San Sebastián 2025: George Clooney sufre los estragos del declive del estrellato, empatía y resistencia por parte de José Luis Guerín y Jodie Foster reconvertida en psiquiatra investigadora

San Sebastián 2025: George Clooney sufre los estragos del declive del estrellato, empatía y resistencia por parte de José Luis Guerín y Jodie Foster reconvertida en psiquiatra investigadora

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"Jay Kelly" (Noah Baumbach) // Perlas

Jay Kelly es una gran estrella de cine que a sus sesenta años se encuentra en una crisis vital y que, en vísperas del homenaje que le va a brindar un festival de cine en Italia, se enfrentará a un ajuste de cuentas personal recordando a todos aquellos que han formado parte importante de su vida. Y es que todo el mundo conoce a Jay Kelly, pero Jay Kelly no se conoce a sí mismo.

"Jay Kelly" es un homenaje a las estrellas de cine a través del desencanto de un actor que asume que su mejor época ha quedado atrás y que trata de reconciliarse consigo mismo, consciente de que lo único que ha hecho bien en la vida ha sido seducir a la cámara. Si la frontera entre Margo Channing y Bette Davis era difusa, ambas atrapadas en la sensación de no tener identidad más allá del estrellato, la distancia entre Jay Kelly y George Clooney es mínima: ambos parecen devorados por su propia leyenda. En la cinta de Noah Baumbach, Clooney encarna a ese hombre en crisis que reflexiona sobre su identidad y sobre el sentido de una fama que tras los focos y el trasiego que acarrea la fama está llena de sinsabores y peajes. Alguien que a pesar de estar rodeado de gente se siente solo. Una mirada melancólica sobre un hombre que confiesa a su mentor que todos sus recuerdos son películas y que recibe como respuesta que eso es lo que son las películas para gente como ellos; fragmentos de tiempo. 

La película se sitúa entre el drama y la comedia pero siempre con un halo nostálgico explora la identidad, el éxito y las consecuencias emocionales de la superficialidad de una vida pública, frente a los condicionantes de una vida privada, utilizando un viaje por Europa, tanto para recibir el galardón honorífico de un festival en Italia como para seguir los pasos de su hija, para que los protagonistas hagan una reflexión de su pasado y de las decisiones tomadas y donde les han llevado las mismas entre dudas, curiosos, tartas de queso, focos, anhelos y el peligro de una viralidad que a golpe de “click bait” encumbra y cancela con gran facilidad en los tiempos actuales. Y es que, ¿de qué sirve tenerlo todo si lo que más te importa se queda atrás?

“Jay Kelly” es un filme que combina humor, drama y un fuerte componente introspectivo. No se trata de una obra banal sobre la industria del cine sino más bien podríamos decir que es una reflexión sobre la identidad cuando desaparecen los focos, sobre la importancia de los vínculos que se forjan lejos de la fama y sobre cómo el triunfo puede convertirse a veces en una carga. Baumbach realiza también el mejor homenaje en vida a la estrella que es George Clooney con una secuencia final que, incluso para aquellos que no entren al tono de la película, termina emocionando de la misma manera que se humedecen los ojos de la estrella examinando su legado a través de sus propios recuerdos que vivirán por siempre en la pantalla.

"Historias del buen valle" (José Luis Guerín) // Sección Oficial

Vallbona es un barrio del extrarradio de Barcelona aislado por un río, vías férreas y autopistas. Es un barrio periférico, que vive el tránsito del mundo rural al urbano, preservando formas de vida erradicadas del centro y donde coexisten las casas de los primeros migrantes, quienes llegaron tras la posguerra, y los nuevos bloques de la ciudad dormitorio, donde se concentra la nueva migración, convirtiendo este humilde rincón en una auténtica aldea global. Una memoria gestada en la supervivencia y las luchas vecinales.

"Historias del buen valle" embriaga por la naturalidad y encanto de las personas que rodean el barrio de extrarradio de Vallbona. Resistencia, dignidad y autenticidad sin imposturas mecido por la espontaneidad de expresiones, canciones y reflexiones. Una maravilla que, abordada con respeto y audacia, es capaz de de capturar aquello tan deseado por muchos cuando se ponen detrás de las cámaras y que es la de encontrar y ofrecer un retazo de vida. Hay belleza y poesía pero también sacrificio, crudeza y, sobre todo, colectividad, convivencia, solidaridad y resiliencia. 

