Da Vinci y su última cena

Da Vinci y su última cena

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Querido diario:

Ya sabes que mi tío Aníbal es un psicópata de la cultura italiana, así que le he pedido que me enviara las 6 cosas esenciales que hay que saber de la pintura de Leonardo da Vinci, sobre la que descansa la teoría del Código. Me acaba de llegar su respuesta….

Querido sobrino: De Leonardo y “La última cena” las cosas que me divierten, podrían ser estas….

1- El famoso fresco de Santa María de las Gracias en Milán fue “ninguneado” -me gusta esta palabra de los españoles-, por los frailes del monasterio dominico. Rompieron la parte central inferior para hacer una puerta. El motivo era que la obra está en el comedor de Santa María y la comida tenía que dar una larga vuelta y llegaba fría. La puerta se llevó un pedazo del trabajo de Leonardo, pero acortó el viaje y la sopa llegó ya caliente a los comensales.

2- El último día de la vida de Leonardo, estaba sentado en la mesa de su estudio de Cloux, escribiendo un pequeño teorema, cuando la mujer que se ocupaba de él le avisó de que la cena estaba lista. Leonardo decide entonces resolver lo que está escribiendo con un Etcétera, y a continuación justifica la decisión con el motivo que la causa…. “Perché la minestra si fredda”. Esa “porque la sopa se enfría” fueron sus últimas palabras escritas.

3- En un boceto previo al definitivo, San Juan aparece dormido, recostado en Jesús, y en otro, con el brazo del Mesías apoyado con ternura en su espalda. pero en los círculos donde imperaba el escepticismo religioso la expresión: “Juan se hallaba recostado en el pecho de Jesús” solía interpretarse en clave homosexual. Una de las blasfemias que cien años más tarde se atribuyeron a Christopher Marlowe fue que en cierta ocasión había dicho que el tipo de amor que Cristo sentía por Juan era “verdaderamente excepcional”, pues “hacía con él lo que los habitantes de Sodoma”. En la versión definitiva, Leonardo mantendría separadas a las dos figuras, pero Juan siguió siendo el más joven y agraciado de todos los discípulos.

4- Se centra en la explosión emocional que provoca el momento dramático de la identificación de Judas: “El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará”. Es una novedad radical que rompe con la tradición medieval de representar a los discípulos como un conjunto lineal de figuras acartonadas dispuestas alrededor de una mesa.
Para los espíritus conservadores que cultiva siempre la ortodoxia, fue un gesto de sensacionalismo teatral irresponsable, algo similar al efecto que produjo el primer beso en una gran pantalla a los puritanos.

5- No es un fresco en sentido técnico pues fue ejecutado al óleo. Se inició con el revoco de la pared con una capa fina de enlucido, que constituye la base estructural del mural. El enlucido de la sección media, que era donde iba a pintarse la acción principal, es más basto, para proporcionar mejor agarre a las capas de pintura. A continuación se aplicaba el estuco o base, y sobre esta base se extendía finalmente una delgada imprimación de albayalde. Una vez concluidas estas operaciones, se practicaron una serie de incisiones en la superficie, destinadas a definir la forma y la perspectiva del escenario arquitectónico, y se horadó un pequeño agujero en el centro del espacio pictórico: el punto de fuga. La perforación puede apreciarse en una ampliación fotográfica: se encuentra en la sien derecha de Cristo.

6- En lugar de aplicar la pintura cuando el yeso estaba aún húmedo, como se hace en la técnica tradicional del buen fresco, empleó una mezcla de óleo y temple. De esa forma pudo trabajar con más lentitud y realizar repintes, pero la pintura empezó a desprenderse y estropearse a gran velocidad. Cincuenta años después de ser terminada, lo único que se veía era una “mancha oscura”. Comenzaron las múltiples restauraciones que taparon la obra original. Tras haberse salvado por muy poco de recibir el impacto de una bomba aliada en el verano de 1943, se inició la última y la más ambiciosa de todas las restauraciones a finales de la década de los años 70. El resultado se mostró al mundo en 1999, después de más de veinte años de trabajo y de un coste aproximado de 8.800.000 euros. En buena medida, el principal objetivo era eliminar las superposiciones debidas a anteriores trabajos de restauración: una corteza de barnices y repintes que se fue desprendiendo en microscópicas costras con la esperanza de que bajo ella quedaran aún algunos de los elementos originales. Se aproxima, sí, pero no es más que una parte: sólo se conserva en torno a un 20 por ciento de la superficie pictórica original. La fantasmagórica pintura que parece flotar sobre el muro es un mero vestigio, pero en ella vuelven a resplandecer los gestos y las expresiones de las figuras originales que pintaron Leonardo y sus ayudantes.
De tu tío que te quiere…..
Aníbal L.

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