Hollywood canalla: Cary Grant y Randolph Scott, camaradas con derecho a roce

Hollywood canalla: Cary Grant y Randolph Scott, camaradas con derecho a roce

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Querido primo Teo:

“Todo el mundo quiere ser Cary Grant. Incluso yo quiero ser Cary Grant. He pasado la mayor parte de mi vida fluctuando entre Archie Leach y Cary Grant; sin estar seguro de ninguno, desconfiando de ambos. Fingí ser alguien que deseaba ser, hasta que finalmente me convertí en esa persona. O él se convirtió en mí”.

Archie Leach, aquel joven muy humilde de Bristol que llegó a los Estados Unidos formando parte de una compañía de vodeviles, se convirtió en mucho más que una estrella de cine, en un auténtico icono del séptimo arte. El Hollywood en el que vivió Cary Grant no tiene nada que ver con el de hoy. Él se retiró de la interpretación con “Apartamento para tres” estrenada en 1966 (consciente de que a pesar de que su popularidad seguía intacta su imagen ya marchitaba) y desde entonces mucho ha llovido. La industria y las estrellas han ido evolucionando conforme lo ha ido haciendo el mundo y han cambiado los hábitos de consumo pero Grant sigue siendo imperecedero, ajeno a los bandazos del resto. De hecho aunque el actual concepto de estrellato sea tan difuso se continúa buscando a alguien que se le pueda parecer y cualquiera que pretenda emular su estilo se expone a ser considerado viejuno. Detrás de uno de los reyes de la comedia, de uno de los actores fetiche de Alfred Hitchcock y de uno de los tipos más elegantes que han podido verse en la gran pantalla se esconde un revolucionario ya que fue el primero en ir por libre en un sistema dominado por los Estudios, algo que nunca le perdonó la industria, y también alguien extremadamente inseguro, traumatizado, que buscaba constantemente la felicidad y que solamente en el período final de su vida logró aceptarse. 

Archibald Alexander Leach nació en un suburbio del norte de Bristol en Enero de 1904. Sus padres eran muy humildes pero no tardó en comprender que siempre es mejor poseer un solo par de zapatos pero de buena calidad que tener tres mucho más corrientes y que se van a estropear antes. Ya adentrado en el mundo del espectáculo Archie Leach se caracterizó por el cultivo de su imagen y buenas maneras. Se obsesionó con la higiene personal, el peso, el bronceado especialmente elevado, los trajes buenos (muchas veces aceptaba los guiones según el vestuario y por cláusula contractual tenía el derecho de quedarse con la ropa que había que estar confeccionada a medida) y la adquisición de modales refinados. El personaje de Cary Grant comenzó a gestarse cuando era un aspirante a actor en Nueva York y no podía ganarse la vida así que, ayudándose de su físico, comenzó a obtener dinero extra actuando como chico de compañía de acaudaladas señoras, llegándose a rumorear que no tardó mucho tiempo en convertirse en uno de los gigolós más cotizados de la gran manzana y que una de sus jefas fue Mae West que presuntamente tenía una agencia de acompañantes. Leach actuó como esponja empapándose de lo que veía en la élite social.

Cary Grant se diferenciaba de su generación de actores por su talento natural pero él consideraba que era un instrumento en manos de una historia y que lejos de un director como Alfred Hitchcock, Leo McCarey o George Cukor, un buen guión, una magnífica compañera de reparto como Deborah Kerr, Katharine Hepburn, Irene Dunne, Ingrid Bergman o Grace Kelly, una gran dirección de fotografía o un exquisito guardarropa no había nada. Alguien como él con un estilo inigualable vivió acomplejado toda su vida por sus orígenes humildes y su carencia de formación. Admiró a Charles Chaplin y siendo un chaval le vio en uno de sus números y sintió que él iba a hacer lo mismo. Era un adolescente que iba a la deriva, completamente desamparado y que coqueteaba con la delincuencia para sobrevivir cuando fue rescatado por una compañía de vodevil que le reclutó y que le permitió viajar a los Estados Unidos. Llegó a Hollywood a través de Broadway y firmó un contrato con la Paramount. El Estudio andaba desesperado porque la crisis económica tras el crack del 1929 le estaba haciendo perder mucho dinero y se había quedado sin una gran estrella como Rodolfo Valentino, fallecido en el esplendor de su carrera en el año 1926, y buscaba a alguien barato porque Gary Cooper ya se había instalado en la liga de las superestrellas gracias al éxito de “Marruecos”. Grant no podía soportar a Cooper, le envidiaba su estatus en la industria, por quedarse con los mejores papeles y dejarle con las sobras y por supuesto sus orígenes acomodados y su formación universitaria. 

