In Memoriam: Paul Newman, se cierran los ojos azules

In Memoriam: Paul Newman, se cierran los ojos azules

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Querido diario:
Hace cuatro años entró todo un grande en mi fiambrera. Su nombre era Marlon Brando, uno de los tíos más talentosos del Hollywood dorado, creando un estilo propio que lo convirtió en todo un icono del siglo XX. Hoy se une a él la otra cara de esa moneda casi perfecta con la que podríamos representar esa conjunción sólo a prueba de los nacidos para triunfar, la del talento y la belleza que en el caso de Paul Newman se unía a un arma infalible, sus profundos ojos azules. Seguramente, junto a Kirk Douglas, Newman era la última gran estrella viva de ese Hollywood clásico que poco a poco pertenece más a la memoria del recuerdo.

A Newman le han acusado en muchas ocasiones de ser esclavo del Método y de copiar a James Dean o Marlon Brando. Su talón de aquiles, aunque parezca paradójico, ha sido su atractivo físico, con esos ojos de un azul profundo, por el que casi ha tenido que pedir perdón para que le pudieran considerar como uno de los mejores actores de su generación. 

Paul Leonard Newman nació el 26 de Enero de 1925 en Shaker Heights, Ohio. Hijo de una familia acomodada de Cleveland, se decidió a ser actor para huir del negocio familiar que trataba sobre productos deportivos. Sus padres se llamaban Arthur y Teresa y tenía un hermano mayor con el mismo nombre que el cabeza de familia. Al joven Paul no le interesaba nada el negocio familiar, hecho que no impidió que estudiara Económicas en la Universidad Kenyon.
Empezó en el teatro donde conoció a su primera mujer, Jackie Witte, hasta 1950, cuando hace un descanso del teatro por la muerte de su padre. Es entonces cuando tiene que decidir si se queda en su ciudad natal ocupándose del negocio familiar o sigue con su vocación.

Afortunadamente para todos, en 1951 se matricula en la escuela de arte Dramático de Yale: “Recuerdo que, cuando aterricé en Yale, me dieron un papel en la obra “Santa Juana”, de George B. Shaw. Al leerlo comprobé que lo primero que tenía que hacer era gimotear y lloriquear en el escenario. Aquello me derrumbó pero segundos después, reaccioné y pensé que había arrastrado a mi familia hasta aquí solo con novecientos dólares en el bolsillo y lo puesto para algo. Entonces, cogí el guión, bajé hasta la sala de calderas del edificio y me pregunté a mí mismo qué quería hacer con mi vida. A los pocos minutos ya estaba decidido.” 

Al poco tiempo, unos agentes teatrales, Liebling y Wood, le prometen un papel en la obra de teatro “Picnic” lo que hace que se traslade a Broadway. Paul y Jackie (que ya tenían 2 hijos, Scout y Susan) se dieron como plazo un año antes de volver a Yale pero esta vez como profesor de inglés.
Encontró un par de papeles en televisión de donde sacaba el dinero para poder pagarse las clases del Actor’s Studio. Finalmente consiguió el papel en “Picnic”, no era el protagonista pero recibió buenas críticas. En esta obra es donde hizo “más que amistad” con Joanne Woodward (la mujer que pasaría a ser la más envidiada de la historia), a la que ya había conocido antes sin caerse excesivamente bien.

Al principio de su carrera peleó por muchos papeles y era habitual verle en infinidad de castings. Aquí tenemos este documento para la historia. James Dean y Paul Newman en las pruebas para la película “Al Este del Edén”, papel que finalmente recaería en Dean…

 

