Cine en serie: "Privilegios", o el combinado de París y hoteles siempre eficaz

Cine en serie: "Privilegios", o el combinado de París y hoteles siempre eficaz

1 Sarcofago2 Sarcofagos3 Sarcofagos4 Sarcofagos5 Sarcofagos (1 votos, media: 3,00 de 5)
Cargando...

Deja tu comentario >>

Querido Teo:

El punto de partida de "Privilegios" es sencillo de describir. Un hotel de lujo en París, el Citadelle, ficticio pero construido a partir de una lógica muy real. "Nos han calificado como el segundo mejor hotel de la ciudad, por delante del Crillon, solo nos gana el Ritz... que ya sabemos que es imbatible", le dice un empleado al director del hotel a los pocos minutos del primer capítulo. El Citadelle es un lugar donde todo funciona, donde todo parece limpio, donde cada gesto está medido. Y, al mismo tiempo, un lugar donde la desigualdad no se oculta, se organiza.

La serie utiliza ese espacio para ponernos delante de una estructura que existe fuera de la ficción. No se limita a contar una historia dentro de un hotel. Se sirve del hotel para hablar de jerarquías, de acceso y de poder. La elección de Melvil Poupaud y Manon Bresch responde a esa intención. Él encarna al director, una figura que no necesita levantar la voz para imponer reglas. Ella interpreta a Adèle, una joven marginal en libertad condicional que entra como maletera y descubre rápidamente que el trabajo visible es solo una parte del sistema.

Poupaud explicó su preparación con una observación concreta: "Pasé una jornada con un director de un palace parisino... un señor muy serio y profesional, mientras que mi personaje es mucho más turbio. Pero vi que un hotel de cinco estrellas es el escenario ideal: están todas las capas sociales, desde la camarera de piso hasta el director, pasando por conserjes capaces de bordear la ley para complacer a los clientes". Esa frase sitúa el eje de la serie. El hotel como espacio donde conviven todas las capas sociales en una desigualdad clamorosa.

El modelo tiene antecedentes muy claros en París. A finales del siglo XIX, con la transformación de la ciudad, nacen los grandes hoteles modernos. El Ritz, inaugurado en 1898, se convirtió rápidamente en referencia. No solo por el lujo, sino por su capacidad de adaptación. César Ritz entendió antes que nadie que el cliente no compraba una habitación, compraba una experiencia personalizada. Ese principio sigue vigente. En la actualidad, una suite en ese mismo hotel puede superar los 30.000 euros por noche, con servicios que incluyen chef privado, mayordomo permanente y acceso restringido a zonas no abiertas al público.

Ese nivel de servicio ha dejado historias muy concretas. Coco Chanel vivió más de treinta años en el Ritz, instalada de forma permanente en una suite. Era parte del hotel. Su rutina estaba integrada en la vida del establecimiento. Bajaba cada día a la misma mesa, recibía allí a sus invitados y mantenía una relación directa con la dirección. El hotel se convirtió en su domicilio real.

Otro caso es el de Ernest Hemingway, que frecuentaba el bar del Ritz hasta convertirlo en uno de los espacios literarios más citados. Tras la liberación de París en 1944, aseguró haber "liberado el Ritz" antes incluso de realizar otras tareas como corresponsal. Esa mezcla de historia y mito forma parte del relato de estos lugares.

También hay episodios oscuros. En 1997, Diana de Gales salió del Ritz camino del accidente que acabaría con su vida en el túnel del Puente del Alma. El hotel quedó asociado de forma inevitable a ese momento. En otros casos, las muertes han ocurrido dentro de los propios establecimientos.

La discreción ha evitado muchos titulares, pero la lógica es la misma. Hoteles donde lo extraordinario convive con lo cotidiano o lo legendario, sin romper la apariencia de normalidad. El escritor Oscar Wilde murió en 1900 en el Hôtel d’Alsace, hoy rebautizado como L’Hôtel. Wilde llevaba tiempo viviendo allí en condiciones muy precarias, lejos del lujo que asociamos a los grandes palaces. Se le atribuye una frase final que ha pasado a la historia: "O se va ese papel pintado, o me voy yo". El hotel ha convertido esa habitación en un pequeño lugar de peregrinación.

"Privilegios" se apoya en esa tradición para construir su relato. No reproduce un caso real, pero sí un funcionamiento reconocible. La protagonista descubre que su posición depende de algo más que su rendimiento laboral. El ascenso implica aceptar tareas no descritas, asumir silencios y entender que el cliente siempre tiene razón, incluso cuando el cliente es un desalmado y esa razón implica, a veces, cruzar límites legales.

Ese principio no es una invención. En los grandes hoteles, el conserje puede conseguir entradas imposibles, reservas inexistentes o servicios fuera de catálogo. Esa capacidad de resolver lo improbable es uno de los valores más cotizados. En algunos establecimientos, los mejores conserjes pertenecen a la asociación "Les Clefs d’Or", una red internacional que garantiza ese nivel de acceso. Su trabajo consiste, en términos simples, en no decir nunca que algo no es posible.

