Cine en serie: "Manhunt", la investigación que no necesita un detective brillante

Cine en serie: "Manhunt", la investigación que no necesita un detective brillante

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Querido Teo:

Colin Sutton, el detective real interpretado por Martin Clunes, duda, se equivoca, insiste, reparte tareas, espera informes, pelea por recursos y toma decisiones que no tienen nada de espectaculares. Su herramienta principal no es una genialidad súbita, sino la obstinación. Esa elección explica buena parte de la fuerza de una serie británica que, en apenas siete episodios repartidos en dos temporadas, consigue algo cada vez menos frecuente en el llamado "true crime": convertir el procedimiento en drama sin convertir a los criminales en estrellas.

"Manhunt" nació en ITV en 2019 a partir de las memorias y diarios del antiguo detective jefe de la Policía Metropolitana de Londres, Colin Sutton. Martin Clunes, asociado durante años a "Doc Martin" (2004-2019) y a personajes de un registro muy distinto, lo compone aquí como un  policía sin el menor apoyo en peculiaridades excéntricas. Esto hace mejorar la credibilidad de una serie que se presenta sobre el frecuente "Basado en hechos reales".

La primera historia, el primer minuto del primer capítulo, arranca en agosto de 2004 con el asesinato de la estudiante francesa Amélie Delagrange en Twickenham Green. No hay una gran pista forense, un testigo providencial ni una confesión. Sutton empieza a preguntarse si el crimen puede estar relacionado con otros ataques contra mujeres jóvenes. La investigación  conducirá a un sospechoso y conectará con el caso del asesinato de Marsha McDonnell y con otros hechos violentos.

Lo mejor de "Manhunt" está en cómo expone ese trayecto. Una cámara de vigilancia no ofrece una matrícula perfectamente legible ni un rostro que pueda ampliarse hasta el infinito. Ofrece algo mucho menos agradecido: una furgoneta blanca que aparece cerca del lugar y obliga a revisar horas y horas de imágenes y a descartar miles de vehículos. En la investigación real se examinaron unas 2.000 horas de grabaciones. El vehículo no resuelve el crimen; abre una carretera interminable de comprobaciones.

Ese detalle explica también la personalidad de Sutton. El detective insiste en dedicar una parte considerable del equipo al visionado de CCTV cuando ni siquiera sabe qué está buscando. La serie muestra que el trabajo policial suele consistir precisamente en eso: invertir una enorme cantidad de tiempo antes de saber si una pista vale algo.

Martin Clunes hace mucho con muy poco. No necesita convertir a Sutton en un personaje sombrío ni en un policía traumatizado por un secreto privado, recursos que el género ha gastado hasta la extenuación. Camina, escucha, toma notas, pregunta y observa. Su interpretación está construida con la sensación de un hombre que sabe que cada decisión consume horas de trabajo y dinero público.

El propio Sutton, que exigió que la dramatización conservara la autenticidad del procedimiento, consideró que la serie se acercaba mucho a lo sucedido. Esa proximidad es visible en los centros de mando, las reuniones y, sobre todo, en la ausencia de heroísmo fabricado.

La segunda temporada cambia el caso sin cambiar el método. "The night stalker" se sitúa en 2009, cuando Sutton recibe el encargo de revisar la Operación Minstead, una investigación que llevaba más de una década intentando identificar a un ladrón y violador en serie que atacaba principalmente a personas mayores en el sureste de Londres. El agresor había comenzado su actividad conocida en los años noventa y su persistencia convirtió el caso en una de esas investigaciones en las que la acumulación de información puede acabar ocultando tanto como revela.

Aquí "Manhunt" introduce que disponer de ADN no significa necesariamente disponer de un sospechoso. La investigación tenía un perfil genético del delincuente, pero durante años no consiguió emparejarlo con una persona concreta. Sutton cuestiona que toda la estrategia dependa de encontrar esa coincidencia y propone concentrar recursos de vigilancia en una zona determinada, esperando que el agresor vuelva a actuar. Es una idea inquietante porque acepta una realidad desagradable: a veces la policía no puede adelantarse al delincuente y solo puede construir una red lo bastante estrecha para que, cuando reaparezca, deje de escapar.

