Cine en serie: "El juego del asesino", o la sospecha viviendo enfrente

Cine en serie: "El juego del asesino", o la sospecha viviendo enfrente

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Querido Teo:

La frase que pone en marcha "El juego del asesino" podría parecer una despedida corriente, una de esas fórmulas que se dicen al salir de una tienda o al despedirse de un maître en un restaurante conocido. "Hasta otra". En inglés, "Catch you later". Pero para Huw Miller, 55 años, detective recién jubilado y hombre que lleva tres años durmiendo mal por un caso que le venció, esas palabras no son una cortesía. Son una llave. Abren una habitación cerrada dentro de su cabeza, una habitación llena de víctimas, errores, expedientes y culpa. Y, desde ese instante, nosotros entramos con él, aunque ya sepamos que en las habitaciones de las casas tranquilas las cortinas no deberían moverse tanto.

Jason Watkins interpreta a Huw Miller, antiguo policía marcado por un asesino en serie conocido como el acosador de Ripton. Una referencia muy clara para situarlo es que fue el primer ministro Harold Wilson en "The crown" (2019). Robson Green, muy recordado por "Grantchester" (2014-2026), da vida a Patrick Harbottle, el vecino nuevo, amable, excesivo, resbaladizo, capaz de convertir una visita cordial en un interrogatorio sin uniforme. Sunetra Sarker, rostro muy conocido para el público británico por "Casualty" (2007-2024) y por "Ackley Bridge" (2017-2022), interpreta a Alice, la mujer de Huw, atrapada entre la lealtad, el cansancio y la sospecha de que el pasado de su marido ha colonizado el presente.

El planteamiento tiene algo de mecanismo antiguo y eficaz. Un hombre cree reconocer al monstruo que se le escapó. El monstruo, si lo es, vive ahora frente a su casa. Entre los dos empieza una partida de ajedrez psicológico que se juega en portales, jardines, habitaciones domésticas y frases de vecindario.

Jason Watkins explicó que "la dinámica del gato y el ratón es muy buena". Robson Green fue un poco más allá al definir el centro de la serie: "Es un juego en el que estos dos hombres casi se acosan mutuamente". Esa es la clave. El juego no consiste solo en saber si Patrick es culpable, sino en preguntarnos durante cuánto tiempo puede mirar alguien fijamente a otro sin empezar a deformarse por dentro.

Un detalle interesante está en que la serie convierte la jubilación en un territorio peligroso. Huw ya no tiene placa policial válida, equipo, rutina ni autoridad institucional. Pero tiene memoria, intuición y sensación de fracaso. Y eso, en una historia así, puede ser una brújula o una enfermedad. Watkins lo concretó al comentar la escritura de Tom Grieves: "La buena escritura consiste en poner juntos elementos inflamables".

En el caso de Huw, añadía, esos elementos son el retiro, una carrera policial respetable y "un asunto sin resolver" que él vive como una derrota. El resultado es un protagonista incómodo, porque nos obliga a acompañarlo incluso cuando empieza a parecer menos fiable que sus propias pistas.

La serie no está basada en un caso real concreto. Ripton es una localidad ficticia y el acosador de Ripton pertenece al mundo dramático creado por Tom Grieves. Aun así, la ficción toca una realidad reconocible. El acoso no es solo una figura de thriller.

En Inglaterra y Gales existe desde 2019 la figura de las Stalking Protection Orders, órdenes civiles que puede solicitar la policía incluso sin condena previa para imponer restricciones a una persona sospechosa de acoso. Eso contextualiza bien una serie que trabaja con una pregunta: qué hacemos cuando todavía no se ha producido una prueba concluyente, pero el miedo ya ha empezado a organizar la vida de una víctima o de quien investiga.

El rodaje tiene una curiosidad reveladora. "El juego del asesino" está ambientada en una ciudad ficticia del norte de Inglaterra, pero se rodó en el País Vasco, sobre todo en Bilbao y Vitoria. Lo que la serie nos ofrece como urbanización británica, con casas ordenadas, calles limpias y sensación de normalidad vigilada, fue fabricado con localizaciones vascas y con un trabajo de arte destinado a borrar la evidencia geográfica. Avenidas modernas, viviendas de líneas limpias, fachadas frías, una arquitectura con suficiente neutralidad como para pasar por suburbio británico y con suficiente dureza como para sostener el suspense.

Jason Watkins contó que habían encontrado "una localización que podía funcionar como una urbanización suburbana moderna" y que el equipo de arte trabajó mucho para que pareciera británica. Añadió, con humor, que el lugar era increíble y que la comida era extraordinaria. Robson Green recordó incluso que Watkins pronunció un discurso de despedida en euskera durante la fiesta final del rodaje y que "hizo reír cada dos minutos".

Ese rodaje fuera del Reino Unido también habla de la televisión británica actual. Mike Benson, responsable de la productora, ha explicado que en este nivel de presupuesto el asunto depende del apetito por el riesgo, porque siempre existe la posibilidad de pasarse de coste. También dijo que le gustaría rodar las series donde están ambientadas, pero que el modelo de Channel 5 obliga a hacer funcionar presupuestos ajustados.

Esa frase ayuda a entender por qué "El juego del asesino" tiene una apariencia contenida, sin despliegue aparatoso, y por qué apuesta tanto por el duelo interpretativo. Cuando no puedes comprar espectáculo, tienes que comprar tensión. Y aquí la tensión está en dos hombres hablando demasiado cerca.

La dirección de Toby Frow, asociado a series como "Crimen en el paraíso" (2021-2022), se apoya en esa geometría del recelo sobre un tablero doméstico: una casa enfrente de otra, ventanas que funcionan como mirillas, encuentros casuales que parecen preparados, silencios familiares que pesan más que una persecución.

Hay un placer añadido para el espectador británico, y conviene traducirlo para nosotros. Watkins y Green ya habían coincidido muchos años antes en "Soldier soldier" (1991-1997) y luego se enfrentaron en "Being human" (2008-2013), donde Green interpretaba a un hombre lobo y Watkins a un vampiro. Green resumió ese regreso compartido con una frase bonita: "Tom Grieves, que escribió este guion, formaba parte del equipo de Being human. Así que esto es como cerrar un círculo".

No es un dato de nostalgia menor. "El juego del asesino" funciona mejor si entendemos que sus dos protagonistas llegan con oficio, memoria televisiva y una química capaz de sostener escenas en las que aparentemente se habla de una nimiedad y, en realidad, se está midiendo una amenaza.

Robson Green dijo antes del estreno que estaba "entusiasmado" por volver a trabajar con Jason Watkins y que el aspecto psicológico del thriller prometía "un viaje apasionante". Watkins, por su parte, habló de "un guion complejo y fascinante". Son declaraciones de promoción, claro, pero en este caso describen bastante bien el atractivo de la propuesta. La serie no reinventa el género, pero sabe dónde tiene la fuerza: en la duda, en la culpa y en la posibilidad de que una obsesión acierte por los motivos equivocados.

Queremos que Huw tenga razón porque una parte de nosotros necesita que el pasado cierre su expediente, pero también tememos que tenga razón porque eso significaría que el mal puede mudarse enfrente, presentarse con sonrisa de vecino y decir "buenas noches" con una frase aprendida de sus propias víctimas. En cuatro capítulos, la serie nos propone una partida breve y seca. Se juega cerca de casa. Por eso interesa más.

Vídeo

"El juego del asesino" puede verse en España en Filmin

Carlos López-Tapia

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