El pequeño Archie creció sin conocer el cariño. Su padre, Elias Leach, era el planchador de una fábrica textil con antiguas ambiciones de dedicarse al mundo del espectáculo que le abandonó porque estaba más preocupado en vivir bien y en montarse una familia paralela y su madre, Elsie Maria Kingdon, era una mujer de profundas convicciones victorianas que arrastró severos problemas de depresión, aunque hoy en día muchos de ellos habrían sido identificados como desajustes hormonales, y tuvo que soportar la muerte de su primogénito de meningitis cuatro años antes del nacimiento de Archie. A la edad de 10 años vivió el hecho que le marcó de por vida. Su madre desapareció y le hicieron creer que había muerto de un infarto. Años después, cuando Grant ya se había convertido en una estrella de cine, su padre le confesó que su madre estaba internada en un psiquiátrico. Grant jamás pudo perdonar a su padre por hacer creer a todos que se había quedado viudo para poder formalizar su relación con otra mujer. 

Cary Grant se casó en cinco ocasiones, con Virginia Cherrill, Barbara Hutton, Betsy Drake, Dyan Cannon (la única que le dio descendencia) y Barbara Harris. Con su última esposa, que era la relaciones públicas de un hotel británico y a la que doblaba la edad, halló la estabilidad emocional que tanto anheló durante toda su vida. Grant cultivó durante décadas su imagen de seductor pero en su faceta personal no lo fue, de hecho su gran amigo Howard Hughes siempre le utilizó como reclamo para atraer mujeres porque sabía que no se iría con ninguna a la cama. Grant buscaba en su compañera de viaje a alguien que le recordara a su madre, solía sentirse atraído por las mujeres que se podían asemejar a ella tanto a nivel físico como emocional y, con el paso de los años, se dio cuenta de que eso no era lo que necesitaba. Recuperó la relación con su madre cuando él ya superaba la treintena y pudo disfrutar de las últimas tres décadas de vida de Elsie pero con la carrera de una estrella y viviendo en países diferentes fue mucho menos de lo que realmente se quería. Un patrón que se repitió en su comportamiento con todas sus mujeres, menos en la última, era que Grant era muy posesivo, celoso e incluso violento. 

Aunque sus mujeres y su hija han tratado de asegurar la heterosexualidad de Cary Grant los rumores sobre su orientación sexual ya circulaban en el viejo Hollywood y los Estudios. Se enamoró como un colegial de Ginger Rogers y también de Irene Dunne pero lo suyo con ellas no pasó de la atracción platónica y sobre todo de la admiración. Cuando llevaba muy poco tiempo en Hollywood y su carrera cinematográfica iba dando sus primeros pasos apenas se conocía nada de su vida sentimental, eso fue un caldo de cultivo para especular con sus preferencias sexuales y contribuyeron notablemente los comentarios realizados por Carole Lombard, Marlene Dietrich y Tallulah Bankhead (las dos últimas unas reconocidas integrantes del "club de costura" de la comunidad de Tinseltown) sobre la incapacidad del protagonista de “Con la muerte en los talones” de insinuarse con una mujer. Siendo aún un absoluto desconocido que trataba de hacerse un hueco en Broadway, Archie Leach comenzó a compartir piso con otro aspirante a artista llamado George Orry-Kelly que luego terminó convirtiéndose en un afamado diseñador de vestuario que ganó en tres ocasiones el Oscar por "Un americano en París", "Las girls" y "Con faldas y a lo loco". La relación entre ambos fue tempestuosa, con peleas públicas incluidas, y finalizó cuando los dos se trasladaron a Hollywood. Grant que siempre jugó al despiste e incluso a adornar su propia historia jamás hizo mención a George Orry-Kelly. 

La más notoria de las relaciones de Grant, incluidas las mantenidas con cualquiera de sus esposas en donde se encontraba la multimillonaria Barbara Hutton, la tuvo con el también actor Randolph Scott. Si Cary Grant procedía de los suburbios de Bristol, Randolph Scott era un niño sureño perteneciente a una adinerada familia, su padre era industrial del sector textil, y había estudiado ingeniería. Llegó a Hollywood con los 30 años cumplidos, lo que le convertía en alguien demasiado mayor para hacer carrera, y se convirtió en uno de los protegidos de Howard Hughes, amigo de su familia, que le colocó en la Paramount aunque ahí poco hizo. Se conocieron en el rodaje de “Sábado de juerga”. La atracción entre ambos fue inmediata y enseguida se fueron a vivir juntos. Aquello no resultó sospechoso porque es una práctica habitual compartir una vivienda cuando no se disponen de medios para hacerse con una propia y ni Grant y mucho menos Scott eran unas estrellas. 

