Paul Newman, dos golpes, ensaladas y una herencia

Paul Newman, dos golpes, ensaladas y una herencia

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Querido diario:
 

Hemos terminado el homenaje a Paul, he quedado el tercero con 18 huevos. Luego hemos enviado a la familia el epitafio compuesto por La Clínica  en vez del que él mismo ideó, demoledor pero significativo: «Aquí yace Paul Newman. Fue un fracaso porque tenía los ojos azules». El rasgo de carácter más evidente de Paul era la competitividad, el juego que le permitía desafiarse a si mismo, usando coches o personajes….

“Cuando alguien tiene éxito transmitiendo una imagen, en cualquier esfera, es muy difícil que ésta no acabe apropiándose de él. Como actor , siempre lo he evitado pues corro el peligro de ir absorbiendo la personalidad de mis personajes, hasta aniquilar la mía propia. Una de las cosas que más me gusta de Joanne [Woodward] es que nunca se trae sus personajes a casa.”

Se que tengo un prejuicio positivo con Paul porque me tiene que caer bien un tipo que sabía perder, y consideraba el mayor honor de su vida el figurar en el lugar 19 en una lista de enemigos del ex presidente Nixon […] "¿Se imagina el tremendo honor que algo así supone, labrarse la enemistad de un tipo como Nixon, aunque estés en el lugar 19 de la lista?”

Los dos golpes de vida que se la definieron más que ninguna otra cosa fueron conocer a su esposa y perder a su hijo. El 29 de enero de 1958, Paul Newman  y Joanne Woodward se casaban en una pequeña capilla de Las Vegas, Nevada, con un maestro de ceremonias que le habló de Elvis Presley, «ése sí que es un artista de verdad, amigo». Como contrapeso, la luna de miel la pasaron en el hotel Connaught de Londres, entre colegas como Peter Ustinov, Laurence Olivier y su esposa Vivien Leigh. En adelante fueron descubriendo el golpe de fortuna que había significado conocerse. Días felices. Su hijo Scott, no pudo digerir la inmensa fama de su padre y durante años escondió su dependencia de las drogas. Cuando llegó al punto de necesitar tanta cantidad que no podía conseguirla, decidió terminar, en noviembre de 1978. Para Paul fue un golpe durísimo que su único hijo varón, tiene otras cinco hijas, se matara ante su absoluta ignorancia del problema. Estuvo más de un año sin hacer películas y decidió dar un giro radical a su vida, dedicándose a causas caritativas.

Así se creó la marca Newman’s Own, una marca de comidas entre las que se encuentran salsas, pastas, zumos, palomitas y… ¡limonadas!. En cierta ocasión le preguntaron por su personaje favorito, y respondió que Aquiles, un tipo que sabía exactamente donde estaba su debilidad. No se decirte si conocía bien a los clásicos greco-romanos, pero es posible que a pesar de su horroroso debut en el cine con “el cáliz de plata”, apreciara la sentencia universal de Cicerón: “Todo es vanidad”, porque en ese aspecto es posible que esté el primero en la lucha contra la enfermedad de las estrellas.

Paul Newman en "El buscavidas"

Si se actúa con la madurez de un Paul Newman que nunca se creyó su imagen cinematográfica de sex symbol y que casi nunca fue a actos públicos porque no le interesaban, se puede asumir la fama sin perder el equilibrio.

Esta es su mejor herencia en mp3…

InMemoriamPaulNewman.mp3

Además, le he pedido a mi tío que me cuente también algo sobre las ensaladas Newman, aquellas que le hicieron ganar según él más dinero que con sus películas…

 Querido sobrino:

