Actor de método, concienzudo y camaleónico. También extremo, excesivo y cargante. Todo esto lo reúne Sean Penn, que a pesar de todo pocos pueden dudar que es uno de los mejores actores del cine actual. 4 nominaciones al Oscar (ganando la estatuilla por "Mystic river") son un excelente bagaje que se ampliará con la nueva candidatura que logrará esta semana por "Milk", la cinta en la que se mete en la piel del concejal de San Francisco Harvey Milk que inició una revuelta a favor de los derechos de los homosexuales.
La forería se ha decantado por "Mystic River" como el momento en el que mejor ha estado Sean en pantalla. Teniendo otras buenas interpretaciones como “Carlito´s way”, “Pena de muerte”, “Acordes y desacuerdos” y “21 gramos” la verdad es que está muy difícil.
El rodaje de “Mystic River” en Boston despertó un interés inusitado entre la población, hasta el punto de que más de 2.000 personas se presentaron a las pruebas de casting para seleccionar a los extras que pueden verse en la película. Todos querían ver de cerca de Sean y la verdad es que el actor no decepcionó a los que allá se agolparon atendiendo a todos los que se dirigieron a él. Sorprendente cuando suele encabezar la lista de los famosos que más ariscos son con los cazaautógrados.
Penn nunca ha entendido muy bien ese final en el que comparte un guiño con Kevin Bacon en el que éste simula dispararle mientras el otro alza la mirada al cielo encogiéndose de hombros. Una escena de dudosa moral después de haber visto la película para la que Sean también tiene sus interpretaciones: “Clint quería que los actores conociéramos los detalles justos para así hacer creíbles a los personajes. Supongo que el valor que da a la amistad infantil algo tendrá que ver en la relación de los personajes teniendo en cuenta que vivimos en una sociedad que opta por el mal menor”.
Steven Spielberg estrena "El día de la revelación" y el hecho de que el director llegue a las pantallas siempre es un acontecimiento enarbolando con cierta nostalgia una cinta en la que defiende la capacidad de evocar y soñar pero también la necesidad de comunicarnos con aquellos que son diferentes a nosotros. Su regreso a la ciencia ficción hace que exploremos en las incursiones del maestro en el género de la mano de Mary Carmen Rodríguez (también editora del podcast). In Memoriam dedicado a Josefina Molina y Marjane Satrapi y en Leer cine, la biblioteca sonora de Carlos López-Tapia, "Audrey íntima" de Sean Hepburn Ferrer y Wendy Holden, una mirada a la mujer detrás del mito. ¡Muchas gracias por escucharnos!
Esta historia te llevará a hacerte una pregunta. ¿Cuáles son tus recuerdos más antiguos? ¿Qué memoria tienes de ti mismo y de lo que te rodeaba a los tres años de edad? La pregunta surge inevitablemente al terminar el primer capítulo. En el verano de 1992, toda Inglaterra quedó impactada por un asesinato sin sentido. La víctima era una madre joven, de poco más de 23 años, que paseaba con su hijo por uno de los parques más tranquilos de una zona acomodada de Londres. El niño se llamaba Alex y fue el único testigo del asesinato de su madre. Esta serie muestra el crimen en el primer minuto y medio, y lo hace sin que veamos la agresión ni una gota de sangre. Morbo cero. Es una decisión importante para marcar el tono de lo que los tres capítulos de "El testigo" van a mostrar. Lo que más interesa no es la investigación, aunque esté incluida, sino indagar en qué ocurre con una vida marcada desde la infancia, y durante años, por ser la prueba única del crimen.
Si la relación entre Brad Pitt y Angelina Jolie ha definido el Hollywood de lo que llevamos de siglo XXI, y la de Elizabeth Taylor con Richard Burton instauró un nuevo paradigma cultural, la unión de Clark Gable y Carole Lombard elevó a las estrellas a una categoría inédita: la de una realeza moderna, magnética y distante, sometida a un escrutinio hasta entonces reservado a las monarquías europeas. Sin embargo, su historia pertenece a una estirpe excepcional: la de los amores que, nacidos en el corazón industrial de Hollywood, logran quebrar su artificio y asentarse en lo auténtico. En una fábrica de sueños donde los Estudios construían romances como parte de su maquinaria publicitaria, el suyo fue una excepción: una relación sin guion, sostenida por una verdad indomable que desentonaba con el brillo perfectamente administrado del "star system".
El año pasado nos llevamos una sorpresa agradable cuando una serie de ocho capítulos impactó en nuestras pantallas dejando un reguero que afectó a todos aquellos que disfrutan de los cincuenta con suficiente experiencia como para saber aplicarse tiritas en las heridas de toda convivencia. "Las cuatro estaciones" parecía, de entrada, una comedia amable sobre matrimonios que viajan juntos, comen juntos, se interrumpen juntos y se quieren con esa mezcla de lealtad y agotamiento que solo se consigue después de muchos años. Luego vimos que la serie tenía más filo del que aparentaba. No era una postal de amigos maduros con casas bonitas, sino una radiografía con mantel, copa, maleta de fin de semana y una pregunta rondando por debajo de cada conversación. ¿Cuánto de lo que llamamos estabilidad es cariño y cuánto es costumbre con buena cartera?