San Sebastián 2018: El bailarín cubano de Icíar Bollaín, brillante thriller en la Argentina de los 70, corredor perturbado y homenaje a la danza y el rito vasco

San Sebastián 2018: El bailarín cubano de Icíar Bollaín, brillante thriller en la Argentina de los 70, corredor perturbado y homenaje a la danza y el rito vasco

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Querido Teo:

La tercera jornada del Festival de San Sebastián ha confirmado que el cine español está de enhorabuena esta temporada. Después de la gran acogida que ha tenido Rodrigo Sorogoyen con “El reino” no se ha quedado muy atrás Icíar Bollaín con “Yuli”, basada en la historia real del bailarín cubano Carlos Acosta. Además, la estimable cinta argentina “Rojo” se confirma como una de las sorpresas de la sección oficial mientras que también hemos podido ver la suiza “Midnight runner” y la cinta de raigambre y tradición vasca “Dantza”. Todo sin olvidar que buena parte del interés de la jornada se lo han llevado dos Perlas como “Girl” de Lukas Dhont y “First man” de Damien Chazelle, de las que respectivamente hablamos en Cannes y Toronto.

“Yuli” es el nuevo trabajo de Icíar Bollaín sobre el bailarín cubano Carlos Acosta, el primer negro en asumir papeles protagonistas en el mundo del ballet escritos para blancos, como es el caso de “Romeo y Julieta”, saliendo desde una Cuba marcada por la falta de oportunidades a la lanzadera que supone triunfar en el Houston Ballet o en el Royal Ballet de Londres. El documental navega entre la ficción y la pieza documental biográfica ya que es el propio Acosta el que se interpreta a sí mismo en los momentos en los que vemos al bailarín en la actualidad, respetado y en la cúspide, preparando un montaje para su compañía, el Ballet Nacional de Cuba. La película mira atrás y se centra en los años de niñez y juventud (notablemente interpretado el personaje por Santiago Alfonso), siendo ya de por sí algo distinto a lo que vimos por ejemplo en “Billy Elliot” en lo referente al apoyo en su carrera, marcado aquí por un padre que es quién empuja a su hijo con vehemencia a que explote ese talento, algo que el propio Acosta en principio no desea ni por vocación ni por las burlas de sus compañeros ni por el hecho de que, en caso de proseguir esos pasos, sabe que ello a implicar un gran sacrificio personal, consiguiendo un pasaporte para salir de un país del que parece que todos (menos él) quieren huir.

La cinta se mueve en la lucha interior entre el talento y la nostalgia de su protagonista conformando un emotivo retrato del esfuerzo y sacrificio de uno mismo y de los que están al lado siempre apoyando, especialmente en este caso su maestra, desde su primera clase de ballet, hasta su familia focalizada en una madre abnegada, y como todas sufriente, y un padre exigente y disciplinario que oculta el orgullo que siente por su hijo con un iracundo carácter. Lo mejor de la cinta es la relación de Carlos Acosta con su padre, Pedro Acosta, camionero negro y humilde que sólo quiere que la morriña que siente por su Cuba no lastre el talento de su hijo, a pesar de los altibajos de éste que entre lesiones y añoranzas más de una vez está a punto de tirar la toalla. Y es que es el propio padre el que le imprime el sobrenombre de Yuli, el hijo de Ogún, un dios africano, un luchador, confiando en todo momento en sus posibilidades e imponiéndole disciplina y constancia para no ser un pobre de hambre más en la isla. La cinta puede contar una historia que ya se ha visto más de una vez en pantalla pero lo hace con brillantez y emoción, apoyándose en unas medidas, elegantes y artísticas coreografías que imprimen de belleza a la cinta como fiel homenaje a un oficio y a un talento levantado con empeño y sacrificio, en este caso tanto personal como colectivo, redondeándose con la música de Alberto Iglesias y la fotografía de Álex Catalán. Una delicia que se ve con suma facilidad y en la que todas las piezas encajan.

