"El sendero azul"
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El argumento: Tereza, de 77 años, ha vivido siempre en una pequeña ciudad industrial de Brasil. Un día recibe una notificación oficial del gobierno para trasladarse a una colonia remota, creada para que los jubilados pasen sus “últimos años” y así dejar espacio a los más jóvenes para que sigan siendo plenamente productivos. Pero en lugar de aceptar este destino impuesto, Tereza se rebela y decide embarcarse en un viaje transformador por el Amazonas para cumplir un último deseo antes de que le arrebaten su libertad. Esto marcará su vida para siempre.
Conviene ver: “El sendero azul” se configura desde el principio como un relato que mezcla fábula y crítica social para hablar de la vejez, la autonomía y el derecho a conservar la propia dignidad en un entorno que parece decidido a apartar a quienes ya no “rinden”. Tereza, su protagonista, tiene 77 años y vive en una zona industrial del Amazonas. Un día recibe la notificación de que debe ser enviada a una residencia estatal para ancianos, una colonia para viejos que es un espacio controlado donde las personas mayores pasan el final de sus vidas bajo vigilancia, una especie de confinamiento encubierto para quienes ya no resultan útiles para el sistema. Lo que se presenta como una medida asistencial revela, en realidad, un mecanismo para despojar de valor a la vida en la madurez y empujar al olvido a quienes envejecen para que así los jóvenes se despreocupen de ellos y puedan ser lo más rentables y productivos posibles para el sistema. Pero Tereza se niega a aceptar ese destino impuesto. Antes de someterse, decide escapar y perseguir un anhelo tardío: recuperar su libertad y vivir según sus propias decisiones. Esa huida la lleva a adentrarse de manera clandestina en los ríos amazónicos, decidida a reclamar su existencia antes de que otros decidan por ella. El viaje, realizado en una pequeña embarcación y rodeado de naturaleza y silencios, se convierte en la columna vertebral de la historia. Es un recorrido físico, pero también emocional: un tránsito desde la obediencia impuesta hacia la recuperación de su identidad. Uno de los mayores aciertos del filme es que no retrata la vejez como una etapa gris y previa al final, sino como un tiempo donde todavía caben el deseo, la resistencia y la posibilidad de reinventarse alejándose de miradas nostálgicas del pasado y queriendo ser impulsores de su presente.
Un juego de géneros que toca la distopía, la fantasía, el “coming of age” y la aventura amazónica. Gabriel Mascaro, su director, se propone romper con los lugares comunes: la protagonista no es ni un recuerdo nostálgico ni un símbolo de decadencia, sino un cuerpo vivo, con sueños y con una voluntad firme de seguir siendo libre. Acostumbrados a ver representada la vejez como un declive, esta perspectiva resulta profundamente refrescante. En lo visual, no existen ornamentos innecesarios. Los paisajes amazónicos, el bote y la relación entre la naturaleza y lo humano se presentan con una delicadeza casi meditativa. Hay espacio para los silencios, para pequeñas miradas, para gestos mínimos. La película renuncia al espectáculo y apuesta por una puesta en escena que sugiere en lugar de subrayar, lo que refuerza su tono íntimo y sincero. La interpretación de Denise Weinberg es otro de los pilares del filme. Su Tereza no transmite resignación, sino una mezcla compleja de emociones: miedo, agotamiento, inquietud, pero también ira, dignidad y deseo de seguir viviendo con plenitud. A pesar de su dureza temática, “El sendero azul” no es un drama opresivo. También ofrece momentos luminosos, instantes de complicidad, pequeños respiros de humor y pasajes que rozan lo mágico o lo simbólico. Esa mezcla de realismo y poesía convierte la película en una historia dolorosa pero esperanzadora, un relato sobre la fragilidad y, al mismo tiempo, sobre la capacidad de recomenzar. Es una película valiente, una especie de poema cinematográfico con toques de realismo mágico que reivindica la dignidad de la tercera edad como un acto de resistencia y en la que el director presenta su registro habitual entre el documental y la ensoñación en un trabajo sólido e inspirador sobre una vejez rebelde con derecho a seguir viviendo.
Conviene saber: Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín 2025 y proyectada en el Festival de Toronto 2025.
La crítica le da un SIETE