El problema para los dos llegó cuando no disimulaban ante los miembros de la industria su condición de pareja. Protagonizaban sesiones fotográficas y daban detalles a la prensa sobre su vida en común, no se cortaban nada a la hora de mostrarse su afecto, organizaban fiestas, o acudían disfrazados de mujer a los eventos repartidos por la ciudad (lo de Grant llevando una bata de señora en “La fiera de mi niña” no fue excepcional), aquellas acciones no gustaban nada a la industria y más en un momento en el que se exigía ajustarse a las cláusulas de moralidad impuestas en el Código Hays. Había que jugar al despiste para esquivar cualquier sospecha y el Estudio buscó a aspirantes a luminaria para que sirvieran de complementos de Grant y Scott en reportajes fotográficos y fiestas, afortunadamente para la compañía Cary terminó cayendo rendido ante los encantos de Virginia Cherrill, la florista ciega que enamora a Charlot en “Luces de la ciudad”, a la que conoció en el estreno de “La Venus rubia” y considerada, además de una belleza con unos impresionantes ojos azules, una cazafortunas en la ciudad.  

“Obviamente éramos tres en nuestra relación”. Esas palabras las pronunció Lady Di en una célebre entrevista pero también son aplicables para hablar de la fugaz historia entre Cary Grant y Virginia Cherrill. Randolph Scott la odiaba, por motivos obvios, y aquello evidentemente era mutuo ya que él era la carabina que siempre estaba presente. Lo curioso era la actitud de Grant ya que se comportaba como un celoso patológico con su novia, sospechaba de cualquiera que se fijara en ella, pero al mismo tiempo era capaz de mostrar un absoluto desinterés por ella algo que se evidenció tras su boda, siendo un patrón que se repitió en sus matrimonios.

Randolph Scott nunca llegó a ser una estrella de "clase A" pero el dinero nunca le faltó, no solamente por proceder de una rica familia sino porque tenía buen olfato para los negocios; al igual que Concha Piquer (una de las pocas folclóricas a las que no vieron nunca en una casa de empeños) se fijó en el uranio y también hizo inversiones fuera de los Estados Unidos. Scott le regaló a Cary Grant una preciosa casa en la playa que había pertenecido a una antigua estrella del cine mudo llamada Norma Talmadge. Era un tipo muy listo y, aunque el casoplón era para Cary, la puso a nombre de ambos con la condición de que si uno de los dos se casaba el otro tenía el derecho de comprar la otra mitad. Esa fue una manera de presionar a Grant para que se mantuviera soltero. Randolph Scott se casó en dos ocasiones, con la adinerada criadora de caballos Marion duPont (lesbiana armarizada) y con la actriz Patricia Stillman y se le atribuyó un romance con Dorothy Lamour aunque ella admitió con posterioridad que todo fue una maniobra publicitaria.

El tándem formado por Cary Grant y Randolph Scott comenzó a resentirse en el momento en el que Hollywood empezó a presionarles para que dejaran de ser un par de colegas con derecho a roce, más que el encuentro entre dos almas gemelas la naturaleza de su relación se parecía más a la de dos compañeros de habitación en el campus que de manera mutua se desahogaban sexualmente. Las mujeres y el asentamiento de sus carreras, especialmente la de Grant que logró convertirse en una estrella cuando rompió con la Paramount y voló en solitario, siendo un caso único en la industria en aquel entonces, hicieron que la camaradería y complicidad entre ambos pasase a un segundo plano. Pero el golpe definitivo entre los dos vino por los negocios.

Cary Grant era conocido por su tacañería, algo que no dejaba de ser normal en alguien que llegó a vivir en la miseria durante la primera parte de su vida. Cuidó cada dólar que ganó, logró independizarse de los Estudios para controlar al máximo su carrera y su divorcio de Virginia Cherrill le dejó especialmente tocado a nivel económico así que miraba con lupa dónde colocaba su dinero.

Cuando logró acumular su primer millón de dólares quiso que alguien experto en negocios le aconsejara. Siendo Howard Hughes muy amigo suyo le convertía en una opción idónea para eso pero el multimillonario también era conocido por perder muchísimo en sus inversiones que en alguien como él era calderilla pero en el resto de la población era irreparable. Así que su elección fue Randolph Scott cuya fortuna había crecido como la espuma gracias a sus negocios extracinematográficos. Él animó a Grant a recurrir a los bonos y valores en el extranjero, esquivando a los recaudadores de impuestos usamericanos, y siguiendo su consejo el protagonista de “La fiera de mi niña” invirtió medio millón de dólares en unos bonos emitidos en Filipinas. Lo que Grant no se podía imaginar fue que en 1939 sería investigado por participar en un fraude valorado en un millón de dólares mediante bonos emitidos en el país asiático. El cabecilla de la trama de inversiones fue William P. Buckner Jr., casado con la actriz Loretta Young, que se dedicaba a blanquear dinero y que se aprovechó de sus contactos en la industria para reclutar a algunos de sus miembros, entre ellos Bing Crosby, todos negaron conocerle. Grant se vio tan desbordado por la situación y tan perdido que quedó claro que fue una víctima de su inexperiencia, ni a él ni a Scott se les volvió a citar en relación con la investigación. Cary Grant no perdonó a Randolph Scott por este episodio y por la humillación pública a la que fue sometido. De esa manera saltó por los aires una de las parejas que más quebraderos de cabeza dio a la siempre pacífica comunidad de Tinseltown.  

Mary Carmen Rodríguez 

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