Recordando clásicos: Jacques Demy y su fabuloso universo encantado

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Querido primo Teo:

”Intenté luchar contra la creencia de que los musicales no podían hacerse en Francia. West Side Story y muchos musicales de Stanley Donen han funcionado bien en territorio francés y eran increíbles. No se han hecho muchos musicales en Francia, pero cuando lo hemos intentado como con Let’s go to Deauville o Let’s go to Montecarlo, hemos creado una atmósfera de ensueño, estaban llenas de luminosidad y encanto”.  (Jacques Demy)

Jacques Demy procedía de Nantes (Francia), era de origen humilde (padre mecánico y madre peluquera), fue un cinéfilo precoz como tantos otros legendarios cineastas… ”Las películas fueron mi único amor. Empecé a ver cine a los 9 años, principalmente eran películas de Chaplin. Compré mi primera cámara con 13 años. Por consejo de mi padre, estudié carpintería, calderería y electricidad en una escuela vocacional. Quería irme de casa y hacer películas”, relataría el propio realizador. Era un apasionado del arte, desde la pintura, el cine y el teatro hasta los espectáculos de marionetas o títeres. Fue un niño creativo (dibujando, creando sus propias marionetas, etc…), despierto y soñador. Tuvo una infancia generalmente feliz (su familia era aficionada al cine y a la música), hasta el estallido de la II Guerra Mundial y la posterior ocupación alemana. ”No tengo casi recuerdos duros, hasta los 12 años, con la guerra. Hubo un bombardeo en Nantes el 7 de Septiembre de 1943, fue una experiencia horrible. Y cuando tienes recuerdos como esos, y tengo una memoria muy vivida, desde ese momento nada importaba ya. Después de algo tan horrible como aquello, tienes el sentimiento de que nada peor puede ocurrir jamás. Y es, a partir de ahí, cuando empiezas a crear un mundo de fantasía”.

”Para Jacques, la infancia era un tesoro. Y la suya, una fuente de inspiración constante para sus películas”. (Agnès Varda)

ClasicosJacquesDemyLasseñoritasdeRochefort

Jacques Demy fue junto a François Truffaut uno de los mayores románticos surgidos de la Nouvelle Vague (el estilo de Demy era también generalmente clásico, melancólico y sentimental, se alejaba bastante de la tendencia innovadora predominante del famoso movimiento artístico francés, que abogada, principalmente, por la experimentación formal, la crítica social y la agitación política a la hora de hacer y entender el cine). Los cineastas de la nueva ola francesa estaban fuertemente influenciados por el neorrealismo italiano y el cine de la era dorada de Hollywood. Demy, aunque también bebía del cine americano (de los grandes clásicos musicales USA especialmente), iba a contracorriente en esta corriente artística renovadora gala, con su magnífico universo encantado, colorido y poderosamente romántico. Las obras del guionista y director Jacques Demy desprenden una belleza, sensibilidad, encanto y delicadeza que cautivan. Dentro de las características esenciales de la obra de Demy (el marcado tono naif, el mundo colorista y los diálogos cantados), ”La bahía de los ángeles” es la otra cara de la moneda, posiblemente la cinta más decadente, sobria y desgarrada de su filmografía, siendo la favorita de su hijo, el actor Matthieu Demy (único vástago biológico de su duradero matrimonio con Agnès Varda). En ella se cuenta la historia de una mujer cada vez más a la deriva debido a su ludopatía, encarnada de manera soberbia por la gran y mítica Jeanne Moreau.

ClasicosJacquesDemyLabahiadelosangeles

Demy es descrito como una persona muy humana, cariñosa y amable, pero también perfeccionista y exigente en los rodajes, tenía fama de dejar poco margen a la improvisación actoral, manteniendo todo bien atado desde el principio. Demostró una maestría genial para los musicales (ganó una Palma de Oro por la maravillosa ”Los paraguas de Cherburgo”, sin duda, su obra cumbre), introduciendo exquisitos diálogos cantados que servían a la perfección para enfatizar los sentimientos de los personajes, otorgándoles una mayor resonancia y autenticidad. Su compositor habitual, Michel Legrand, componía partituras deliciosas y mágicas, que remarcaban todavía más el carácter ensoñador y nostálgico de sus películas y las engrandecía de manera muy notable. ”Trabajaban bien juntos. Cuando Michel encontraba una buena melodía, Jacques nos llamaba para escucharla. Y decía ‘Ahora viene el tercer pañuelo’. Realmente querían conseguir que el público llorara”. (Agnès Varda).

Realmente considero que es un director no lo bastante explorado por el público cinéfilo, al margen de su éxito más internacional (”Los paraguas de Cherburgo”). Posee en su filmografía grandes joyas ocultas como ”Las señoritas de Rochefort”, ”La bahía de los ángeles”, ”Estudio de modelos” o ”Una habitación en la ciudad” y películas, aunque menores, interesantes como ”Lola” o ”Piel de asno”.

