"Manas"
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El argumento: Isla de Marajó, selva amazónica. Marcielle (Tielle) vive a orillas del río con su padre, su madre y sus tres hermanos. Impulsada por las palabras de su madre, idolatra a su hermana mayor, que supuestamente escapó de su realidad "encontrando un buen hombre" en las barcazas que surcan la región. A medida que Tielle madura, sus visiones idealizadas se hacen añicos, dejándola atrapada entre dos entornos abusivos. Cada vez más preocupada por su hermana pequeña y por el sombrío futuro que vislumbra, decide enfrentarse al sistema opresivo que controla a su familia y a las mujeres de su comunidad.
Conviene ver: "Manas" se adentra sin truculencia pero sí con mucha verdad al normalizado drama silenciado de la explotación y el abuso infantil en la selva amazónica. La belleza de los planos, su tono sensorial y su mirada iniciática esconde la dureza de una historia que no queda exento de ello a pesar de su lirismo y de tomar el prisma de Marcielle, estupendamente interpretada por Jamilli Correa. Una película sutil que esconde lo explícito pero a la que no le preocupa dentro de su apuesta contemplativa e intimista tomar el tema de frente. Marianna Brennand aborda una historia impresa de silencios y coraje siendo su primer trabajo en la ficción tras varios títulos en el terreno documental. Ese estilo se nota en un trabajo orgánico y que respira autenticidad partiendo del abuso sexual que sufrían niñas y adolescentes en el norte de Brasil. Un retrato de infancia y resiliencia femenina sin abandonar la esperanza y que ha contado con el aval de nombres como Sean Penn, Walter Salles o los hermanos Dardenne.
Una mirada autóctona pero también universal que extrapola un tema que, lamentablemente, ocurre en todas las sociedades en mayor o menor medida. Cámara en mano que capta la espontaneidad de esas niñas tratando el tema con respeto pero sin rehuirlo. El diseño sonoro también añade empaque a la cinta que juega con la elipsis, el fuera de campo y la majestuosidad de los escenarios sobre un orgánico y vivaz montaje. Hay denuncia social pero también intimismo con toques de lirismo y delicadeza que huyen de todo esteticismo porque lo que manda es el peso dramático de la historia y el peso patriarcal, machista y violento del mundo despersonalizado que retrata. Un canto de humanidad y fuerza frente al silencio y para espolear a entornos que esconden bajo la alfombra y que no asumen su realidad a la hora de luchar y aspirar por un mundo mejor.
Conviene saber: Nominada al Goya 2026 a la mejor película iberoamericana
La crítica le da un SIETE











