Centenario Visconti: Pasión por la música

Centenario Visconti: Pasión por la música

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Querido sobrino:

La educación musical de la querida Claridge aprovechando nuestra estancia en Milán, está siendo un placer para ambos. He recurrido al sistema de los Visconti para que comprenda la escritura musical.
Tanto Luchino como el resto de sus hermanos,comenzaron a comprender la música casi al mismo tiempo que empezaban a hablar. El arte que ocupa el primer puesto en la familia Visconti es la música. Es un Visconti quien salva la primera gran crisis que amenaza con el cierre de La Scala. Otro la preside varios años y dedica el dinero necesario para la adquisición de cuadros, de piezas arqueológicas ligadas a su historia constituyendo el fondo del museo del teatro.

Luchino no tenía ni seis años cuando asiste por primera vez a un espectáculo en el palco familiar. Era habitual que los pequeños siguieran con su madre la partitura de las obras, muchas veces interpretadas por Toscanini…
“En la Scala, nos sentíamos como en casa, y nuestro palco era lo que acababa encendiendo nuestra imaginación, sin duda mas predispuesta al juego teatral. Era el número 4, muy cerca del escenario, con el foso de la orquesta al alcance de la mano y el brillo de los cobres que nos resonaban en los tímpanos”.
En el palacio las clases de música eran sagradas y además divertidas, gracias a la imaginación del profesor elegido por la madre. El docente había convertido la música en un juego. Cada uno de los niños tenía su gran caja de madera, que contenía un pentagrama de cartón que se doblaba en tres partes, y compartimientos que encerraban notas de madera, redondas, blancas, negras, corcheas, claves, sostenidos, bemoles, pausas, silencios, todo lo que servía para escribir música. El profesor tocaba al piano cuatro o cinco compases, y todos se lanzaban sobre sus cajas, para ver quién acertaba más rápidamente y con más exactitud la melodía interpretada. El más dotado para este ejercicio era Luchino. Literalmente “jugaba” con las notas.
Cuando aún no tenía decidido que deseaba ser incinerado, pensaba a veces en su epitafio y siempre incluía a un músico: Verdi.

CentenarioVisconti_GiuseppeVerdi.jpgNo se cansaba de escuchar a su tía Giuditta Ricordi los detalles de cómo había sido la despedida del hombre que personalizó a Italia, hasta el punto de que las cinco letras de su nombre se interpretaban revolucionariamente ante los austriacos ocupantes, con el sentido de Viva El Rey De Italia. De hecho su tía había sido una de las cuatro personas que estaba al pie de la cama del musico cuando expiró.
En los albores del siglo XX, en el umbral del año 1901 Verdi acaba de pasar las fiestas de fin de año en el hotel Milán, donde suele residir. El 21 de enero se viste como cada mañana con la ayuda de su vieja y fiel sirvienta. De pronto, pierde el conocimiento y cae boca arriba, paralizado del lado derecho.
La noticia se extiende a tal velocidad que a las pocas horas la Scala cierra sus puertas y bajo las ventanas del hotel la multitud se agolpa, la calle se cubre de paja y se prohibe el paso de vehículos para evitar todo ruido.
Al cabo de seis días de agonía, Verdi muere en la noche del 27 de enero , y se leen sus disposiciones testamentarias: “Quiero que mis funerales sean de la mayor simplicidad y que tengan lugar en las primeras horas del día o por la noche, con el ave María, sin cantos ni ruido. Bastarán dos sacerdotes, dos cirios y una cruz…”

CentenarioVisconti_FuneralVerdi.jpgEl 30 de enero, a las seis y media de la mañana, sólo los amigos íntimos y los compañeros siguen al pequeño coche fúnebre donde va el ataúd de alerce y cinc. Pero a lo largo de toda la ruta que conduce al Cementerio bajo los balcones enlutados, millares de milaneses, empapados por la lluvia, asisten en silencio al paso del cortejo fúnebre. Ningún discurso: el ataúd desciende a la fosa; a las ocho y media todo debería haber terminado. Pero Milán quiere rendir homenaje a aquel que, según las palabras de D’ Annunzio, “lloró y amó por todos…”. El 27 de febrero, a las ocho de la mañana, el ataúd de Verdi se sitúa junto al de su mujer en un carro monumental que lo lleva a la cripta de la Casa de Reposo para Músicos que él mismo hizo construir en Milán. 300.000 personas asisten a la ceremonia en cuyo transcurso 900 músicos, reunidos bajo la batuta de Toscanini, hacen elevarse el coro de Nabucco, Va pensiero sull’ali dórate…el verdadero himno de Italia.

Muchos de los momentos recordables de la vida de Luchino están relacionados con La Scala, y más que ningún otro el que le unió con una de la media docena de mujeres que se puso en sus manos. María Callas lo amó y lo odió con toda la pasión de las tragedias melodramáticas que ambos admiraban.
Luchino siempre desconfió de las mujeres, su sensibilidad homosexual las atraía pero la relación terminaba siendo enfermiza.
“¿Sabes —preguntará Luis II de Baviera a su prima Elisabeth en un momento del film de Luchino— cuándo Sigfrido siente miedo por primera y única vez? A la vista de una mujer…”

Vídeo

Uno de estos días te dedicaré algunos minutos para hablarte de las mujeres de Visconti. Hasta entonces, tu tío Aníbal L.

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