Centenario Laurence Olivier: Vida privada de un actor

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Querido diario:

Laurence se casó 3 veces, todas ellas con actrices. La primera fue Jill Esmond, con quien se casó en 1930. Se divorciaron 10 años después, con un hijo en común, ante la aparición en la vida del actor de Vivien Leigh. Juntos rodaron 3 películas, y permanecieron casados durante 20 años. Un matrimonio marcado por las infidelidades de ambos y el trastorno bipolar de la actriz.

Los dos se enamoraron en “Inglaterra en llamas” de 1937, película de la que pertenece la siguiente escena y en la que aparecen jovencísimos…

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Se divorció de ella al conocer a la también actriz Joan Plowright, con la que se casó poco después, y con la que permaneció hasta su muerte, habiendo tenido 3 hijos, y encontrando finalmente la estabilidad y la tranquilidad que buscaba. Volvió a su amada campiña inglesa, y allí pasó los últimos años de su vida. Dicen que Vivien Leigh, a pesar de haberle dicho en numerosas ocaciones a Olivier que le amaba como a un hermano, no como a un amante (a pesar de lo profundamente enamorado que él estaba de ella en los primeros años de matrimonio), quedó devastada al ver como le abandonaba por Plowright, a quien ella consideraba muy poco agraciada.

Extremadamente atractivo, con una mirada profunda con la que sabía jugar, y un rictus irónico que dejaba escapar en cuanto podía, tras su muerte empezaron las habladurías sobre su bisexualidad. En biografías suyas se comentan romances con compañeros de profesión, como Danny Kaye (nunca probados), y es algo que nunca se ha confirmado, pero tampoco se ha negado. Finalmente, su viuda, Joan Plowright, declaró hace unos pocos años, en una entrevista radiofónica en la que le preguntaron sobre el tema, que Olivier era un genio, y como genio que era, tenía un carácter y una forma de vida distintos, haciendo cosas que ella tenía que perdonarle, mientras se volcaba en su familia. Cada uno que interprete lo que quiera.

CentenarioOlivier_Espartaco.jpgA raiz de esto, Laurence aceptó muchos desafíos, pero tal vez uno de los mayores fue aceptar uno de los diálogos “gays” más célebres y antíguos de todo el cine.
Es el que mantienen, en los baños privados del senador, Craso y su esclavo Antoninus, interpretados por Laurence Olivier y Tony Curtis, respectivamente, en “Espartaco”. Los espectadores de muchos paises tuvieron que esperar muchos años, puesto que fue totalmente eliminado de la versión estrenada en 1960.

Olivier interroga a su esclavo personal, el jovencísimo Curtis, acerca de sus preferencias en materia de moluscos e invertebrados, sin pretender esconder en absoluto que se trata de una metáfora obvia y abiertamente sexual:

Laurence Olivier: (Equívoco) “¿Comer ostras te parece moral y comer caracoles inmoral?”

Tony Curtis: (Incómodo) “No, amo“.

Laurence Olivier: “Claro que no. Es cuestión de gustos, ¿no?”

Tony Curtis: “Sí, amo”.

Laurence Olivier: “Y gusto no es igual que apetito. Y por lo tanto no es cuestión de moral… a mí me gustan tanto las ostras como los caracoles”.

Pocas veces se había tratado la bisexualidad tan abiertamente en una película dirigida al gran público. No en vano “Espartaco” es uno de los pocos filmes de romanos serios e inteligentes de la historia del cine, y en él las motivaciones sexuales figuran de manera casi tan destacada como las políticas.

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