“Yuli”

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La web oficial.

El argumento: Film sobre el bailarín cubano Carlos Acosta, un viaje temporal a través de su vida, leyenda de la danza y primer bailarín negro en interpretar algunos de los papeles más famosos del ballet, originariamente escritos para blancos, en compañías como el Houston Ballet o Royal Ballet de Londres (donde ha sido primer bailarín durante más de 15 años). Cuenta desde su dura infancia hasta su madurez, etapa que será protagonizada por el propio bailarín, quien, pese a su éxito y reconocimiento internacional, nunca olvidó sus orígenes.

Conviene ver: “Yuli” es el nuevo trabajo de Icíar Bollaín sobre el bailarín cubano Carlos Acosta, el primer negro en asumir papeles protagonistas en el mundo del ballet escritos para blancos, como es el caso de “Romeo y Julieta”, saliendo desde una Cuba marcada por la falta de oportunidades a la lanzadera que supone triunfar en el Houston Ballet o en el Royal Ballet de Londres. El film navega entre la ficción y la pieza documental biográfica ya que es el propio Acosta el que se interpreta a sí mismo en los momentos en los que vemos al bailarín en la actualidad, respetado y en la cúspide, preparando un montaje para su compañía, el Ballet Nacional de Cuba. La película mira atrás y se centra en los años de niñez y juventud (notablemente interpretado el personaje por Santiago Alfonso), siendo ya de por sí algo distinto a lo que vimos por ejemplo en “Billy Elliot” en lo referente al apoyo en su carrera, marcado aquí por un padre que es quién empuja a su hijo con vehemencia a que explote ese talento, algo que el propio Acosta en principio no desea ni por vocación ni por las burlas de sus compañeros ni por el hecho de que, en caso de proseguir esos pasos, sabe que ello a implicar un gran sacrificio personal, consiguiendo un pasaporte para salir de un país del que parece que todos (menos él) quieren huir. La cinta se mueve en la lucha interior entre el talento y la nostalgia de su protagonista conformando un emotivo retrato del esfuerzo y sacrificio de uno mismo y de los que están al lado siempre apoyando, especialmente en este caso su maestra, desde su primera clase de ballet, hasta su familia focalizada en una madre abnegada, y como todas sufriente, y un padre exigente y disciplinario que oculta el orgullo que siente por su hijo con un iracundo carácter. Lo mejor de la cinta es la relación de Carlos Acosta con su padre, Pedro Acosta, camionero negro y humilde que sólo quiere que la morriña que siente por su Cuba no lastre el talento de su hijo, a pesar de los altibajos de éste que entre lesiones y añoranzas más de una vez está a punto de tirar la toalla. Y es que es el propio padre el que le imprime el sobrenombre de Yuli, el hijo de Ogún, un dios africano, un luchador, confiando en todo momento en sus posibilidades e imponiéndole disciplina y constancia para no ser un pobre de hambre más en la isla. La cinta puede contar una historia que ya se ha visto más de una vez en pantalla pero lo hace con brillantez y emoción, apoyándose en unas medidas, elegantes y artísticas coreografías que imprimen de belleza a la cinta como fiel homenaje a un oficio y a un talento levantado con empeño y sacrificio, en este caso tanto personal como colectivo, redondeándose con la música de Alberto Iglesias y la fotografía de Álex Catalán. Una delicia que se ve con suma facilidad y en la que todas las piezas encajan demostrando una vez más la sensibilidad, humanidad e inteligencia que pone la directora a todas sus historias.

Conviene saber: Premio al mejor guión en el Festival de San Sebastián 2018 y 5 nominaciones para los premios Goya 2019.

La crítica le da un SIETE

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