Howard Hughes: Hoy se hubiera curado con una pastilla.

Howard Hughes: Hoy se hubiera curado con una pastilla.

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Querido diario:

en mi joven vida de cobaya humana, he comprobado que la química orgánica es más fascinante en la realidad que en los textos académicos. Un antiguo rey de los tiempos del imperio romano se dedicaba a probar venenos en cantidades pequeñas. Luego aumentaba la dosis poco a poco hasta tolerar cantidades que serían mortales para cualquier persona. En esto yo soy olímpico. Un forense de los de CSI podría hacer conmigo una droguería.Por eso me dió pena enterarme de que Howard podría haberse curado hoy con unos pastillazos.

Su joven madre “asfixió” a Howard con unos cuidados excesivos y unos miedos que marcaron su vida para siempre. Aliene derivó de madre protectora, en enfermera fóbica, con un comportamiento rayano en la histeria. El niño apreció el poder que le daba sobre sus padres la enfermedad y a los diez años, era lo que los psicoanalistas modernos llaman “escapista”, una persona que utiliza toda clase de enfermedades psicosomáti-cas para rehuir la realidad de la vida. Primero murió su madre, muy poco después su padre, y quedó huérfano con 19 años, multimillonario, e incapaz de manejar emociones. Sus problemas de salud fingida se convirtieron en reales, salpicando toda su existencia.
Había heredado las supersticiones de su madre en todo lo tocante a los gérmenes y las bacterias. A su juicio, el desinfectante y una lejía potente eran suficientes para curar cualquier cosa. La sífilis resultó una excepción.
La sífilis primaria era una enfermedad grave e incluso mortal en los tiempos previos al descubrimiento de la penicilina. Hughes se sometió a un tratamiento radical no sólo arriesgado sino a veces generador de muchos efectos secundarios, entre ellos diversos problemas cardíacos y otros daños neurológicos, al menos en las situaciones más delicadas. Se sometió a un tratamiento llamado entonces “la bala mágica”, que consistía en inyectar mercurio y arsénico a bajos niveles dentro del torrente sanguíneo. Sin embargo, en algunos casos estos “metales pesados” no bastaban para curar del todo al paciente. Esto fue lo que le sucedió a Howard.
En aquella época, los médicos informaron a Hughes de que su sífilis había mutado hasta ser una “sífilis terciaria”, enfermedad entonces incurable que entrañaba graves peligros para el sistema nervioso central. A la sazón, algunos enfermos, aunque no todos, experimentaban un grave deterioro de sus síntomas. No eran infrecuentes la confusión mental y las paranoias agudas.
En realidad, la conducta de Hughes derivaba de una enfermedad emocional desconocida entonces que empeoraría con el paso del tiempo.
En aquella época, los trastornos psicológicos seguían siendo un tabú, y los que fueron testigos de los alarmantes síntomas que experimentó, lo tuvieron bien callado durante varias décadas. La enfermedad no diagnosticada aún se presentaba como un “cortocircuito emocional” que daba lugar a una especie de amnesia esporádica y a un comportamiento sumamente extraño. Hoy le recetaríamos Prozac”. El Prozac, sumado a unas sesiones de psicoanálisis, le habrían ahorrado su anterior agonía y las posteriores tragedias que acabaron ahogándolo, entre ellas el abuso de las drogas. El doctor Schwartz, de la Universidad de California, especialista del trastorno obsesivo-compulsivo con síntomas que sobrepasan los que experimentó Hughes, afirmó ya en los años 80 que había que descartar todo lo publicado sobre la supuesta locura de Hughes”, después de diagnosticarse nuevas enfermedades psicológicas.
Schwartz considera que Hughes era un hombre asediado por un desequilibrio químico cerebral, heredado directamente
de su madre, Aliene, también “obsesiva y compulsiva”. Schwartz ha esclarecido que el trastorno obsesivo-compulsivo no es una simple neurosis, sino una enfermedad con raíces biológicas, al igual que la enfermedad de los maníaco-depresivos o la epilepsia, “como un cortocircuito cerebral causado por un desequilibrio químico”, una enfermedad que hoy en día tiene cura.
Nadie podía concebir su enfermedad. La gente simplemente lo tildaba de loco.
El segundo hombre más rico del mundo, héroe de aviación, creador de la TWA y de la aviación comercial moderna, pasaba temporadas muy largas encerrado en su aciaga lucha con la demencia. Sin tratamiento, sin revisiones médicas, su trastorno obsesivo-compulsivo se volvió psicótico. En realidad Hughes fue víctima de la ignorancia médica, y no sólo de su trastorno obsesivo-compulsivo ni de sus lesiones cerebrales. “Lo consideraban un demente, y se llegó a pensar que los accidentes habían empeorado su condición. Lo cierto es que el trastorno obsesivo-compulsivo ni siquiera estaba diagnosticado a esas alturas. Howard no tuvo ninguna posibilidad de curación.
Tu tampoco querido sobrino. tu tío que te quiere, Anibal.

Fin de la serie pero si quieres investigar más puedes viajar aquí.

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