El jefe de conserjes Alberto Pinto fue durante años la figura del Excelsior en Roma. Se le tenía por el hombre más influyente después del Papa. Un día se vio obligado a adelantarle dinero nada menos que al Aga Khan, uno de los hombres más ricos del mundo. En otra ocasión, a William Randolph Hearst, el "Ciudadano Kane". 

En ocasiones, estos personajes se iban sin pagar su deuda al jefe de conserjes, pero esta asociación tienen su propia Interpol para estos casos y, tarde o temprano, se recupera el dinero. El que ha dejado de pagar en París se encuentra con un discreto mensaje en el hotel de Londres.

Ese nivel de exigencia tiene un coste claro en la estructura laboral. Una camarera de piso en un hotel de lujo en París puede situarse en torno a los 1.500 o 1.800 euros mensuales, con jornadas intensas y un ritmo de trabajo elevado. En niveles intermedios, como supervisores o jefes de sección, los salarios pueden moverse entre los 2.500 y los 4.000 euros. En la parte alta, directores de hotel en establecimientos de cinco estrellas pueden superar los 10.000 euros mensuales, con responsabilidades que van mucho más allá de la gestión operativa.

Esa diferencia salarial refleja una jerarquía muy marcada que la serie introduce sin necesidad de explicarla. Se percibe en la forma de hablar, en los espacios que ocupa cada personaje y en la información a la que tiene acceso. "En cuanto cruzas el telón que separa a los clientes de los trabajadores, la iluminación es mucho más dura". La frase, utilizada por el equipo creativo, describe un cambio físico, pero también social. El paso de un mundo a otro se marca con claridad.

Se evitaron hoteles icónicos para no asociar el Citadelle a un lugar identificable, y las localizaciones exteriores corresponden al distrito ocho de París, en torno a zonas como la Avenue Montaigne y los Campos Elíseos. El nivel de realismo que se buscaba planteaba un problema.

Las suites de esta clase de hoteles suelen tener ventanales que miran a paisajes dignos del París más espectacular. Los cromas habituales no daban la calidad que buscaban. Los paisajes de París que se ven desde los ventanales son grandes pantallas LED de altísima definición, lo que permitió hacer todo el trabajo en estudio aunque nadie lo diría.

Manon Bresch aportó otra perspectiva desde su experiencia durante un rodaje que duró casi tres meses: "Caminar todo el día con esos pequeños zapatos sobre las piedras de los patios... no parabas de resbalar. Es duro, pero también gozoso jugar en ese entorno donde nada te pertenece: ni tu forma de hablar, ni tu postura". Esa observación conecta con la idea central de la serie. El entorno no es neutro. Moldea el comportamiento tanto de servidores como de servidos.

Vladimir de Fontenay, director y guionista francés vinculado al cine independiente y a la creación de series con enfoque social, lo resumía así: "Queríamos que el espectador se enganchase a un personaje así". La elección de Adèle como eje responde a esa intención. No es una observadora externa. Es alguien que entra en el sistema y aprende a moverse dentro de él.

Esa progresión es la que permite a la serie mostrar cómo el privilegio no se ejerce solo desde arriba. Se reproduce en cada nivel. Un empleado puede tener poder sobre otro aunque ambos estén lejos de la cima. Ese mecanismo evita una lectura simplista y acerca la realidad.

Como puedes suponer, la serie no renuncia al mundo de excentricidades en los hoteles de lujo. Clientes que exigen que la temperatura de la habitación se mantenga constante al grado exacto, que las flores sean cambiadas varias veces al día o que determinados objetos desaparezcan antes de su llegada.

En el Plaza Athénée, por ejemplo, se ha documentado la petición de retirar todos los colores rojos de una suite porque resultaban incómodos para un huésped. En otros casos, se han solicitado almohadas con rellenos específicos transportados desde otros países. Ese nivel de detalle es parte del negocio. La fidelización del cliente depende de esa capacidad de adaptación que recae, en última instancia, en los trabajadores.

"Privilegios" recoge esa lógica y la convierte en materia narrativa. No necesita exagerar. Le basta con observar el hotel como un lugar donde todo está previsto y, al mismo tiempo, todo puede desviarse. El resultado es una serie que utiliza un entorno reconocible, muy usado en las pantallas desde los años treinta, cuando se rodó "Gran Hotel" de Edmund Goulding, basándose en lo que ocurre cuando alguien intenta alterar el equilibrio de un ecosistema tan controlado en apariencia.

El cierre en el sexto capítulo mantiene esa línea. No ofrece una solución clara. No ordena el sistema. Lo muestra en funcionamiento y nos deja con una conclusión. Que el lujo, el privilegio, cuando se observa de cerca, es una forma de poder que no necesita explicarse para imponerse, desearse y detestarse a partes iguales.

Vídeo

"Privilegios" puede verse en España en HBO Max

Carlos López-Tapia

¿Compartes?:
  • email
  • PDF
  • Print
  • RSS
  • Meneame
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Google Bookmarks
  • Twitter
  • FriendFeed
  • LinkedIn

Comentarios

Suscríbete
Notificar
guest
0 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
0
Me encantaría conocer tu opinión, comenta.x
()
x