Aga ha salido y no puede responder a tu mensaje. En cualquier caso yo puedo decirte que durante años, incluso en restaurantes de cuatro estrellas, Paul siempre rechazaba los aliños de la casa y preparaba sus propias mezclas. Los jefes de camareros, maîtres y a veces los propietarios de los restaurantes corrían de aquí para allá tratando de reunir los ingredientes que él pedía.
Los comensales que ocupaban las otras mesas observaban boquiabiertos sin saber si creer o no, lo que estaban presenciando. La primera vez que comió en Elaine’s, uno de los restaurantes más populares de Nueva York, varios camareros y la mismísima Elaine se congregaron alrededor de Paul mientras él mezclaba y probaba el brebaje que había preparado con los ingredientes que le traían de la cocina. Esta misma escena se llevaba repitiendo mucho tiempo, ya fuera en una taberna griega, un banquete de bodas, un restaurante al aire libre en la isla de Eleutera, y en toda clase de elegantes y prestigiosos restaurantes repartidos de costa a costa del país. Cuando sus hijos se marchaban a la escuela, Paul incluía entre sus útiles escolares un par de botellas con su aliño. En una ocasión, cuando en el restaurante donde estaba comiendo le sirvieron por error la ensalada con el aliño de la casa, la llevó al lavabo, la lavó bajo el agua del grifo, secó los distintos ingredientes con toallas de papel y, una vez de regreso en su mesa, la ungió con su propia mezcla, improvisada con ingredientes que le trajeron de la cocina.
En aquella época, todos los aliños de comercialización masiva, contenían azúcar, colorantes artificiales, conservantes químicos, y hasta gomas. De modo que Paul comenzó a preparar los suyos no sólo porque le gustaban más, sino también en defensa de su salud contra el ataque de esos conservantes artificiales.

Un buen amigo de Paul, un escritor apodado “dientes de sierra”, asistió y ayudó en el momento en que Paul decidió dar el salto que le haría ganar más dinero que el cine, y repartirlo en apoyo de las necesidades de gente con menos fortuna que él….

“Aquella noche la operación sótano prometía prolongarse por los siglos de los siglos. Jamás habíamos intentado mezclar un barreño de aliño para ensaladas, mucho menos introducir un corcho perteneciente a la botella de un jarabe de sirope de 1925 en una botella de vinagre de 1895, y eso sin mencionar que ya nos habíamos metido en el cuerpo unas cuantas cervezas. A veces el mazo golpeaba justo en medio del corcho y otras veces nos masacraba los pulgares. Paul medía cuidadosamente las cantidades de aceite de oliva y de vinagre, porque todavía no tenía la más remota idea de cómo vérselas con una cantidad como ésa, aunque ya hubiera decidido que necesitaría seis cajas de pimienta negra.

Paul casi no cabía en sí de gozo a medida que revolvía el asombroso aliño con un remo de madera. Un hermoso río discurre junto a la casa y seguramente ese remo formaba parte del equipo de su canoa. Estaba convencido de que el vinagre y el aceite de oliva tenían un cierto efecto higiénico, un hecho que hacía innecesaria una higiene cuidadosa de los elementos que utilizaba para la operación. En cambio, sí prestaba una implacable atención a la técnica del remo. El movimiento, insistía, debía tener un ritmo suave y uniforme que no produjese espuma en el brebaje. Pero su amigo no le encontraba el punto.
—Tienes que acompañar el movimiento del remo —decía Paul—. No lo acerques bruscamente hacia ti, mécelo, gíralo, muévete con el remo. El amigo contestaba que él se movía con el remo, pero, después de haber bebido cuatro cervezas, si acompañaba demasiado el movimiento del remo se caería de bruces en el barreño. Paul le dijo que mientras no se cayera de culo no había de qué preocuparse.
De vez en cuando, durante las largas horas dedicadas a este trabajo, alguien se asomaba al sótano: Caroline, el ama de llaves, Joanne o alguno de los hijos de Paul. Pero todos eran lo bastante prudentes como para no ir más allá de la puerta. El típico olor a orín de caballo y moho se fusionaba con el aroma a Budweiser y a los ingredientes del aderezo para ensaladas, una combinación que no resultaba particularmente atractiva. Así que los ocasionales visitantes permanecían cerca de la entrada y anunciaban que la cena estaba lista, o que había llegado la tía Margaret, o que la policía quería cancelar el permiso de conducir de Paul, y él contestaba invariablemente que todavía teníamos un montón de cosas que hacer y todos parecían evaporarse de inmediato. Nadie se atrevió a aventurarse dentro del sótano. Era un lugar que intimidaba o que quizás había sido santificado.
El número exacto de botellas de regalo ya estaba dispuesto sobre el suelo como si se tratara de un batallón de soldados de infantería, pero aún quedaba una buena cantidad de aliño en el barreño. Fue en ese momento cuando Paul tuvo la genial idea de que podríamos embotellar el resto, venderlo sin mayores ceremonias en algunas selectas tiendas de alimentación de la zona, ganarnos unos pavos y largarnos de pesca. Pero su amigo, que había estudiado Derecho, se mostró inflexible: —Eso va contra la ley —gritó—. ¡Echa un vistazo a este lugar! ¡Ni siquiera los insectos pueden sobrevivir aquí! Si alguien la palma por haber ingerido este brebaje, te encontrarás frente a un tribunal sin la protección de un seguro contra terceros. Te podrías quedar sin tu sótano y sin todo lo que está sobre él también. ¡Hay ciertas reglas y normas que deben respetarse: en primer lugar, normas de higiene, y luego un etiquetado adecuado y todos los requisitos del gobierno!
La idea de que su granero pudiese estar en peligro hi­zo que Paul accediera a contratar un seguro, crear una etiqueta decente, conseguir un embotellador de confianza y ver si su obra tenía alguna posibilidad de venderse en el mercado.
 Y así fue como nuestro bebé llegó al mundo, no en un pesebre, sino enun barreño, sin ningún rey mago a la vista, sólo asistido por una estrella de cine en declive y un escritor cascarrabias. Y eso fue todo”.
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Comentarios