Un western improvisado sobre aquellos ocultos por una sociedad que los deja fuera de los márgenes como unos desarrapados pero que son todo un ejemplo para encarar la vida más allá de la vida frenética y los agobios, muchos de ellos banales, que ofrece la gran ciudad. Un documental conmovedor y catártico que tira de lo coral y del día a día del entorno y sus gentes como canto de dignidad frente al urbanismo implacable que toca a la puerta pretendiendo acabar con un modo de vida que el capitalismo no abraza porque ni entiende ni le da beneficios.

Un trabajo humanista que, además, gracias a como está hilvanado y la simpatía congénita de algunos de los vecinos, mete al público en el bolsillo permitiéndose momentos de gran potencia como aquel en el que los vecinos, casi como una sola vez, entonan Cuatro soldaditos. Fascina, arrebata, entretiene y enamora con una puesta en escena con una muy alabable calculada espontaneidad que da alas a la película tirando de emociones y de un encomiable esfuerzo quijotesco tanto por parte de esos vecinos que solo aspiran a no perder la definición del lugar que les ha hecho a sí mismo como por un José Luis Guerín que podría haber caído en la denuncia fácil victimista o en el existencialismo críptico pero que aquí desprende en todo momento empatía y amor tanto por su oficio de contar historias como por la capacidad de caer rendido por el placer de la escucha de aquellos que, bajo una apariencia modesta, son toda una lección de enseñanza y vida para los demás. 

"Vida privada" (Rebecca Zlotowski) // Perlas

La reputada psiquiatra Lilian Steiner emprende una investigación privada sobre la muerte de uno de sus pacientes, del que está convencida que ha sido asesinado.

“Vida privada” se configura como un thriller de corte psicológico que incorpora elementos de misterio y leves matices de humor. La historia sigue a Lilian Steiner, una psiquiatra de gran prestigio que, tras la enigmática muerte de una de sus pacientes, decide implicarse personalmente en el caso, convencida de que no se trata de un suicidio, sino de un crimen. El film entrelaza la tensión propia del suspense con una indagación en los secretos, las percepciones y las verdades ocultas que se esconden tras una fachada de normalidad. Conforme Lilian profundiza en la investigación, tanto su carrera como su estabilidad emocional comienzan a resquebrajarse, y la búsqueda de respuestas se transforma en un camino tan arriesgado como esclarecedor. Más allá de resolver el enigma, lo que realmente diferencia a “Vida privada” es la manera en que está narrada. Se usan los códigos habituales del género pero reinterpretándolos con un enfoque que se mueve entre lo inquietante y lo insólito. Jodie Foster da vida a Lilian combinando firmeza y fragilidad, aportando una profundidad emocional que mantiene el interés incluso en los pasajes más ambiguos y desconcertantes siendo ese tipo de papel que hubiera hecho Isabelle Huppert.

Una mujer que necesita encontrar el rostro de un culpable para superar las dudas que le atenazan y también el sentimiento de culpa por no haber podido salvar a su paciente de sus fantasmas, a la vez que se pone de frente en el reflejo ante el espejo de los secretos de su propia vida. En lugar de limitarse a un esquema clásico de “quién fue”, propone que cada indicio encierra múltiples lecturas y que nuestras certezas sobre los demás pueden desmoronarse con cada nuevo hallazgo. En conjunto, “Vida privada” logra equilibrar la intriga con una puesta en escena cuidada y una actuación sobresaliente de Foster, especialmente en las escenas que comparte con Daniel Auteuil, su ex marido en la ficción, ofreciendo una experiencia que combina entretenimiento y profundidad psicológica, y que invita al espectador a adentrarse en un relato lleno de ambigüedad, donde las apariencias rara vez dicen toda la verdad y para el que la directora también cuenta con intérpretes como Mathieu Amalric, Virginie Efira y Vincent Lacoste.

Un thriller cómico de aire ligero y burgués entre sospechas, enredos y copas de vino, con una protagonista que vive su propia crisis dándose cuenta que su vida no está tan llena de certezas como creía, y que recuerda al cine de Woody Allen pero sin la chispa irónica ni el ritmo enérgico de aquellas quedando más funcional y menos profunda de lo que pretende lastrada por una intriga confusa, enrevesada y tontorrona que deriva en un conjunto que se mueve entre el encanto juguetón y el caos enrevesado llegando a puerto pero sin demasiado fuste.

Nacho Gonzalo

 

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