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El cine frente a la caída de sus propias estrellas, el irresistible prestigio del ocaso
Querido primo Teo:
Noah Baumbach con "Jay Kelly" no ha inventado nada, por muy bien que nos cuente la historia de una estrella de cine que ya ha comenzado a asumir que su tiempo ha pasado, realmente valiente es George Clooney al mostrarse de una manera tan descarnada. El cine ha tenido siempre una fascinación casi morbosa por la caída de sus propias criaturas. Las estrellas de Hollywood, convertidas primero en dioses domésticos, terminan a menudo observando cómo la industria que las elevó deja de necesitarlas. Esa tensión entre gloria y olvido, entre memoria y decadencia, ha dado lugar a algunas de las películas más potentes y reveladoras del séptimo arte. A través de historias que van del drama al "noir" y de la sátira a la tragedia íntima, el cine ha construido un espejo en el que sus ídolos ven reflejado no solo su éxito, sino el final inevitable de éste.
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"Homo criminalis"
"Homo criminalis" no empieza en las pantallas, lo hace de manera insospechada. En Cervantes. Eso ya dice bastante de la inteligencia con la que Mark Galeotti ha construido este libro. No arranca con una escena de Chicago, ni con un cadáver en Nápoles, ni con un capo ruso envuelto en humo de tabaco y tatuajes de prisión. Empieza con Rinconete y Cortadillo. Empieza con Monipodio. Empieza con esa Sevilla de ladrones organizados donde Cervantes entendió, antes que muchos sociólogos, que el crimen no vive fuera de la sociedad, sino pegado a ella como una sombra.
Título: "Homo criminalis"
Autor: Mark Galeotti
Editorial: Capitán Swing
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Cine en serie: "El fuego de la venganza", o el guardaespaldas retirado
Querido Teo:
El Gleneagles es un bar en el puerto de la isla de Gozo, en el archipiélago de Malta. Madera gastada, vasos usados sin ceremonia, olor a mar cercano y una clientela que entra más para quedarse un rato que para beber deprisa. Tampoco es que haya muchos lugares como él en una isla del tamaño de Gozo, de 7 kilómetros de ancho por 14 de largo, y sobre todo el bar del puerto es el que recibe de entrada a los visitantes, o el que los despide. Durante años también entraron en el bar turistas ingleses, norteamericanos y japoneses, aficionados a las historias de acción, preguntando por el autor de "Man on fire", sobre todo a raíz del estreno de la segunda versión cinematográfica, protagonizada por Denzel Washington. Querían encontrar a A.J. Quinnell sin saber que, muy a menudo, lo tenían a un metro, divirtiéndose con su anonimato.
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Las claves de la Nouvelle Vague, o cuando el cine francés aprendió a respirar en libertad
Querido primo Teo:
A finales de los años cincuenta, un grupo de jóvenes cinéfilos franceses decidió dinamitar las normas del cine tal y como se entendía hasta entonces. Armados con cámaras ligeras, presupuestos modestos y una pasión desbordante por el séptimo arte, estos cineastas dieron lugar a la Nouvelle Vague, uno de los movimientos más influyentes y revolucionarios de la historia del cine. Más que un estilo homogéneo, la Nouvelle Vague fue una actitud: una forma de mirar el mundo, de rodar películas y de entender la autoría cinematográfica.