In Memoriam: Sebastián Lelio, el talento de mirar a sus personajes

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Querido primo Teo: 

La noticia del fallecimiento de Sebastián Lelio, a los 52 años, nos ha dejado en shock. Su familia ha confirmado que el director chileno, ganador del Oscar por "Una mujer fantástica" (2017), falleció en su domicilio de Las Condes, en Santiago de Chile, por motivos de salud, sin ofrecer más detalles. Su trayectoria lo había situado entre los nombres más destacados del cine latinoamericano contemporáneo. A lo largo de su filmografía, y sin necesidad de grandes declaraciones, supo encontrar en los conflictos íntimos de sus personajes una manera de abordar cuestiones mucho más amplias: la identidad, el deseo, la libertad y las dificultades de quienes intentan vivir al margen de las convenciones sociales. Un cineasta que fue máximo exponente de la nueva ola del cine chileno y que siempre consideró que el cine se movía en un universo en el que tanto lo soñado como lo real es posible.

Nacido el 8 de marzo de 1974 en Mendoza (Argentina), Lelio tuvo una infancia marcada por los desplazamientos. Hijo de padre argentino y madre chilena, se trasladó con apenas dos años a Chile junto a su madre, tras la separación de sus padres. Sin embargo, su infancia distó de ser sedentaria: vivió en distintas ciudades y pasó incluso una temporada en Estados Unidos. Hasta los 21 años apenas permaneció más de dos o tres años en un mismo lugar.

A los doce llegó a Cholguán, un pequeño pueblo maderero del sur de Chile que él mismo llegaría a comparar con el universo inquietante de "Twin Peaks". Allí descubrió las diferencias sociales de un entorno dividido entre el barrio de los ejecutivos y el de los trabajadores, separados por una barrera de pinos. Una experiencia que recordaría años después como parte de su educación sentimental.

También su propia identidad estuvo ligada a una historia de separaciones y reencuentros. Durante parte de su vida llevó el apellido Campos, el de su padrastro, hasta que decidió recuperar el de su padre biológico, Lelio, con quien había vuelto a entrar en contacto siendo adulto. Antes de decantarse por el cine se interesó por la poesía y la literatura, con autores como Vicente Huidobro, Nicanor Parra y Enrique Lihn entre sus referencias.

Comenzó estudiando Periodismo, pero pronto tuvo claro que su camino estaba en otra parte. En 1994 ingresó en la Universidad ARCIS y posteriormente continuó su formación cinematográfica. Sus primeros cortometrajes, "Música de cámara" y "Cuatro", ambos de 1996, anticipaban ya su interés por explorar la psicología de los personajes y buscar formas narrativas alejadas de las convencionalidades.

Alcanzó el reconocimiento internacional con "Gloria" (2013), una película protagonizada por Paulina García que seguía a una mujer de mediana edad empeñada en disfrutar de la vida, enamorarse y no renunciar a sí misma, la intérprete se llevaría un incontestable Oso de Plata a la mejor actriz en el Festival de Berlín. Uno de esos papeles que definen a una actriz y que supone un punto de inflexión definitivo para cualquier carrera.

 

Era una película que ya contenía algunas de las mejores virtudes de su cine: la atención a los pequeños gestos, la naturalidad de los diálogos y una extraordinaria capacidad para acompañar a sus personajes sin juzgarlos. Un relato de empoderamiento sin necesidad de soflamas y lleno de autenticidad, honestidad y deseos de libertad. Fue la ganadora de los premios Platino 2014.

La consagración llegó con “Una mujer fantástica” (2017), protagonizada por Daniela Vega, cinta que inauguraría la sección Horizontes Latinos del Festival de San Sebastián 2017. El relato de Marina, una mujer transexual que debe enfrentarse a los prejuicios y la hostilidad de quienes la rodean tras la muerte de su pareja, consiguió el Oscar 2018 a la mejor película de habla no inglesa, ganando también el premio al mejor guión en el Festival de Berlín, el Goya 2018 a la mejor película iberoamericana y triunfando en los premios Platino 2018.

Fue un reconocimiento histórico para el cine chileno, pero también la confirmación de un director que sabía abordar cuestiones sociales desde la experiencia concreta de sus protagonistas. Lelio no necesitaba convertir a sus personajes en portavoces de una causa: le bastaba con observarlos, escucharles y dejar que sus conflictos hablaran por sí mismos.

Esa sensibilidad encontró también una interesante expresión en su salto al cine anglosajón. En "Disobedience" (2017), con unas espléndidas Rachel Weisz y Rachel McAdams, dirigió a dos actrices en una historia de deseo, culpa y represión dentro de una comunidad judía ortodoxa londinense.

La película, que se vio por primera vez en el Festival de Toronto 2017, encontraba su mayor fuerza en aquello que apenas se decía, en las miradas y los silencios, en la tensión entre lo que sus protagonistas sentían y lo que se esperaba de ellas. Lelio demostraba que su mirada podía trasladarse a otro contexto cultural sin perder personalidad.

También dirigió a Julianne Moore en "Gloria Bell" (2018), nueva versión estadounidense de su propia película que se estrenó en el Festival de Toronto, y a Florence Pugh en "El prodigio" (2022), un drama de época que volvía a situar a una mujer frente a las imposiciones de su entorno y que pasó por Toronto, Telluride y por la competición del Festival de San Sebastián consiguiendo 12 nominaciones en los BIFA del cine independiente británico. En todos estos trabajos sobresalía su talento como director de intérpretes.

Lelio sabía encontrar el tono adecuado para cada actuación, crear espacios de intimidad y extraer de sus actores, especialmente de las mujeres, una mezcla de vulnerabilidad, determinación y contradicciones que hacía creíbles a sus personajes. No era un director interesado únicamente en conducir una historia hacia su desenlace, sino en detenerse en las personas que la habitaban.

Su última película, “La ola” (2025), la cual pudo verse en la sección Cannes Première del Festival de Cannes, supuso un nuevo giro formal. Inspirada en las movilizaciones feministas universitarias que sacudieron Chile en 2018, se adentraba en el terreno del musical para abordar el abuso, las reivindicaciones de las mujeres y las tensiones de un movimiento colectivo. Una apuesta ambiciosa y poco convencional que confirmaba su interés por explorar nuevos lenguajes sin abandonar las preocupaciones que habían atravesado su carrera.

Lelio estaba trabajando precisamente en una nueva película cuando le sorprendió la muerte. Había comenzado en septiembre el rodaje de “Poeta chileno”, adaptación de la novela homónima de Alejandro Zambra, publicada en 2020. La historia gira alrededor de la relación entre un padrastro y su hijastro, con la poesía y el particular ambiente literario de Santiago como telón de fondo. El proyecto, producido nuevamente por los hermanos Larraín con participación de Amazon MGM Studios y socios internacionales, contaba con Felipe Zepeda y Clemente Rodríguez entre sus protagonistas. Por ahora no se ha comunicado qué sucederá con la producción, que queda como el último trabajo en el que estaba inmerso el cineasta.

Su cine transitó por distintas geografías y registros, pero mantuvo siempre una mirada atenta a quienes buscan su lugar en el mundo. Su principal virtud estuvo quizá en esa capacidad para contar historias íntimas sin perder de vista su dimensión social, y en su talento para extraer de los intérpretes actuaciones llenas de matices. Sebastián Lelio tenía todavía mucho cine por hacer.

Mary Carmen Rodríguez

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