Actor de método, concienzudo y camaleónico. También extremo, excesivo y cargante. Todo esto lo reúne Sean Penn, que a pesar de todo pocos pueden dudar que es uno de los mejores actores del cine actual. 4 nominaciones al Oscar (ganando la estatuilla por "Mystic river") son un excelente bagaje que se ampliará con la nueva candidatura que logrará esta semana por "Milk", la cinta en la que se mete en la piel del concejal de San Francisco Harvey Milk que inició una revuelta a favor de los derechos de los homosexuales.
La forería se ha decantado por "Mystic River" como el momento en el que mejor ha estado Sean en pantalla. Teniendo otras buenas interpretaciones como “Carlito´s way”, “Pena de muerte”, “Acordes y desacuerdos” y “21 gramos” la verdad es que está muy difícil.
El rodaje de “Mystic River” en Boston despertó un interés inusitado entre la población, hasta el punto de que más de 2.000 personas se presentaron a las pruebas de casting para seleccionar a los extras que pueden verse en la película. Todos querían ver de cerca de Sean y la verdad es que el actor no decepcionó a los que allá se agolparon atendiendo a todos los que se dirigieron a él. Sorprendente cuando suele encabezar la lista de los famosos que más ariscos son con los cazaautógrados.
Penn nunca ha entendido muy bien ese final en el que comparte un guiño con Kevin Bacon en el que éste simula dispararle mientras el otro alza la mirada al cielo encogiéndose de hombros. Una escena de dudosa moral después de haber visto la película para la que Sean también tiene sus interpretaciones: “Clint quería que los actores conociéramos los detalles justos para así hacer creíbles a los personajes. Supongo que el valor que da a la amistad infantil algo tendrá que ver en la relación de los personajes teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad que opta por el mal menor”.
Dinero, sexo, maternidad, lucha libre, precariedad, algoritmos y Michelle Pfeiffer devorando escenas como si llevara años esperando este papel. Con esos ingredientes aterriza esta serie, de esas que parecen imposibles sobre el papel y, sin embargo, funcionan con una precisión sorprendente. La nueva ficción creada por David E. Kelley a partir de una novela de Rufi Thorpe sabe perfectamente que quiere contar una historia dramática afilada, contemporánea y bastante valiente sobre una joven madre soltera que intenta sobrevivir en Estados Unidos monetizando su intimidad en internet mientras el mundo (familia, economía, hombres, algoritmos y hasta su propio cuerpo) parece conspirar contra ella. Y sí, dicho así suena a que la serie quiere hablar de demasiadas cosas; lo sorprendente es que las habla casi todas bien.
El 30 de septiembre de 1955, James Dean conducía su flamante Porsche 550 Spyder, recién adquirido y bautizado con el irónico apodo de "Little Bastard". Se dirigía a participar en una carrera automovilística en Salinas (California), acompañado por su mecánico, Rolf Wütherich. Apasionado del volante y de la velocidad, Dean devoraba kilómetros con la excitación propia de quien sentía que la carretera era un territorio donde podía rozar el límite entre la vida y la muerte. Poco antes de las 17:45 horas, en la intersección de la Ruta 46 con la Ruta 41, cerca de Cholame, el ligero y exclusivo Porsche chocó frontalmente con un Ford Tudor 1950 conducido por Donald Turnupseed, un joven estudiante de 23 años. Dean no tuvo tiempo de esquivar el impacto y se llevó la peor parte. Wütherich sobrevivió con heridas graves, Turnupseed apenas sufrió lesiones leves, pero el actor fue declarado muerto poco después de llegar al hospital de Paso Robles. Tenía solo 24 años.
Hay series que te atrapan por la premisa y otras que te ganan por el lugar. "El último refugio" juega a las dos cosas. Te vende una huida y un entorno original... y descubres que es una ratonera múltiple. Bajo la apariencia de thriller criminal con ecos de comedia negra, esta producción australiana convierte la costa salvaje y hermosa de Tasmania en amenazante, un sitio donde esconderse parece una buena idea… durante el tiempo que dura el primer capítulo. Después ya no esconderías ahí ni una bicicleta con candado.
Margo Channing acaba de terminar una de sus rutinarias funciones teatrales. Aunque lo disimula, está exhausta. Sabe que ha llegado a esa edad crítica, implacable con las mujeres y aún más con aquellas que nunca han destacado por su obediencia. Su vida es el teatro, y ese compromiso la ha convertido en una de las principales estrellas de Broadway. Se ha entregado en cuerpo y alma a su oficio, disfrutando de una existencia cómoda y espléndida, rodeada de una cohorte de admiradores y súbditos. Más allá de eso, no hay nada… o mejor dicho, le aterra descubrir qué hay. Esa noche se presenta decisiva. Karen Richards, su íntima amiga y esposa del dramaturgo Lloyd Richards, le ha traído a una admiradora: una joven llamada Eva Harrington, que no es nueva en sus funciones. Ha sido una espectadora habitual, un detalle que le permite acceder al camerino de Margo, un espacio únicamente reservado a la élite. Eva confiesa ser una de las muchas viudas que dejó la Segunda Guerra Mundial en el corazón de los Estados Unidos y que ha encontrado refugio en el teatro, especialmente en el extraordinario talento de Margo Channing, cuya fortaleza escénica le sirve de estímulo para seguir adelante. Como la gran diva que es, Margo, siempre deseosa de tener frente a sí a alguien que le recuerde lo maravillosa que es, le ofrece a Eva la oportunidad de convertirse en su asistente personal. La joven parece servicial, sumisa… pero Margo ignora que Eva está dispuesta a arrebatarle su lugar en la cima.