La serie vuelve a negarse a mostrar los delitos como espectáculo. El centro está en las víctimas, en el miedo que se extiende por una comunidad envejecida y en un grupo de investigadores que intenta corregir los errores de una operación larguísima. No hay una competición de inteligencia entre un asesino brillante y un detective brillante. Hay un delincuente metódico y una policía que necesita ser todavía más metódica.

La furgoneta blanca de la primera temporada permite medir cuánto ha cambiado la investigación criminal en poco más de veinte años. En 2004, localizar un vehículo en una grabación podía significar enfrentarse a decenas de miles de candidatos parecidos. Hoy un automóvil moderno puede convertirse, si es intervenido legalmente y examinado por especialistas, en una fuente digital de pruebas muy distinta.

No existe una única "caja negra" que lo sepa todo. Los datos están repartidos entre varios sistemas y dependen mucho de la marca, el modelo, el año y la configuración. El registrador de datos de eventos, conocido como EDR, puede conservar, durante unos segundos anteriores, durante y posteriores a un accidente, información como velocidad, frenado, acelerador, uso del cinturón, despliegue de airbags o variaciones de velocidad. Es muy útil para reconstruir una colisión, pero no debe confundirse con un rastreador permanente de movimientos.

El sistema de infoentretenimiento puede ser todavía más revelador. En determinados vehículos quedan registros de teléfonos emparejados por Bluetooth, momentos de conexión y desconexión, contactos sincronizados, llamadas, mensajes en algunos sistemas, destinos recientes, rutas o posiciones GPS, órdenes de voz y actividad multimedia.

Estudios forenses recientes han recuperado incluso registros de arranque y parada del motor, apertura de puertas, cinturones y conexiones Bluetooth. La información disponible cambia enormemente entre vehículos y parte de ella puede borrarse, sobrescribirse o encontrarse únicamente en servicios remotos del fabricante.

A eso se suma la telemática. Un coche conectado puede comunicarse con servidores externos para prestar servicios de navegación, asistencia, diagnóstico, apertura remota o llamada automática en caso de accidente. Con las correspondientes garantías legales, esos registros pueden ayudar a establecer una cronología: dónde estaba un vehículo, cuándo se conectó un teléfono, cuándo se puso en marcha o qué operación remota se realizó. En otros casos habrá cámaras integradas o una "dashcam" que aporten imágenes independientes.

Por eso, una investigación equivalente a la de "Manhunt" realizada hoy no tendría necesariamente que limitarse a preguntar de quién era una furgoneta blanca y dónde podía estar.

Una vez identificado y recuperado el vehículo sospechoso, el análisis podría buscar una constelación de rastros digitales que, combinados con cámaras urbanas, matrículas, teléfonos y otros indicios, permitieran reconstruir movimientos con una precisión impensable en 2004. Pero tampoco sería magia. La informática forense necesita preservar la integridad de los datos, documentar cómo se extraen y demostrar que pertenecen realmente al vehículo, al dispositivo y al momento investigado.

Ese contraste favorece todavía más a "Manhunt". La serie pertenece a un momento policial en el que las cámaras ya eran decisivas, pero el automóvil aún no era el enorme dispositivo informático sobre ruedas en que se ha convertido. Sutton y su equipo trabajan en una zona de transición: suficientemente moderna para producir cantidades inmensas de información y todavía demasiado analógica para que esa información se ordene sola.

Tal vez por eso "Manhunt" resulta más absorbente que muchos thrillers que inventan pistas extraordinarias. Sus verdaderos golpes de efecto son una matrícula descartada, una llamada que por fin encaja, una cámara revisada por segunda vez o una decisión administrativa que permite poner más policías en la calle. El suspense nace de saber que la respuesta está escondida en alguna parte y de contemplar a un grupo de personas intentando encontrarla sin saber todavía qué aspecto tiene.

En el "true crime" televisivo abundan las reconstrucciones que terminan fascinadas por el criminal. "Manhunt" adopta otra dirección. Su protagonista es el trabajo. Y Martin Clunes comprende perfectamente que para interpretarlo no necesita parecer un héroe. Le basta con parecer un policía que, cuando todos los caminos empiezan a cerrarse, decide revisar uno más.

Vídeo

"Manhunt" puede verse en España en Amazon Prime

Carlos López-Tapia

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