Gracias a la genial acogida internacional de ”Los paraguas de Cherburgo”, Jacques Demy empezó a soñar con Hollywood, rodando su primera película en USA, la es que considerada como la segunda parte de ”Lola”, ”Estudio de modelos”. Para el papel protagonista masculino principal, su elección personal era el semidesconocido por aquella época Harrison Ford, pero los productores no lo vieron con buenos ojos. Fue, por tanto, una experiencia no demasiado grata a nivel profesional, aunque en lo personal, le permitió probar otro tipo de vida durante dos años, el llamado ”american way of life”.

ClasicosJacquesDemyLosparaguasdeCherburgo

Jacques Demy debutó con ”Lola”, la cual suponía un cariñoso homenaje a Max Ophüls. Concebida como una gran comedia musical, fue definida por el propio realizador como un musical sin canciones. Iba a costar en principio 250 millones de francos, sería filmada en color y en scope, con bailes, canciones y gran vestuario, pero el productor De Beauregard (que lo había conocido mediante su amigo Jean-Luc Godard) le dijo a Demy… ”Mira, es un gran proyecto, pero ”Al final de la escapada” costó 32 millones y si puedes hacer el tuyo por 35, está hecho. Si no es así, no cuentes conmigo”. Con la escasez de recursos económicos para recrear el proyecto, tal como lo había concebido Demy desde sus orígenes, tuvieron que prescindir de canciones, grandes vestuarios y todo lo demás, para finalmente filmarla en blanco y negro, con cinco personajes y un equipo técnico reducido. ”Se rodó en 5 semanas, sin sets, vestuarios o luces”, confesaría el propio cineasta.

Catherine Deneuve fue su musa, es el autor que la convirtió en estrella y uno de los directores que mejor la supo manejar en pantalla (colaboraron en cuatro ocasiones). ”Conocí a Jacques cuando yo era muy joven durante un evento formativo. Fue la persona que más me marcó y eso significa mucho. Muy pocos directores han jugado ese papel crucial en mi carrera. Él fue el primer gran director que conocí”. Deneuve no fue la única gran figura cinematográfica con la que Demy tuvo la oportunidad de trabajar, por sus manos, pasaron gente tan grande como Anouk Aimée, Gene Kelly, Marcello Mastroianni, Jean Marais o Jeanne Moreau, etc…

Su pasión cinéfila nació en un cineclub de Nantes, en el cual aprendió a amar y a estudiar el cine, descubriría allí a muchos cineastas imprescindibles como Dreyer, Bresson, Renoir, Ophüls, Welles o Visconti, etc… Y empezaría a apreciar los grandes musicales americanos que le marcarían e influirían posteriormente. ”Las señoritas de Rochefort” fue su particular versión de los clásicos musicales americanos desde su perspectiva marcadamente francesa.

”En los últimos años escribía recuerdos de su niñez. Y me hablaba mucho de ellos. Las anécdotas accedían a su memoria, nombres aparentemente olvidados o detalles repentinos. Él hablaba de la diminuta cocina, núcleo esencial de la vida familiar. Hablaba sobre todo de su madre, que era quien allí dirigía y organizaba todo. Le gustaba evocar los domingos en que paseaba en familia y las horas pasaban tranquilamente. Había vivido lo que él llamaba una infancia feliz”. (Agnès Varda)

ClasicosJacquesDemyAgnesVarda

Jacques Demy elaboró un cuerpo de trabajo de vocación claramente onírica y liviana (aunque con una memorable carga melancólica inherente, que impregna la mayoría de sus creaciones), era un autor firmemente interesado en hacer soñar, emocionar y entretener al público por encima de todo, su cine sirve como perfecta vía de escape a los problemas cotidianos, más que como un ejercicio de reflexión social o política. Sin duda, es un director anómalo dentro de la cinematografía francesa, pero Jacques Demy es sinónimo de cine de calidad, imaginativo, personal y audaz.

La implicación de Demy con la Nouvelle Vague no está lo suficientemente esclarecida, hay voces contrapuestas. Unos señalan que (aunque sea tangencialmente) parte de su obra sí está asociada a estos revolucionarios cineastas que agitaron los cimientos del cine galo más convencional, y otros, directamente, no lo engloban dentro del grupo más reconocible de autores abanderados de esos aires de cambio (François Truffaut, Jean-Luc Godard, Jacques Rivette, Claude Chabrol y Éric Rohmer). Lo que sí se puede afirmar es que Demy fue un cineasta valiente y fiel a sí mismo que apostó y se especializó en un género como el musical, en un país en el cual (en aquel momento) no había mucha tradición de este estilo de cine tanto amado como despreciado. Los filmes de Jacques Demy rebosan vida, emoción y jovialidad.

Tu prima.
Yuna

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Comentarios

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Jacquot de Nantes de Agnès Varda: una elegía cinematográfica » Al Poniente - 08.11.2019 a las 01:39

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