Cine en serie: "Lynley", o el detective aristócrata y la sargento plebeya
Querido Teo:
El detective inspector protagonista podría presentarse de esta manera: "Me llamo Thomas Lynley. Soy inspector del Departamento de Investigación Criminal de Scotland Yard y, aunque no lo busqué, también soy el conde de Asherton. Ese doble origen me acompaña siempre, incluso cuando intento olvidarlo. Vengo de una familia aristocrática instalada en Cornualles, con tierras, mayordomo y una tradición que pesa más que cualquier responsabilidad policial. Mi madre sigue viviendo en la casa familiar, rodeada de criados y rutinas que pertenecen a otro siglo, y mi hermano ha elegido quedarse allí, ligado a la tierra y a los caballos. Yo estudié Derecho para seguir la tradición familiar, pero me fascinó la criminología y defraudé a la familia. Mi educación ha sido exigente. He crecido rodeado de normas, de expectativas, de una idea clara de lo que se espera de alguien como yo. Eso y Oxford me han dado disciplina, pero también una cierta distancia emocional. No siempre sé cómo reaccionar fuera del trabajo. En una investigación todo tiene lógica. En la vida, no.
Me han trasladado a un nuevo destino por un problema que no viene a cuento en este momento. Nunca dejo de ser observado como alguien que pertenece a otro mundo. Sé que mi posición abre puertas, y por eso intento no apoyarme en ella. Me interesa la precisión, la observación, el detalle que otros pasan por alto. No me gusta el ruido ni la improvisación. Ante un problema, analizo antes de actuar. Me detengo. Pienso. Ordeno. Esa es mi manera de no cometer errores.
Visto con sobriedad. Ropa de calidad, bien cortada, sin estridencias. No es una declaración, es una costumbre. Tampoco necesito demostrar nada en ese terreno. Prefiero pasar desapercibido y escuchar. Escuchar es una de las herramientas más útiles que tengo.
No me dejo arrastrar por impulsos. Busco equilibrio. Incluso cuando la situación se complica, incluso cuando hay intereses poderosos implicados, intento mantener la objetividad. No siempre es fácil. A veces lo personal se cruza, como ocurre cuando alguien cercano aparece en una investigación. Ahí es donde todo se vuelve más frágil.
He visto lo peor del ser humano. Crímenes que dejan una huella difícil de borrar. Eso cambia la forma de mirar el mundo. Te obliga a entender que bajo la superficie de lo correcto hay otra cosa. Y que descubrirla es, en cierto modo, una responsabilidad".
El contrapunto de este inspector aristócrata es una mujer que podría decir de sí misma algo de este tipo:
"Me llamo Barbara Havers. Soy sargento detective. Y sí, vengo de un sitio muy distinto al de mi superior. No nací entre privilegios, sino en una familia donde las cosas no eran fáciles. Mi madre plancha y mi padre… bueno, es mi padre. Estudié en una escuela politécnica normal de Norfolk y eso te enseña a defenderte pronto. A no confiar demasiado. A no esperar que nadie te regale nada.
No tengo paciencia para las apariencias ni para los títulos. Me importa el trabajo y hacerlo bien. Soy directa, a veces demasiado. No me ando con rodeos. Si algo no me cuadra, lo digo. Si alguien miente, voy a por ello. No siempre gusta, pero no estoy aquí para gustar.
Mi forma de pensar es sencilla. Las cosas son lo que son, no lo que deberían ser ni lo que alguien quiere que parezcan. Por eso no me dejo impresionar por el dinero ni por la posición social. He visto suficiente como para saber que no significan nada cuando las cosas se complican.
Ante un imprevisto actúo. No me quedo quieta esperando a que todo encaje. Me muevo, pregunto, presiono. A veces me equivoco, pero prefiero eso a quedarme parada. El trabajo no siempre permite esperar.
