San Sebastián 2025: El racismo congénito a través de la valla de Claire Denis, la redefinición sexual en la vejez y comedia argentina que enarbola las ganas de vivir
Querido Teo:
El Festival de San Sebastián se embarca en su fin de semana de arranque, el cual siempre permite una mayor afluencia y que se proyecten algunas de las mejores películas de esta edición. Entre ellas los nuevos trabajos de Claire Denis, los Moriarti y la película que ha ejercido de cinta inaugural.
"The fence" (Claire Denis) // Sección Oficial
Un gran proyecto de obras públicas en África Occidental. Horn, el jefe de obra, y Cal, un joven ingeniero, comparten alojamiento tras la doble puerta de sus instalaciones. Leone, la nueva esposa de Horn, llega para reunirse con ellos la misma noche en que un hombre aparece junto a la valla. Su nombre es Alboury. Como un espectro en la oscuridad, exige el cuerpo de su hermano, que murió ese mismo día en la obra. Acosará a los dos hombres durante toda la noche hasta que se lo entreguen, mientras Leone observa cómo el desastre crece ante sus ojos.
Claire Denis aborda una apuesta teatral partiendo de la obra de Bernard-Marie Koltès y con ecos a Tennessee Williams sobre colonialismo en África que deriva en drama sudoroso de personajes torturados con trajes de Saint-Laurent separados por verja de prejuicio, clasismo y amoralidad. Su ambiente malsano y opresivo entre la perdición, el deseo y la venganza acaba convenciendo a pesar de lo abigarrado y rígido en un drama que carbura a ritmo lento y que, en el fondo, habla de temas como la polarización y el racismo congénito en esta historia sobre el drama colonial.
Merece mención aparte el apartado actoral con un espectral Isaach de Bankole al otro lado de la verja reclamando justicia y el cuerpo de un hermano al que quiere dar paz frente a la sinrazón caciquil de un excesivo Matt Dillon sobre el que también rodean su joven mujer (Mia McKenna-Bruce) y un ingeniero marcado por la violencia, la rabia y la lujuria (Tom Blyth). No llega a ser la película más definida ni acertada de Claire Denis pero sí que cala su retrato de personajes dejados de la mano de Dios a nivel geográfico pero también víctimas de sus almas torturadas y recriminadoras.
"Maspalomas" (José Mari Goenaga y Aitor Arregi)
Tras romper con su pareja, Vicente, de 76 años, lleva la vida que le gusta en Maspalomas: su día a día lo pasa tumbado al sol, de fiesta y buscando el placer. Un accidente inesperado le obliga a regresar a San Sebastián y a reencontrarse con su hija, a quien abandonó años atrás. Vicente tendrá que vivir en una residencia donde se verá empujado a volver al armario y a ocultar una parte de sí mismo que creía resuelta. En este nuevo entorno, Vicente deberá preguntarse si aún está a tiempo de reconciliarse con los demás… y consigo mismo.
"Maspalomas" es una película que sobresale por su valentía y sensibilidad al explorar la homosexualidad en la tercera edad, un tema escasamente representado en el cine contemporáneo. Un aspecto destacado es la naturalidad con la que aborda la sexualidad en la tercera edad, más cuando el cine ha solido tratar el descubrimiento y la aceptación en la juventud, tratando el deseo y la identidad sin tabúes ni sensacionalismos partiendo de un inicio en el que vemos a Vicente (un magnífico José Ramón Soroiz) en encuentros de "cruising" o en locales en los que se practica sexo de manera libre.
El contraste entre la festiva exuberancia visual inicial y la austera introspección posterior refleja con precisión el viaje interno del protagonista, mientras que los recuerdos y objetos personales funcionan como catalizadores de reconciliación y autocomprensión. La película trasciende la historia individual de Vicente para ofrecer reflexiones más amplias sobre los “armarios” visibles e invisibles que habitamos, la libertad, los silencios familiares, los problemas de comunicación con los demás y las restricciones sociales que arrojan un entorno hostil en el que parece que para sobrevivir en él hay que esconderse.
“Maspalomas” celebra la vida en todas sus etapas y consolida a José María Goenaga y Aitor Arregi como cineastas capaces de transformar la experiencia personal en un relato poético, emotivo y profundamente humano en un sutil pero profundo retrato lleno de sensibilidad (pero nunca de sensiblería) sobre un honesto viaje de resiliencia y aceptación en pro del amor, el deseo, el placer y la libertad como bien muestra un final reparador y balsámico en el que el viaje se completa llegando a destino mientras suena ante la panorámica de la playa La estación de los amores de Franco Battiato como leitmotiv de dignidad y reafirmación.
"27 noches" (Daniel Hendler) // Sección Oficial - Inauguración
Martha Hoffman, una excéntrica y adinerada mecenas de 83 años, es internada en una clínica psiquiátrica por petición de sus hijas, quienes aseguran que sufre demencia. El perito judicial Casares investiga si Martha realmente está enferma o si simplemente ha elegido vivir sus últimos años con absoluta libertad, mientras se cuestiona si el internamiento es un acto de protección o un intento de controlar su fortuna.
Bajo el manto de Netflix se ofrece una simpática comedia argentina que supone uno de los trabajos más atinados de Daniel Hendler detrás de las cámaras respirando ingenio, viveza y costumbrismo a partir de la desbordante energía de una mujer mayor y rica que solo quiere sentirse libre y no coartada por lo que se espera de ella. Marilu Marini inunda la pantalla reinando en un conjunto bien hilvanado y un reparto que resuelve con gracia y solvencia una historia tierna, divertida y genérica sobre la vejez y el papel que juegan los ancianos en una sociedad que los arrincona y que les obliga a seguir unas pautas, coartando incluso aunque tengan todavía lucidez, autonomía y recursos económicos.
Los cambios de tono, su estructura lineal y el poco riesgo de su puesta en escena no lastran a una propuesta ligera resuelta con naturalidad que sabe conectar de manera accesible con un público amplio no dejando de tratar, a pesar de su carácter liviano, reflexiones importantes. Estructura clásica para una cinta que se mueve bien entre el drama y la comedia y que se sostiene por el trabajo de la estupenda Marini, todo un torrente de la naturaleza, y un Daniel Hendler que forma con ella un contrastado y efectivo binomio como perito judicial apocado al que esta anciana acaba enseñando lo importante que es tener ganas de vivir, tener inquietudes y sentirse libre cuando, afortunadamente, tanto el cuerpo como la mente (a pesar de la edad) todavía responden.
Nacho Gonzalo