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La Warner Brothers le ofreció un contrato por siete años y pese a las reticencias por actuar en Hollywood, y se fue para allá en 1954. No tuvo el mejor comienzo posible con “El cáliz de plata” (1954), su primera película, que fue un desastre y que tenía una temática histórica. Años después pagaría él mismo un anuncio con marco fúnebre durante los siete días que se emitió por televisión que decía “Paul Newman pide disculpas todas las noches de esta semana”.
Mientras la Warner pensaba qué hacer con él después del fracaso, él disfrutaba del éxito en el teatro con la obra “Horas desesperadas” y rodando algunas películas para la televisión de éxito. La Warner finalmente lo cedió a la Metro por un dinero para interpretar “Traidor a su patria” (1956) con bastante popularidad.
Después llegaría su primer gran éxito “Marcado por el odio” (1956) interpretando al boxeador Rocky Graziano, papel pensado para James Dean que le libraría por una vez con las comparaciones con Brando. Esa cinta de Robert Wise fue su primer gran trampolín, tanto para él como para Steve McQueen que debutaba en el cine con ella. Personalmente seguía casado con Jackie, ya tenían tres hijos, pero él solo pensaba en Joanne Woodward lo que le llevó a otra relación tormentosa, esta vez con el alcohol.
Para la Warner era todo un negocio, le pagaban mil dólares a la semana y recibían setenta y cinco mil en concepto de “arrendamiento” a otros estudios. En 1957, después de actuar en “Mujeres culpables” y “Para ella un solo hombre”, descubrió el psicoanálisis: “Mejoró mi manera de actuar y, sobre todo, me ayudó a dominarme extraordinariamente”.
La Fox lo “alquiló” para la adaptación de la novela de William Faulkner “El largo y cálido verano” (1958), con Joanne Woodward como protagonista femenina que venía de ganar el Oscar a la mejor actriz por “Las tres caras de Eva”. Después del rodaje se divorció de Jackie, rodó “El zurdo” (1958), película desmitificadora sobre Billy el niño, y se casó con Joanne, la mujer de su vida y con la que ha vivido 50 años que les han convertido en el matrimonio más estable de Hollywood. Por esos tiempos, eran días felices para la pareja, ella ganó un Oscar, él el Premio al mejor actor en Cannes por “El largo y cálido verano”, y esperaban su primer hijo.

 

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Lo próximo sería “La gata sobre el tejado de zinc” (1958), el momento en el que los ojos violetas de Elizabeth Taylor se encontraban con los azules de Paul, una pareja de bandera. En ella, Newman entraba en contacto por primera vez con la obra de Tennessee Williams en esta adaptación de la obra teatral del dramaturgo que llevó cabo Richard Brooks en la que interpretaba a un atormentado hijo de un rico empresario enfermo. Primera nominación al Oscar para él (que recaería en David Niven por “Mesas separadas”) y primeros inconvenientes de la fama: la prensa se inventaba romances con Liz, él y su mujer no podían andar por la calle, etc.
Para evitar encasillarse prueba con una comedia “Un marido en apuros” pero vuelve a “los ceños fruncidos” con “La ciudad frente a mí”, la última con Warner. Él mismo pagó el medio millón de dólares por los tres años que le quedaban de contrato. Mientras esperaba los contratos se fue a hacer teatro con “Dulce pájaro de juventud” y volvió al cine con “Desde la terraza” (1960), otra vez con su mujer y “Éxodo” (1960) en la que sufrió bastante en el rodaje siguiendo las directrices del autoritario Otto Preminger.
El buscavidas” (1961) eclipsó a las que vinieron más adelante, consiguiendo una segunda nominación al Oscar que en esta ocasión recaería en Maximilian Schell por “Vencedores o vencidos”, “Un día volveré” (1961) y “Cuando se tienen veinte años” (1962) así que apostó sobre seguro para que la gente se olvidara de Eddie el Rápido con “Dulce pájaro de juventud” (1962) y “Hud” (1962) de nuevo bajo la batuta de Martín Ritt, con el que ya había rodado “Un día volveré”, por la que consiguió la tercera nominación al Oscar en este drama psicológico enclavado en un ambiente rural y enmarcado en el mundo de los perdedores.
Después vinieron sin pena ni gloria “Samantha” y “El premio” en 1963, “Ella y sus maridos” (1964), “Cuatro confesiones” (1964) y “Lady L” (1965). Ya tenía tres hijos con Joanne, seis en total, una mansión y numerosos gastos. Este paréntesis acabó con “Harper, investigador privado” (1966).
A continuación vinieron ”Cortina rasgada” (1966), única colaboración con Hitchcock, y un western, “Hombre” (1967). El siguiente pico en su carrera llegaría con “La leyenda del indomable” (1967) donde nuevamente le niegan el Oscar.
Después de “Comando secreto” (1968) que recibió palos por todas partes, dirige su primera película “Raquel, Raquel” (1968) con gran éxito de crítica y público y protagonizada por su mujer realizando una de las mejores radiografías de la condición femenina en la Norteamerica profunda. Aunque tuvo problemas para conseguir la financiación, al final paradójicamente, la Warner le prestó el dinero. Con esta película consiguió un Globo de Oro como mejor director.
En 1969 se asocia con Sidney Poitier y Barbara Streisand para formar una productora que, unos años más tarde, con Steve McQueen se acabará llamando First Artists Productions Company. Es en ese año cuando produce “Quinientas millas”, una película sobre su otra pasión, el automovilismo.
Con “Dos hombres y un destino” (1969) de George Roy Hill compartirá pantalla por primera vez con Robert Redford, formando una de las parejas masculinas más queridas de la historia del cine. Después vendrán “Un hombre de hoy” (1970), “Casta invencible” (1970) segunda como director, “Los indeseables” (1972) y su tercera como director “El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas” (1972). Bajó su popularidad con “El juez de la horca” (1972) y “El hombre de Mackintosch” (1973), ambas de John Huston.
El éxito retornó apostando seguro otra vez con “El golpe” (1973), una fórmula infalible que seguía el éxito de “Dos hombres y un destino”: reparto, director dejándoles hacer, historia con gancho, banda sonora. Repitió con otro amigo, Steve McQueen en “El coloso en llamas” (1974) donde obtuvo éxito de público pero no de crítica y no consiguió éxito en la taquilla con la continuación de “Harper, con el agua al cuello” (1975).
La segunda mitad de los 70 es el peor momento de su carrera y de su vida personal. Se produce la muerte de su hijo Scout y encadena fracaso tras fracaso que comenzó con un breve papel en “La última locura” (1976) y continuaría con sus trabajos para Robert Altman que le trajo los fiascos más rotundos de su carrera, “Buffalo Bill” (1976) y “Quinteto” (1979). Al menos, entre ellas, realiza “El castañazo” (1977) que le hace levantar el vuelo en taquilla. 

