In Memoriam: Gemma Cuervo, la actriz que hizo del oficio de la interpretación una forma de vida

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Querido primo Teo:

La desaparición de Gemma Cuervo supone la pérdida de una de las grandes damas de la escena española, una intérprete que durante más de seis décadas encarnó con elegancia, carácter y oficio la tradición del teatro popular y del mejor repertorio dramático. Dueña de una presencia escénica rotunda y de una dicción impecable, Cuervo pertenecía a esa estirpe de actores formados en las tablas que entendían la interpretación como un trabajo artesanal sostenido por la disciplina, el respeto al texto y la cercanía con el público. La actriz ha fallecido a los 91 años debido a una crisis aguda y repentina de los problemas respiratorios que padecía desde hace años. 

Nacida en Barcelona en 1934, su vocación teatral fue temprana. Tras formarse en la Escuela de Arte Dramático, comenzó a trabajar en compañías profesionales en los años cincuenta debutando como intérprete profesional en el Teatro Español Universitario de Barcelona con la obra "Amor de Don Perlimplín con Belisa en su jardín" de Lorca, pronto se convirtió en una presencia habitual de los escenarios españoles. Su debut junto a Adolfo Marsillach en 1959 marcó el comienzo de una admirable trayectoria. El teatro fue siempre el eje de su carrera. En él encontró el espacio donde desplegar una versatilidad que le permitió abordar tanto la comedia como el drama, alternando clásicos del repertorio con autores contemporáneos.

A lo largo de décadas recorrió España con compañías estables como la de José Tamayo y montajes que consolidaron su prestigio como actriz sólida, rigurosa y profundamente respetada por la profesión. Federico García Lorca, William Shakespeare, Lope de Vega, Albert Camus, Jean-Paul Sartre, Ramón María del Valle-Inclán o Fernando de Rojas, con un recordado montaje de "La Celestina" del cual se retiró de las tablas en 2011, fueron algunos de los autores que permitieron a la actriz sumergirse en lo más profundo de la condición humana. 

Destacada siempre por su profesionalidad y cercanía, pero también por su espíritu combativo en contra de las injusticias y a favor del papel de la mujer, en el ámbito personal y artístico formó una de las parejas más emblemáticas de la escena española junto al actor Fernando Guillén, con quien compartió vida, escenario y vocación desde que se casaran en 1960 y hasta la muerte de éste en 2013. En 1969 formaron juntos una compañía teatral y de esa unión nacieron también dos intérpretes que continuarían la tradición familiar: Cayetana Guillén Cuervo y Fernando Guillén Cuervo, ambos figuras muy reconocidas del cine, el teatro y la televisión.

Durante años, el matrimonio formado por Cuervo y Guillén representó una auténtica dinastía teatral, símbolo de una generación de actores que vivían la profesión como una forma de vida. Con su propia compañía, desde el teatro más clásico al contemporáneo, se atrevieron a estrenar obras de autores, tanto nacionales como internacionales, prohibidos por la censura. Su primera obra fue "El malentendido" de Albert Camus, dirigida por Adolfo Marsillach, no tardando tiempo en recibir el año de "los Richard Burton y Elizabeth Taylor" españoles. La compañía tuvo que cerrar en 1975 por los problemas económicos que les supuso apoyar la huelga de actores.

Aunque el teatro fue su patria artística, Gemma Cuervo también dejó una huella notable en la televisión. Desde los años sesenta participó en numerosos espacios dramáticos de la pequeña pantalla, cuando el medio funcionaba como una auténtica escuela interpretativa a través de espacios tan emblemáticos como "Estudio 1" (1965-1979).

Sin embargo, sería ya en la década de los noventa cuando alcanzaría una popularidad renovada entre varias generaciones de espectadores gracias a "Médico de familia" (1995-1999), encarnando a la suegra del protagonista, y sobre todo cuando explotó su vis cómica en la no menos emblemática "Aquí no hay quien viva" (2003-2006).

Su papel de Vicenta, demostrando todo su poderío cómico, la convirtió en una figura entrañable del imaginario televisivo: una anciana delirante, ingenua y extravagante cuya presencia se convirtió en uno de los motores humorísticos de la serie formando un equipo infalible junto Mariví Bilbao y Emma Penella. Posteriormente retomó el mismo tipo de personaje en "La que se avecina" (2007-2010), prolongando así la vida de una creación que ya forma parte de la memoria colectiva de la televisión española.

Su trabajo en el cine fue menos abundante pero igualmente significativo. Entre sus interpretaciones más recordadas destaca su participación en "El mundo sigue" (1965), la obra dirigida por Fernando Fernán Gómez que con el tiempo se convertiría en una de las películas más admiradas del cine español. Rodada en 1963 y víctima de la censura franquista en su reducido estreno, la película retrataba con una crudeza inusual la vida de dos hermanas enfrentadas en un barrio popular del Madrid de posguerra.

En aquel drama áspero y descarnado, Cuervo aportó una interpretación llena de humanidad y carnalidad como una mujer libre que contribuía a reforzar el clima moral de una obra que hoy se considera una de las cimas del realismo español en la pantalla pero que, en su momento, el quedar arrinconada, impidió que pudiera despegar la carrera de la actriz en el cine. Otros trabajos en la pantalla fueron "La vida es maravillosa" (1965), "Los chicos del Preu" (1967), "Señora doctor" (1974), "Odio mi cuerpo" (1974), "El sueño de una noche de San Juan" (2005) o "La reina del convento" (2024).

La popularidad que gozó a lo largo de este siglo XXI le hizo embarcarse en las redes sociales, creándose una cuenta en Tik Tok que la ha mantenido en activo prácticamente el último momento y que nos ha hecho conectar todavía más con la persona que ha habido detrás de la actriz.

A lo largo de su vida profesional trabajó con naturalidad en todos los registros: la comedia televisiva, el doblaje (de hecho su despedida fue doblando a Nostalgia en "Del revés 2 (Inside out 2)" (2024)), el drama cinematográfico y, sobre todo, el teatro que nunca abandonó y que la reconoció con el Max honorífico en 2021.

Esa fidelidad al escenario explica que su figura fuera siempre vista como la de una actriz "de oficio", una intérprete que representaba una forma clásica de entender la profesión, basada en la constancia y el amor al público al que siempre valoró, respetó y quiso.

Gemma Cuervo deja tras de sí una trayectoria ejemplar y una estela de afecto tanto entre los espectadores como entre sus compañeros de profesión. En una época de celebridades fugaces, su carrera recuerda la de aquellos intérpretes que construyeron su prestigio función a función, escena a escena, durante toda una vida dedicada al arte de actuar. Su legado permanece en los escenarios que recorrió, en las películas que interpretó y en los personajes televisivos que hicieron reír a millones de espectadores.

Afortunadamente pudo sentir en vida el cariño de la profesión y de su público. Entre sus galardones está la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2023), el Premio Max de Honor (2021) y el Premio Nacional de Teatro (1965). También recibió la Medalla de Plata de la Comunidad de Madrid (2018).

Una actriz de raza, de las que sostuvieron durante décadas la dignidad y la continuidad del teatro español y que, como ha dicho su hija Cayetana en la despedida, deja un amor infinito que llega a todas las generaciones de espectadores.

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Mary Carmen Rodríguez 

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