Cincuentenario Bogart: La cicatriz que convirtió un rostro en atractivo

Cincuentenario Bogart: La cicatriz que convirtió un rostro en atractivo

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Querido diario:

Mi extraordinario cerebro no me evita la travesía de las etapas adolescentes. Estoy en modo “tuneo”, o sea que no me encuentro lo bastante diferente. Quiero ser más yo mismo. La primera vez que vi los seis dedos en la mano de mi tío Aníbal, lo flipé. Nadie tenía un tío con dedos extra. Entendí que se operara en Brasil, pero lo sentí.
Por eso le he comentado que tenía dudas sobre que paso dar, y la respuesta me la había dado el cincuentenario mañana de la entrada en fiambrera de Bogart: una cicatriz en la boca. Si gracias a un detalle personal así, un rostro tan primate se convierte en atractivo!. Yo voy a resultar irresistible.

Querido sobrino:

Antes de tomar la decisión, visita tu panteón de la memoria y recuerda lo que sabes de Bogart. Su cicatriz no sólo le marcó exteriormente. Tú también has reparado en lo poco que besa. Esto, en los años cuarenta, era inaceptable para un galán. Por muy bueno que resultara como gangster, sólo los galanes llegaban al final de la carrera.
Por esto el verano de 1941 no fue otro más para él. Bogart besaba por fin a la chica. Se trataba de una secuencia esencial de “El halcón maltés”. Recuérdala sobrino…

Interior. Apartamento de Brigid.

Spade y O’Shaughnessy en apasionada confrontación, un fuego que crepita, sugerente, en la chimenea. a Mary Astor le brillan los ojos, pone su voz lo más «ronca y vibrante» de acuerdo con las indicaciones del guión.
«Le he dado todo el dinero que tengo… ¿Es que hay alguna otra cosa con la que pueda comprarlo?».
El guión precisaba: «Spade le sujeta la cara con las manos, le besa la boca con brusquedad y desprecio, luego la suelta y vuelve a sentarse».

Evidentemente no es una escena difícil. Bogart ya era un actor consumado y ser brusco y duro era su especialidad. Por eso Teo, me intrigó saber que hubo que repetir la toma 7 veces. El maquillador tuvo que secarle el rostro con una gamuza húmeda. alguien hizo un chiste acerca del fuego para rebajar la tensión, y el mismo Huston intervino : «!Dios del cielo, no es más que un simple beso.Agárrala, bésala y suéltala otra vez. ¡Eso es todo lo que tienes que hacer!»

Vídeo

Bogart_Halconmaltes.jpgNo resultó ser algo casual porque, Un año después, cuando se necesitó un beso en “Across the Pacific”, las cosas tampoco funcionaron. «¡Procura no saltarme los dientes la próxima vez!», se quejó Mary Astor después del primer intento. Bogart se disculpó sinceramente.
Toda la seguridad que expresa Bogart en la pantalla se tambaleaba en aquellas primeras secuencias con beso. ¿Por qué? Necesité buscar algo más hasta descubrir un problema fisiológico que lo explicaba: La cicatriz del labio superior.
Lo que fuera que la hubiese causado había provocado también una lesión neurológica. Era leve, pero bastaba para hacerle acumular saliva en una comisura de la boca, un problema que empeoraba con el nerviosismo.

Existen varias versiones sobre cómo se produjo la cicatriz que le provocó también su ligero ceceo. Según una de ellas, el causante fue su padre cuando Humphrey era pequeño. Otra, más espectacular, la atribuye a un trozo de metralla durante el ataque de un submarino. Su cuñado, Stuart Rose, ha contado que Bogart tuvo que conducir en el ejército a un detenido esposado, que le pidió que le encendiera un cigarrillo. Al ofrecerle la cerilla encendida, el detenido le golpeó en la cara con las esposas e intentó escapar. pero Bogart, con una mano en el labio partido,
disparó hiriendo al fugitivo y lo detuvo. El médico de la marina remendó mal el labio de Bogart, y tres intervenciones correctoras más no lograron reducir ni la cicatriz ni la lesión nerviosa.
Una bonita heroicidad. Aunque probablemente sea una causa tan falsa como las anteriores.
El informe médico exhaustivo de su ingreso en la marina estadounidense, incluye todas las cicatrices y marcas identificadoras. Son muy útiles a efectos forenses.
Los médicos encontraron cuatro pequeñas cicatrices —en la barbilla, parte interna del antebrazo izquierdo, pierna y parte posterior de la cabeza resultado de palizas o reyertas juveniles. También hallaron una picadura de viruela sobre la ceja derecha, tres lunares y, en el examen para detectar posibles enfermedades venéreas,
un pequeño varicocele, tumor formado por la dilatación de las venas del escroto y del cordón espermático, un problema congénito sin importancia.
El informe no menciona nada más. El labio superior del marinero de segunda clase Humphrey DeForest Bogart permanecía intacto, y el historial sugiere que tuvo en las fuerzas armadas de Estados Unidos una carrera bastante poco accidentada, sin explosiones de proyectiles ni agresiones de detenidos.

Bogart_BesoBacall.jpgLa causa más razonable de la herida es muy vulgar: una simple pelea entre borrachos. Humphrey bebía a veces hasta quedarse dormido sobre la mesa, la cabeza apoyada en los brazos en la postura que le vemos en “Casablanca”. Si se le despertaba con brusquedad, decía alguna grosería y a veces le pegaban por ello. En una ocasión hizo, a propósito, que no le cosieran el labio roto, porque su boca, tan bien hecha, le gustaba y al mismo tiempo la detestaba.
Es cierto que resulta una boca masculina excepcional. Muy llena, rosada y de modelado perfecto. Perfecta salvo que de una comisura del labio superior le colgaba un trocito de carne, formando un diminuto festón… Sus amigos daban por sentado que le habían dado un puñetazo en algún speakeasy. Cuando Bogart pasó al cine, hizo que
un cirujano le cosiera el pequeño colgajo, dejándole sólo la cicatriz bien conocida.
Aunque desde el punto de vista de la fotogenia fue una mejora, nunca superó el complejo. Cuando tuvo que convertirse en galán, usó la técnica de fragilidad dura para que sus personajes no tuvieran que besuquear a las protagonistas. Su compañera en “El halcón maltés”, la primera mujer besada por Humphrey, comprendió tan pronto
como los espectadores que aunque los besos en la pantalla no fuesen lo suyo, “Bogie no necesitaba besar a la chica. Ni siquiera tenía que tocarla. Bastaba con ver cómo la miraba».

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