El día del fin del mundo” (1980) es otra de catástrofes dentro y fuera de la pantalla. “Distrito apache” (1981) le hace resurgir de las cenizas en los 80 ya como actor maduro que ha dejado atrás su juventud pero no por eso su atractivo, con unas canas y un rostro ya arrugado que le hace ganarse la etiqueta de “madurito cañón”. Con “Ausencia de malicia” (1981), drama dirigido por Sydney Pollack, y “Veredicto final” (1982), thriller judicial de Sidney Lumet con guión de David Mamet, consigue dos nuevas nominaciones pero ninguna estatuilla. La incredulidad fue tal que Llegó a aparecer en la revista “Variety” un anuncio que decía ¿Qué diablos tiene que hacer Paul Newman para ganar un Oscar?.

Harry e hijo” (1984) es su cuarta película como director y un homenaje a su hijo Scott fallecido de sobredosis a los 28 años. Después consigue un Oscar honorífico, seguramente porque la academia pensó que su carrera estaba liquidada, pero al año siguiente gana por fin la estatuilla como mejor actor por “El color del dinero” (1986), retomando 25 años después el papel que encarnó en “El buscavidas”, premio que saldaba una deuda pero que no hacía abandonar la idea de que Newman nunca ha sido uno de los más queridos por la Academia. 

Su quinta y última película como director es “El zoo de cristal” (1987), otra adaptación de Tennessee Williams, autor de gran importancia en su carrera. Todavía interviene en más películas como “Creadores de sombra” (1989), “El escándalo Blaze” (1989), “Esperando a Mr Bridge” (1990), “El gran salto” (1994), “Ni un pelo de tonto” (1994), que le vale su octava nominación al Oscar, “Al caer el sol”(1998), “Mensaje en una botella” (1999) y “Donde esté el dinero” (2000).

A los 75 años dijo: Siempre juro que voy a retirarme por completo y luego no tengo el suficiente sentido común para hacerlo. Casi nadie va a sobrevivir sin el aplauso del público. Llevo cinco o seis años dándole vueltas a mi retirada pero luego siempre reincido. A pesar de unos últimos años de menos actividad en los que Newman no sabía si retirarse o no, siempre tenía algo que hacer.
Después participaría en la que fue premeditadamente su última película como actor. Tenía bien claro que después de ese gran papel de capo mafioso en “Camino a la perdición” (2001), lo mejor era cerrar con ese broche de oro su carrera. La Academia de Hollywood no se unió a ese homenaje final y no le otorgó el Oscar al cual estuvo nominado.

