Centenario James Stewart: “¡Qué bello es vivir!”, la escena

Centenario James Stewart: “¡Qué bello es vivir!”, la escena

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Querido primo Teo:
Es Navidad, nieva alrededor mientras el frío y el aire golpea las casas de un pequeño pueblo usamericano llamado Bedford Falls. Un hombre esta en problemas, su negocio va mal y corre serio peligro de que tanto él como su familia sufran una muy mala época debido a las estrecheces económicas que se aventuran. Es una película con valores y también con religiosidad en el que se muestra con fuerza la idea de que las buenas acciones serán recompensadas en el cielo. Nuestro amigo, se llama George Bailey y siempre ha sido un buen hombre. Se ha preocupado por los demás más que por él mismo, y eso le ha provocado algunos problemas que son paliados por su satisfacción personal de haber hecho lo que debía. Esos problemas son el haber perdido la audición del oído cuando salvó a su hermano pequeño de morir ahogado entre unos bloques de hielo, o de no poder ir a la universidad para que su hermano ocupara su plaza de estudiante, y así que nuestro amigo George Bailey se quedará ayudando en la empresa familiar tras la repentina muerte de su padre. La película nos muestra al más puro estilo dickensiano y con religiosidad de por medio o no, de que la realización de buenos actos siempre nos será recompensado de alguna manera en el futuro.
Con este emblema cinepático de la época navideña (curioso estando en pleno verano), Jimmy volvía al cine tras los cinco años de parón por el conflicto bélico. Nuevamente con Capra, el hijo pródigo interpretaba a un personaje noble y de buen corazón que anteponía el interés de su familia al suyo propio.
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La película no funcionó el año de su estreno y no se llevó ninguno de los 5 Óscars a los que optó, siendo el año en el que arrasó “Los mejores años de nuestra vida” de William Wyler, cinta con cierto trasfondo bélico del que no se escapa tampoco “Que bello es vivir”.
En el año 74, la productora dueña de los derechos, se olvidó de renovarlos, y el filme pasó a ser de propiedad pública, con lo cual todas las cadenas de televisión norteamericanas empezaron a emitirla frecuentemente, reivindicando una obra maestra. La cinta encontró en esos pases una gran acogida y reconocimiento, siendo una de esas películas que no son comprendidas en su momento pero que luego con el paso de los años ocupan el lugar de privilegio que les corresponde. Para los cinéfilos es imposible pensar en el día de Navidad sin “¡Qué bello es vivir!”. Siempre viene bien un nuevo visionado para recordar que por muy mal que vayan las cosas, nunca hay que perder la esperanza en la vida.
Estas son declaraciones de Frank Capra: «No la hice para los críticos aburridos ni para los intelectuales pedantes. La hice para la gente sencilla como yo; gente que quizás había perdido a su marido, o a su padre, o a su hijo; gente que estaba a punto de perder la ilusión de soñar, y a la que había que decirle que ningún hombre es un fracasado».
Tu primo.
Coronado
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