Centenario Wilder: Billy y sus guionistas

Centenario Wilder: Billy y sus guionistas

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querido diario:

Aquí puedes escuchar este mp3 sobre algunos de los tipos que aguantaron, odiaron y triunfaron con wilder….
Wilderyguionistas.mp3

Mientras lo escuchaba se activó el chip de Carlos L-T, y saltó a la pantalla todo esto…

La personalidad hiperactiva de Wilder se sentía más capaz para trabajar en los guiones si se movía en un estado de tensión. Billy siempre buscaba a otra persona para escribir los guiones y, por lo general, esa persona era machacada más allá de lo aceptable.

Cuando Ernie Lehman se derrumbó por el agotamiento y rompió a llorar en mitad del rodaje sin que pudieran pararlo, Billy se dio cuenta de lo que había hecho con sus aluviones de desprecios, abrazó a Lehman y le dijo que no se preocupara por nada. Ernie se fue a su casa con la recomendación médica de que no hiciera nada durante dos semanas.

A los pocos días el médico visitó a Lehman. Wilder estaba allí, se escondió en un armario al ver que llegaba el médico. Había ido a revisar el guión con su colega.

Para “La tentación vive arriba“, Wilder eligió a George Axelrod, autor de la obra de teatro que triunfaba en Broadway. El primer día de trabajo Axelrod se presentó con un ejemplar del texto de la obra de teatro original.La presentó con discrección pensando que podía servir de guía. Recibió el primer trompazo:

-.”Estupendo”, respondió Billy, tomando el guión y tirándolo al suelo. “Lo utilizaremos como tope de la puerta.”

Lederer fue contratado para escribir “El héroe solitario”. Al ver cómo se las gastaba Wilder, tuvo claro que no le haría enfermar. “En cuanto al tipo de cirugía que consiste en despellejar tres cuartas partes de la piel de una persona, reconozco que no estoy en condiciones de competir con Billy”. Así que lo dejó. Eso sí, siempre creyó sinceramente que Billy no era consciente de lo que hacía.

Blum fue su colaborador en “Traidor en el infierno” y contó cómo se vio tratado por Billy como “poco más que su mayordomo”… “Sé que es un hombre al que, cuanto mejor le caes, más sarcástico se vuelve, pero no pude soportarlo”. Preguntado si, al final, el escribir un gran éxito junto con un artillero verbal mereció la pena, Blum fue categórico. No, dijo Blum, no mereció la pena. La razón: “Sencillamente no pude aceptar sus insultos”.

De todos los guionistas que sufieron los insultos de Billy,unicamente Charles Brackett pudo soportarlo durante un tiempo muy prolongado.

“Éramos fundamentalmente distintos: yo odiaba las puertas cerradas, él temía las que estaban abiertas. Yo me paseaba por la habitación de un lado a otro, él se quedaba sentado tranquilamente. A pesar de esto, quizá precisamente debido a esto, la tensión que se creaba era tan fuerte que a veces me lanzaba la guía telefónica a la cabeza, pero sólo le daba a la lámpara”.

Las dos familias eran muy distintas en todos los sentidos. El padre de Wilder fracasó prácticamente en todo; el de Brackett era un abogado de éxito, senador del Estado y propietario de un banco de Saratoga Springs. A Billy le encantaban el tenis y el esquí; Brackett odiaba los deportes y el sol.

Brackett era 14 años mayor que wilder, llevaba un tipo de vida ordenado y tenía las maneras de un tory británico. Lo educaron para ser un hombre culto, de mundo. Escribió sus primeros relatos mientras terminaba Derecho en Harvard y servía una breve temporada como vicecónsul en St. Nazaire y como oficial de enlace para un general francés durante la primera guerra mundial. Continuó escribiendo siempre que podía mientras trabajaba en el bufete de su padre. Después de algún rechazo sus historias interesaron y comenzó a publicar.

Tras pasarse seis años en la firma de su padre, Charlie decidió dar un giro radical a su vida, contando con la tranquilidad que le daba su patrimonio. Se trasladó a Manhattan y empezó a escribir a tiempo completo. Fue contratado como crítico teatral del “New Yorker”. Charlie se convirtió en un habitual de los círculos intelectuales y artísticos de Nueva York, un escritor de buena família que hacía novelas vivaces, cultas,exquisitas y con ironías sutiles tan relacionadas con su época que hoy se han desvanecido casi por completo.

La RKO atrajo a Brackett a Hollywood a principios de los treinta. Esperaba que lo recibieran como la estrella literaria que creía que era, pero el ejecutivo ante el que tuvo que presentarse era David O. Selznick. Le hizo esperar durante una hora, apenas le saludó y luego le mandó bruscamente a otro departamento. Brackett hizo lo que pudo con un artículo de revista donde se insinuaba una historia que le interesaba al Estudio. Cuando llegó la reunión de análisis de guión, el exquisito y culto abogado/crítico/novelista de la Costa Este no tenía ni idea de cómo comportarse. Como ha recordado Brackett: “Simplemente me puse en pie y conté mi historia tartamudeando”.

Cuando acabó se hizo un silencio absoluto. La responsable del departamento simplificó con tranquilidad: “No lo veo en absoluto de ese modo. El chico amaba a esa chica. Esa chica amaba al chico. Los dos se amaban”. Y con ese comentario “metieron” lo que era Hollywood en la cabeza de Brackett.

Brackett escribió o coescribió siete guiones antes de formar equipo con Wilder. Desde Comedias de enredo para Cary Grant, hasta películas de tema universitario, melodramas o acción y aventuras, pero ninguna de aquellas primeras películas perduró más allá del año de su estreno.
Esto no quiere decir que Brackett no prosperara. En 1936 ganaba mil dólares a la semana, el cuádruple que Wilder. El jefe de guionistas de Paramount, Manny Wolfe, pensó que Brackett necesitaba a alguien que lo endureciera un poco, que pusiera la nota afilada de la que carecía este hombre erudito, tranquilo y sofisticado. Emparejó entonces a Brackett con Wilder para una nueva comedia de enredo de Lubitsch, “La octava mujer de Barba Azul”. Fue un acierto y los dos se convirtieron en uno de los equipos de guionistas más importantes del cine americano.

Al trabajar wilder siempre con otros guionistas se ha especulado mucho sobre la división del trabajo. Algunos creen que wilder era el inventor de tramas, y que buscaba gente para los diálogos. Otros han considerado que “vaciaba” el talento de sus colaboradores en beneficio propio. Lo cierto es que sus co-guionistas, no lograban tener el mismo éxito después de separarse de él, mientras wilder seguía acertando en la mayoría de las ocasiones.

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