Centenario de Garbo,la caida

Centenario de Garbo,la caida

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Querido sobrino:

Greta había cumplido los 35 años, había hecho 23 películas y era, sin ninguna duda, la mayor estrella del cine…. Cuando llegó la última película.
El departamento de publicidad de la MGM empezó a alimentar las noticias de la prensa y de la radio con la campaña más agresiva posible, el mensaje insertado en los medios de comunicación decía:

“El mundo espera a una nueva Garbo. Se bañará casi desnuda. Hará el amor. Odiará. Llorará. Y bailará y bailará”.

Sin embargo la actriz se encontraba muy sola, porque no confiaba en nadie. Su madre aún estaba con vida, pero en estado de colapso físico y mental. La otra persona que sentía cerca, Stiller, llevaba muerto varios años pero Greta intentó ponerse en contacto con él, como había hecho ante su tumba años antes. Se encerró con llave en su dormitorio, con la misma clase de flores que le había llevado a la tumba. Encendió unas velas y colocó su fotografía entre ellas. Se arrodilló y rezó. Al no “escuchar” su voz como le había ocurrido en otras ocasiones, empezó a visitar a médiums en Hollywood y en Los Ángeles. La gente de los estudios comenzó a murmurar que estaba loca. Greta ganaba más dinero que nadie, era lo bastante rica para haber impuesto su criterio o haber renunciado cuando la presionaron para que aceptara (Two-Faced Woman) “La mujer de las dos caras”. El director George Cukor, que le había demostrado sus habilidades en “Margarita Gautier”, la tranquilizaba diciéndole: “Has interpretado en la tragedia, en la comedia y ahora deberías interpretar con tu genio a una típica mujer estadounidense”.
Después del estreno en el Capitol Theater de Nueva York, el 31 de diciembre de 1941, los críticos dijeron de Greta lo que nunca antes se había dicho.
La película pareció a muchos una basura ridícula y atacaron a la MGM, diciendo que se habían equivocado, y que intentaban convertir a la actriz en una muchacha dulce. Al ataque de la prensa se añadió el del arzobispo Spellman, junto a la Legión de la Decencia de la Iglesia Católica.
The New York Times, que siempre había alabado a Greta dijo que La mujer de las dos caras era una pieza de “hechura de baja calidad”, y añadió: “El actual intento de la señorita Garbo por deslizarse por la fantasía ligera es una de las más desagradables exhibiciones de la temporada”. El Time escribió que “es casi tan frustrante como ver borracha a la propia madre”.

Así fue la vigésimo cuarta película de Greta Garbo. Y aseguró durante el resto de su vida que no había lamentado que fuera la última.
A partir de ese momento comenzó a “diseñar” casi científicamente la “desaparición”. Lo logró con el tesón y la eficacia de un agente secreto de Lecarré.
El comienzo de la Segunda Guerra Mundial la convenció de que tanto la clase de películas en las que había actuado, como el tipo de personajes que había interpretado, iban a quedar permanentemente fuera de moda; en consecuencia, decidió retirarse de la pantalla. Otra decisión fue la de desaparecer de toda vida pública. Hasta el último de sus días vivió atemorizada ante la posibilidad de que la indiscreción rompiera el objetivo más ambicioso que se pueda proponer persona alguna: convertirse en un mito viviente para su generación. Lo logró.
La leyenda fue creciendo con el tiempo, y uno de los asuntos más recurrentes fue la relación entre Greta y el sexo.

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