdeña a su hijo, pieza intermedia en el árbol familiar y causante indirecto que en parte justifica la acción de un niño que, conforme pasa el tiempo, se sigue sosteniendo en su mentira, no porque quiera arruinar la vida a su abuelo sino porque es en la que ha terminado encontrando refugio y una identidad frente a los demás y que le ha hecho ser una persona sin motivaciones ni proyectos regodeándose en el sentimiento de lástima que le brindan los demás por ser la teórica víctima en esta historia.

Si bien Lucas no dudará de niño en acusar a otro hombre y a un compañero de internado también de violación, esta errática personalidad no despierta sospechas en una sociedad que parece que respalda lo que está dispuesta a creer sin hacer más preguntas. La palabra de un niño como valor de ley sólo porque es la que más genera una sensación de empatía y vulnerabilidad predeterminada, a pesar de que con el tiempo sean cuestionables los informes médicos y psicológicos o nos encontremos ya de mayor a un Lucas que más que ser la víctima de un trauma sigue practicando la manipulación sentimental con su novia, sus acreedores y espera, más que se demuestre su versión, a que su abuelo sea condenado a pagarle una indemnización para así poder capear sus problemas económicos.

En frente un Claude que, si bien tendría motivos para querer ver el mundo arder y por haber perdido su trono, se nos termina presentando como un hombre resiliente sostenido en su conciencia que no sólo tiene que soportar ese calvario personal, y ver como la persona que más quería ha sido causante de todo, sino por un sistema judicial que entre condenas, recursos, apelaciones, libertades condicionales y sentencias del Tribunal Supremo le llevan a un vaivén psicológico y a continuas entradas y salidas de la cárcel representadas en el simbolismo de un furgón policial que es el que determina el sentido del veredicto ya que como una "fumata blanca" marcará el destino en libertad o prisión del acusado.

Más allá de la relación, fricciones y disputas judiciales y éticas entre abuelo y nieto lo que trasciende del caso es la lentitud burocrática y la incapacidad para dar paz a todos sin caer en interminables procesos que más que repartir justicia lo que hacen es ser una carrera de fondo, pudiendo quedarse uno sin resuello por el camino, en la que es difícil que la cordura y la estabilidad emocional no quede perdida durante el proceso y en la que, al final, también imperan intereses, egos y la poca autocrítica para reconocer errores del pasado cuando pagan justos por pecadores.

Vincent Garenq, el director de la serie, se inspiró en el caso de Christian Iacono, alcalde de la ciudad de Vence en los Alpes Marítimos, que sufrió durante 15 años (de 2000 a 2015) todo este proceso y que después reflejaría en un libro llamado “Le mensonge”. “La mentira” es una serie efectiva, sólida y angustiosa sobre un hombre frente al sistema y también sobre un nieto en busca del afecto perdido pero también sobre algo tan difícil en nuestros días desde nuestro orgullo y posicionamiento moral, la capacidad de perdonar.

Vídeo

Nacho Gonzalo

¿Compartes?:
  • email
  • PDF
  • Print
  • RSS
  • Meneame
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • FriendFeed
  • LinkedIn

Comentarios

  • Nombre
  • Correo Electronico
  • Comentario