Una de las sorpresas de la sección oficial, y que no merece quedar eclipsada entre otros títulos más publicitados, es la argentina “Rojo” de Benjamín Naishat, una cinta que se adentra en esa Argentina de los 70 en el que el país estaba marcado por la dictadura, la violencia y la represión. Y es que el film utiliza ese año como contexto para para impregnar de ello a los personajes de la sociedad civil, trabajadores corrientes en su día a día. Es el caso de lo que sucede en un inicio potente cuando un abogado espera a su mujer en un restaurante e, inesperadamente, recibe el ataque verbal y físico por parte de un desconocido que se presume enajenado. Expulsado y humillado, éste personaje busca venganza introduciendo involuntariamente al abogado en una espiral de silencios y secretos en tono de thriller adictivo que bordea otras subtramas dentro de la aparente normalidad en la que el protagonista rehace su vida hasta que aparece, y eleva la cinta a niveles de puro magisterio, el detective Sinclair. Un cine negro con mordiente que bordea los terrenos de “Delitos y faltas” y con humor de colmillo. Maravillosamente presentada, con recursos estilísticos y musicales de la época, que están por encima de una narrativa más convencional pero indudablemente eficaz con unas interpretaciones de premio por parte de Dario Grandinetti y Alfredo Castro en una propuesta atractiva, perturbadora y metafórica, con ese eclipse que inunda de rojo a los habitantes de un país que viven entre desaparecidos físicos, intenciones motivacionales y abusos de poder con el fin de agarrarse al puesto que cada uno ostenta en una sociedad jerarquizada, con la sombra del ejército sobrevolando, y a punto de estallar todo por los aires en una continua y turbia tensión latente.

Nos hemos acercado a la sección Nuev@s Director@s para encontrarnos con “Der läufer (Midnight runner)” de Hannes Baumgartner que se centra en el suceso real protagonizado por Jonas Widmer, uno de los mejores corredores del país que se prepara con ahinco para participar en los Juegos Olímpicos mientras trabaja también como cocinero en un restaurante y parece vivir una estable relación con su novia. Pero todo esto se pondrá patas arriba por los recuerdos cada vez más frecuentes de su hermano muerto, comenzando una doble vida a partir una noche de un hecho fortuito que desencadenará su rabia y frustración robando el bolso a mujeres jóvenes. Lo que empieza como algo puntual se convertirá en un hábito que amenazará lo que ha ido construyendo en su vida con el tiempo, convirtiéndole en uno de los hombres más buscados del país. Una película sobria, solvente y con pocos alardes que mantiene la intriga pero que, sobre todo, destaca por el trabajo del joven actor Max Hubacher al que ya vimos en la recientemente estrenada “El capitán”.

Dentro de las proyecciones especiales que deja el certamen hemos podido ver “Dantza” de Telmo Esnal que en clave documental se concibe como un musical que, a través de danzas vascas y toda la simbología que estas recogen, compone una historia sobre el ciclo de la vida y la evolución del hombre. Una historia de esfuerzo, dominio de la naturaleza, mitos, lucha por la supervivencia, fiesta, amor y muerte donde los gestos, las canciones, los ritmos y todo el amplio abanico del lenguaje no verbal arropan el discurso central que tejen los bailes. Una película que basa su fuerza en la belleza de las imágenes creando fusiones con música y canciones de gran calado artístico generando poco más de una hora de auténtica fascinación y de comunión entre la tierra y el hombre. Raigambre vasca en ritos, costumbres y labores en forma de estética y meticulosamente coreografiados números. Los que sean de Donosti le encontrarán mucha más simbología en su propuesta abstracta pero, no obstante, se ve muy bien teniendo en cuenta la propuesta en la que nos encontramos llevando un espectáculo de baile a los exponentes y alardes que permite el cine.

Segundo premio Donostia de esta edición que ha sido entregado a Hirokazu Kore-eda aprovechando para la proyección de “Shoplifters”, la película por la que ganó la Palma de Oro en el último Festival de Cannes. El mes que viene Kore-eda comienza a rodar su siguiente película en Francia. Adora San Sebastián y ha dicho en rueda de prensa “antes hacía películas y me seleccionaban pero ahora hago películas para poder estar aquí”. Allí también ha señalado lo importante que es la paciencia a la hora de trabajar con niños apoyándose mucho en los actores adultos y en su intuición para sacar lo mejor de los intérpretes infantiles, habiendo encontrado en ellos y en las madres de sus películas las vías para hacer universales sus temáticas.

Nacho Gonzalo

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