"Parásitos"

"Parásitos"

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La web oficial.

El argumento: Tanto Gi Taek como su familia están sin trabajo. Cuando su hijo mayor, Gi Woo, empieza a dar clases particulares en casa de Park, las dos familias, que tienen mucho en común pese a pertenecer a dos mundos totalmente distintos, comienzan una interrelación de resultados imprevisibles.

Conviene ver: Tras su incursión en el mundo de Netflix con “Okja”, y al igual que en “Mother” y “The host”, el director Bong Joon-ho vuelve al microcosmos familiar en "Parásitos" en la que dos familias tienen mucho en común pese a pertenecer a dos mundos totalmente distintos reflejando la sorprendente realidad del entorno en el que vivimos. Con sus dos horas y cuarto se ha erigido como es una de las apuestas más inteligentes, refrescantes y sólidas de la temporada desmontando el cine social más arquetípico con una lucha de clases desde dentro tan subyugante como delirante. Lo de Bong Joon-ho es sitcom familiar llena de humor negro convertido en ingenio crítico y desbordante retratando la diferencia económica, la burguesía sustentada en el capitalismo y el pijerío de la casta en barrios residenciales y criados, en un brillante ejercicio en el que se juega con la mezcla de géneros arrojando un conjunto permeable pero que siempre cae de pie ante la solidez del armazón creado por el director, con una apabullante y medida puesta en escena, un diseño de producción exquisito y un ritmo vibrante, y un equipo de guionistas que desmonta tópicos sobre una historia que engancha al espectador por lo bien narrada que está, ofreciendo algo novedoso y muy original con un detalle exquisito en el retrato social que se mueve entre la superficialidad y el desdén de unos que no pueden soportar el olor de los otros y las medidas desesperadas que llevan otros sólo con el fin de quedarse con una migaja del pastel aunque ello termine siendo arrastrado por la ambición. Gran trabajo de sus actores en una sinfonía siempre afinada y conjuntada y el impecable dominio de la cámara en el que todo se mueve al son de la cadencia de la orquesta que hace sonar el realizador por muy vertiginoso que ello sea. La rebelión de los pobres frente a los ricos, los indignados frente a la opulencia de los que tienen dinero y poder por castigo, que llevan a cabo un plan para introducirse los distintos miembros de una familia como una plaga en una casa de la élite tanto como asistenta, profesor de inglés, terapeuta artística y chófer de la familia conformando un sainete tétrico y claustrofóbico, digno de un relato gótico en su atmósfera, ante la polarización de ambos bandos entre el desprecio, el recelo y el interés con principalmente dos escenarios como son un chalet diáfano y elitista, una planta baja inundada desde el que es difícil encontrar Wi-Fi y un sótano oculto que es el espejo de realidad y futuro de la verdadera relación entre poderosos y subyugados, entre los triunfadores notorios y los destinados a vivir sin voz y entre las sombras de una multitud frustrada y alineada. Unos escenarios que juegan a ser el escalafón social que lleva a que incluso en el lugar más oculto aniden otros "parásitos" malviviendo y esperando su momento para salir de su invisibilidad y acuñar su sello de triunfo, posesión o venganza. Algo que entronca con este sentimiento globalizado de indignación que conecta tanto con la picaresca española como las bases del resentimiento de la USA profunda que aupó a Trump a la Casa Blanca a la hora de ver al capitalismo como espejismo ilusionante y sin ningún remordimiento de culpa a la hora de pretender reclamar lo que también se considera digno de uno conformando una coctelera de humor negro y violencia estilizada pero mundana para terminar de arrebatar al espectador con más complicidad que sonrojo en un mensaje ligado a la idiosincrasia más catártica de ese trabajador de clase media que no ha encontrado en el sistema las oportunidades que fueron prometidas. Con ecos a la "Viridiana" de Buñuel y a la propia "Snowpiercer (Rompenieves)" del mismo director, es visualmente redonda, y con ciertos desbarres que se perdonan en su acto final, potenciando las casualidades forzando la moraleja y el choque entre los componentes de la historia, pero que restan algo de empaque al conjunto al igual que un epílogo sentimental, abierto y subrayado, estamos ante una de las cintas más estimulantes y fascinantes que uno podrá ver este año, inclasificable y con tantas películas en una como las muñecas rusas, manejando muy bien el equilibrio entre el cine de autor más puro y elevado con el entretenimiento evasivo para el público sin abandonar la crítica a un mundo en el que la clase media está condenada a la desaparición y en la que los extremos, a pesar de la brecha, terminan tocándose en las bajezas morales de unos y otros con el fin de asentarse en la comodidad de la clase burguesa cueste lo que cueste y sin ningún atisbo de humanidad con el fin de no perder el sitio en una sociedad de tantos vaivenes en la que se te valora por lo que tienes y en la que la pobreza congénita es una losa difícil de dejar atrás más cuando eso supone la indefinición y la insatisfacción que supone perder la dignidad y los valores de uno mismo. Interesante esa mirada que lleva a esta cinta a una vuelta al confort y a una sociedad pura en la que dos familias tradicionales en su composición, y herederas de la transición industrial, luchan contra ellos mismos sin excusas neoliberales como la inmigración desde otros países o los fenómenos climatológicos. Un fenómeno convertido en cinta y que se antoja universal ante la potencia de su mensaje y la rotunda plasmación del mismo.

Conviene saber: Palma de Oro a la mejor película en el Festival de Cannes 2019.

La crítica le da un SIETE

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