In Memoriam: Mel Ferrer

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Querido diario:

Acaba de ingresar en mi fiambrera Mel. Si fuera cierto que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, Mel Ferrer sería la mujer detrás de Audrey Hepburn. Estuvieron casados catorce años y Mel fue el primer marido de Audrey aunque él se casó cuatro veces más, tenía claro que deseaba vivir enamorado siempre de alguna mujer y el amor le duraba unos años, para luego desaparecer.
Mel era un tipo atractivo, perfecto para encarnar héroes románticos en historias con aventura, espadachines o caballeros medievales de lanza y armadura. Era eficaz pero no dejaba mucha huella y raramente es citado en las biografías y autobiografías de los directores o actores que trabajaron con él. Yo le encontraré hoy volviendo a ver “La caída del imperio romano”, porque no me atrevo con “Cabriola”, donde estuvo junto a la española Marisol.
Su momento de mayor popularidad estuvo unido a su relación con Audrey. Ella era una jovencita que regresaba a Londres después de triunfar con “Gigi” y terminar el rodaje de “Vacaciones en Roma”. Gregory Peck la invitó a su casa de Grosvenor Square y allí conoció a su amigo Mel Ferrer, que rodaba “Los Caballeros del Rey Arturo”, a las órdenes de Richard Thorpe. Mel recordaría aquel encuentro: “Comenzamos hablando del teatro… conocía La Jolla Playhouse Summer Theatre, donde Greg y yo habíamos sido co-productores durante años. También admitió que me había visto tres veces en la película “Lily”. Al final me dijo que le gustaría hacer una obra conmigo, y que le mandara un guión si lo conseguía.”

El “flechazo” fue mutuo e instantáneo, y al día siguiente fueron juntos al teatro. La prensa no se enteró porque primero se empeñó en unirla con Gregory Peck y luego con William Holden, compañero de reparto de “Sabrina”. Parece ser que si hubo atracción, muy común en la desnudez sentimental que se produce en muchos rodajes, pero si la idea de tener que lidiar una ex-mujer y tres hijos ya chocaba bastante contra los deseos de Audrey, la noticia de que Holden se había hecho una vasectomía, lo impidió en cualquier caso. Mel seguía firme en el segundo plano y le envió el guión del que habían hablado,” Ondine”, una obra de teatro, una fábula medieval sobre un romance entre un caballero andante y una ninfa de 14 años. Después de leerlo, Audrey le llamó y aceptó.
Se estrenó en Broadway en febrero de 1954, y se convirtió en el certificado amoroso de los dos. El momento recordado de la obra sucedía cuando Audrey, aprovechando su entrenamiento en el ballet, saltaba a los brazos de Mel Ferrer. Su siguiente salto fue un matrimonio que duraría catorce años.
Su separación se hizo oficial en septiembre de 1967. Audrey, que siempre puso su vida personal en primer lugar -no rodaría otra película en 8 años- reconocería con amargura la tristeza de esa ruptura: “Cuando mi matrimonio con Mel se rompió, fue algo terrible. Pensaba que una unión entre dos buenas personas, que se querían, debía ser eterna. Mi desilusión fue muy grande, porque lo había dado todo”. El divorcio se hizo oficial el 21 de noviembre de 1968, dos meses después de su 14 aniversario de boda.

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