Domingo - 29.09.2008 a las 20:25

Hasta ahora no las había probado por prevención, la misma que la de Newman, pero voy a comprar una, a ver si es tan buena como decís.

0SCAR PORTELA - 30.09.2008 a las 14:35

Con la muerte de Paul Newman comienza a cerrarse la edad en que el cine estaba animado también por sus grandes interpretes. Oscar Portela

PAUL NEWMAN: LA LEYENDA DE UN INDOMESTICABLE

POR OSCAR PORTELA

Carecía de la soberbia capacidad histriónica de Marlon Brando y esa luz que emana de un carisma que no viene de ninguna escuela de arte interpretativo.

Al mísmo tiempo carecía de la sutil inteligencia que poseía Montgomery Clift para dar características a las almas torturadas y las psicologías más complejas. Carecía del ángel y la belleza áspera de James Dean.

Pero en porciúnculas racionales poseía en si los tres atributos de sus compañeros del actor estudio.

Fue hermoso dicen pero también lo fue tres décadas antes Robert Taylor.

¿Y?

La fealdad de Ernest Borgnine le sirvió a este para llevarse un Óscar como primer actor en

0scar Portela - 05.02.2009 a las 00:11

August Rusch el cine que debe verse

POR OSCAR PORTELA

Reparto
Freddie Highmore, Keri Russell, Jonathan Rhys Meyers, Terrence Howard, Robin Williams, William Sadler, Marian Seldes, Mykelti Williamson
Director
Kirsten Sheridan
Productor
Richard Lewis
Duración
01:40:00
Estreno
viernes 14 diciembre 2007
Género
Drama
País
EE.UU.
Distribuidora
Azeta Cinema

Y acá está el viejo Oscar Portela con algo más imágenes en el alma. Porque el cine verdadero suma de todas las artes, no se reduce a la imagen, ni a un estupendo guión, ni a maravillosas interpretaciones sino a la amalgama de todo esto y más porque el cine como la música, como la pintura, como el rostro de un estupendo actor- como quería Carl Th. Dreyer – debe ponernos en contacto con el alma de la cosas.

Es cierto que muchas veces y con razón estamos tentados de decir hasta aquí llegó el genero y con excepciones continúa: pero rompo este largo silencio para decirles que lo que en esencia es una comedia melodramática, se convierte en manos de su director Kirsten Sheridan, de quienes musicalizaron la cinta hasta convertir a la música como misterio de la relación entre los hombres y entre este y el cosmos en protagonista de la cinta, en apoteosis de buen cine.

Que dos jóvenes

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