"Historias del buen valle"
La web oficial.
El argumento: Vallbona es un barrio del extrarradio de Barcelona aislado por un río, vías férreas y autopistas. Es un barrio periférico, que vive el tránsito del mundo rural al urbano, preservando formas de vida erradicadas del centro y donde coexisten las casas de los primeros migrantes, quienes llegaron tras la posguerra, y los nuevos bloques de la ciudad dormitorio, donde se concentra la nueva migración, convirtiendo este humilde rincón en una auténtica aldea global. Una memoria gestada en la supervivencia y las luchas vecinales.
Conviene ver: "Historias del buen valle" embriaga por la naturalidad y encanto de las personas que rodean el barrio de extrarradio de Vallbona. Resistencia, dignidad y autenticidad sin imposturas mecidas por la espontaneidad de expresiones, canciones y reflexiones. Una maravilla que, abordada con respeto y audacia, es capaz de capturar aquello tan deseado por muchos cuando se ponen detrás de las cámaras y que es la de encontrar y ofrecer un retazo de vida. Hay belleza y lirismo pero también sacrificio, crudeza y, sobre todo, colectividad, convivencia, solidaridad y resiliencia en una película coral que vive en sus espacios y en su gente compartiendo sus pequeñas grandes historias que les han hecho crecer, recalar o permanecer en ese lugar. Un barrio que se fue construyendo a sí mismo a raíz de las distintas olas migratorias tras la posguerra conformando un crisol de culturas y que ahora, como herencia de esos pioneros, destaca por su singularidad y personalidad. Una poesía que les une a todos a través del lugar en el que conviven y que trasciende gracias a la honestidad de un director como José Luis Guerín que habla sobre el tiempo y que entiende que su única patria es la memoria apostando por la naturalidad frente al efectismo de una imagen cada vez más acelerada e impostada por la amenaza sombría de los mandatos de los nuevos tiempos.
Un improvisado western de extrarradio sobre un barrio en extinción y aquellos ocultos por una sociedad que los deja fuera de los márgenes como unos desarrapados pero que son todo un ejemplo para encarar la vida y para que se nutran relaciones humanas más allá de la vida frenética y los agobios, muchos de ellos banales, que ofrece una gran ciudad cada vez más despersonalizada e individualista preocupada más por el turismo que por los suyos. Un documental conmovedor y catártico que tira de lo coral y del día a día del entorno y sus gentes como canto de dignidad frente al urbanismo implacable que toca a la puerta pretendiendo acabar con un modo de vida que el capitalismo no abraza porque ni entiende ni le da beneficios.
Un trabajo humanista que, además, gracias a como está hilvanado y la simpatía congénita de algunos de los vecinos, desde cada mirada y cada rincón, mete al público en el bolsillo permitiéndose momentos de gran potencia como aquel en el que alguno de ellos, casi como una sola voz, entonan Cuatro soldaditos. Sin imposturas, y con una fluidez trabajada en el montaje, la emoción brota de lo más íntimo de cada personaje evocando a John Ford entre las orillas del río, el bar y los descampados sobre el reguero del pasado hacia un futuro incierto. Una poderosa mirada llena de sensibilidad y reflexión en la que el director utiliza la cámara y la imagen para poder entender y relacionarse con el mundo que existe más allá de los márgenes.
Fascina, arrebata, entretiene y enamora con una puesta en escena de muy alabable calculada espontaneidad que da alas a la película tirando de emociones y de un encomiable esfuerzo quijotesco, tanto por parte de esos vecinos que solo aspiran a no perder la definición del lugar que les ha hecho a sí mismos como por un José Luis Guerín que podría haber caído en la denuncia fácil victimista o en el existencialismo críptico, pero que aquí desprende en todo momento empatía y amor tanto por su oficio de contar historias como por la capacidad de caer rendido por el placer de la escucha hacia aquellos que, bajo una apariencia modesta, son toda una lección de enseñanza y vida para los demás enarbolando la belleza de lo cotidiano e invitándonos a redescubrir lo ordinario.
Conviene saber: Premio especial del Jurado en el Festival de San Sebastián 2025.
La crítica le da un OCHO