No encajo en los moldes, ni en la policía ni fuera de ella. Mi aspecto lo refleja. No soy elegante ni lo intento. Ropa práctica, cómoda, sin pensar demasiado. No tengo tiempo para combinarla ni me interesa. Sé que muchos me juzgan por ello. Me da igual.
Mi compañero y yo somos muy distintos. Él analiza. Yo empujo. Él mide. Yo confronto. Pero juntos funcionamos. No siempre estamos de acuerdo y discutimos más de lo que probablemente deberíamos, pero hay respeto. Y eso es lo que importa.
No tengo una vida cómoda ni ordenada, pero tengo claro lo que hago y por qué lo hago. Y eso, al final, es lo único que necesito para seguir adelante".
Este contraste entre los dos personajes es el motor de la serie. Están diseñados para chocar. Y de ese choque resulta su capacidad para dar con la verdad en cada uno de sus casos, que comienzan con una visita a una isla privada, con restos de una antigua villa romana y un propietario aficionado a la historia y la cultura clásica. Esta es la segunda adaptación de los libros que inspiran estas historias, pero su primera entrega pasó, fuera de Reino Unido, bastante desapercibida con el título de "Los misterios del inspector Lynley" (2001-2007).
De las más de veinte novelas escritas por Elizabeth George, la mitad más ambiciosa, las últimas, no han sido adaptadas todavía, lo que da una buena oportunidad a esta segunda entrega para alcanzar a más público. Elizabeth George es una anomalía porque, siendo una norteamericana nacida en un pueblo de Ohio, pasó su infancia en el norte de California, desde donde viajó a Inglaterra en un programa de estudios para profundizar en Shakespeare. Quedó fascinada por las tradiciones británicas. Por entonces ya estaba orientada hacia la literatura.
"Cuando mi hermano tenía seis años, le hirieron en el ojo con una flecha. Nuestros padres le leían durante horas y yo escuchaba. No éramos una familia muy rica, así que nos refugiábamos en el mundo de la imaginación". A los siete años sabía que quería escribir. Comenzó a escribir historias cortas en la escuela primaria, después de que su madre le diera una vieja máquina de escribir de los años treinta, y escribió su primera novela, que no fue publicada.
Su anglofilia ha dado lugar a que todas sus novelas tengan como marco Gran Bretaña. Allí viaja regularmente, posee un piso en Londres, con el fin de rastrear localizaciones y refinar su documentación con contactos de Scotland Yard. "A menudo se me pregunta por qué mis novelas se desarrollan en Inglaterra. La respuesta se encuentra en mi filosofía: escribe sobre aquello que te interesa, escribe sobre aquello que amas, escribe sobre aquello que te haga disfrutar. Escribir es una agradable tortura. Parece de locos meterse en ello si no te mueve algo a lo que amas".
Llega a representar con gran precisión el ambiente y el color local británico, de modo que la intriga puede desarrollarse tanto en el medio cerrado de las escuelas privadas, como en el Londres bullicioso y multicultural de los años noventa. Es igualmente brillante describiendo la sociedad contemporánea que surge de la familia, del mundo de los medios de comunicación y de la política, o incluso de la vida en una comunidad étnica.
Apasionada también por la psicología, en la que está titulada, tiene un sentido agudo para la observación y también una capacidad de análisis fina. El retrato de la pareja protagonista es muy bueno: el inspector Lynley, decimoctavo conde de Asherton, está inspirado en la interpretación de Nigel Havers, noble y corredor, en la película "Carros de fuego", y el apellido de su compañera, Havers, procede precisamente de este actor.
Elizabeth George es reconocida en la actualidad como una de las grandes autoras de la literatura policíaca en Estados Unidos, en Gran Bretaña y en numerosos países en los que se ha publicado. El hecho de que sea una producción de la BBC garantiza lo que todos sabemos. Si te gustan los clásicos detectivescos a la inglesa, es una apuesta segura.
"Lynley" puede verse en España en Movistar+
Carlos López-Tapia





