Sus dos últimos trabajos fueron una estupenda miniserie de 2005 llamada “Empire Falls” en la que se nos muestra la divertida y conmovedora historia de Empire Falls, un pequeño pueblo en declive de Nueva Inglaterra y de sus habitantes, cuyas vidas están profundamente influidas por el Río Knox y sus viejos e inactivos molinos, sus diferencias entre clases y diversos fantasmas del pasado, y por la cual ganó un Globo de Oro. Por último, y como gran fan del mundo del automovilismo, puso su voz en “Cars”, la película de Pixar antes de que el cáncer de pulmón que se lo ha llevado le privara de participar en algunos proyectos teatrales que ya preparaba.

Progresista, cautivador, sensato, carismático y distribuidor desde hace muchos años de sus propias ensaladas, las cuales comentaba que tenían más éxito que sus películas, Newman tuvo otras dos grandes pasiones además del cine. Una el automovilismo que le permitió no necesitar dobles en escenas de acción (así como seguir conduciendo bólidos pasados los 80 años), y otra la solidaridad por la cual destinaba los beneficios de sus productos alimenticios a labores de caridad, así como a la creación y mantenimiento de un campamento de verano para niños enfermos de cáncer en Connecticut.
Se interesó por el deporte de motor por primera vez, a pesar de ser daltónico, durante el rodaje de la película Winning en 1968. Su primera competición profesional se produjo en 1972, en Thompson, Connecticut. Participó en las 24 horas de Le Mans de 1979, terminando segundo con un Porsche 935, siendo compañero del alemán Rolf Stommelen. Se mantuvo siempre ligado al mundo de la competición, participando activamente. Entre los años 1970 y 1990, condujo para para el equipo Bob Sharp Racing, sobre todo en carreras de Fórmula Nissan, logrando numerosas victorias y campeonatos.
A los 70 años, se convirtió en el piloto más longevo que formaba parte del equipo ganador en una carrera de alto nivel, en 1995 en las 24 horas de Daytona. En marzo de 2005 declaró: “probablemente participe otro año”.
En una entrevista realizada hace ocho años, Newman aseguró que su deseo era ser enterrado en el campamento o que sus cenizas fueran esparcidas en el lago. ¿La razón? “Siempre admiré a los peces”, aseguró simplemente.
Una vida intensa, llena de historias y de películas que seguro que siempre tendrán un lugar de honor tanto en nuestra estantería como en nuestro corazón. Esos fatigados pero brillantes ojos azules que lucía Paul ya se han cerrado, pero nosotros siempre los recordaremos llenos de vida y magia dentro de ese icono que para el cine y la vida ha sido Paul Newman.
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Comentarios

DANIEL - 28.09.2008 a las 02:18

descansa en paz pero el zorro de newman siempre sera recordado por ser una persona independiente y tener personalida en hollywood

pulgacroft - 28.09.2008 a las 15:51

Personalmente siempre he preferido a Paul Newman en lugar de a Marlon Brando.
Siempre Paul.

Patrick - 29.09.2008 a las 22:33

Paul Newman, descanse en paz. Cuando mueren personalidades a las que admiramos por su trabajo, realmente no somos conscientes de su muerte hasta pasado un tiempo. SIn duda nunca será olvidado, y se lo ha ganado por hacer disfrutar a todo el mundo con su trabajo. Desde allá donde esté, seguro que está preparando “50 huevos duros”. DEP.

Isabel - 30.09.2008 a las 08:34

Primero lo fuí conociendo a través de sus películas y me dejó sin aliento su perfil de efebo griego y el océano de sus ojos; luego conocí su vida y hallé al hombre perfecto. Nunca hubo otro como él.

Patrick Bateman - 10.11.2008 a las 11:32

Algun dia tenia que suceder (siempre pense que moriria en un bolido a toda velocidad en plan James Dean) o que moriria en pleno rodaje de alguna obra maestra y tendrian que acabar la pelicula por ordenador, solo lamento que halla sido por culpa de un cancer… Descansa en Paul

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