Ya es un asiduo de nuestro país. Cuatro meses después de presentar "Australia", Hugh Jackman ha vuelto a Madrid más peludo y con más garras para promocionar “X Men Origines: Wolverine”, la película en la que vuelve a meterse en la piel de Lobezno, su personaje más popular. Ahora en una precuela de la saga de “X Men” que se adentra en el inicio del personaje.
Hugh Jackman contó que se preparó físicamente, más de lo que es habitual en el hombre más sexy del mundo según la revista People. Por ello, se sometió a una estricta dieta compuesta por pollo, pescado crudo, verduras hervidas y nada de sal. Todo para darle un aspecto fiero al personaje pero más real. Sobre todo en el peinado ya que Jackman confiesa que con la cantidad de laca que utilizaba para las anteriores entregas ponía en serio peligro la capa de ozono.
Jackman llegó a Madrid con su simpatía habitual y luciendo unos brazos que bien podrían ser candidatos a sustituir a las columnas del partenón. Un tío cachas con alma musical como así ha demostrado en Broadway y en la última ceremonia de los Oscar. Además, muy cercano porque no dudó en visitar el centro de Madrid dando un paseo saludando a los fans y fotografiándose ante la puerta de Alcalá. Después Jackman continuó su ruta promocional por otros lugares del mundo, pero ahora le tenemos en pantalla con “La lista” y el próximo 30 de Abril nuevamente como Lobezno luciendo pelambrera.
Tuvo tiempo para pasarse por el programa de Cuatro "El hormiguero" donde también tuvo algún buen momento. Sirvió para que el programa batiera su record de audiencia histórico y es que Hugh tiene un gancho infalible.
Cuando la actriz Geraldine Chaplin evoca a su padre, en sus palabras se entrelazan el orgullo de ser la hija de uno de los mayores genios del siglo XX y una sensación agridulce: la de tener que justificarse ante una sociedad moralista que no dudó en condenar a Charles Chaplin por su conocida atracción hacia mujeres muy jóvenes. Geraldine nació de la relación entre el director y Oona O'Neill, iniciada cuando la joven (hija del dramaturgo Eugene O'Neill) tenía apenas 18 años, mientras que el creador de "Tiempos modernos" (1936) ya había alcanzado los 54. Sin embargo, y de forma casi paradójica, Oona representó para Chaplin no una repetición mecánica de sus impulsos sentimentales, sino su punto de inflexión: en ella encontró una serenidad desconocida, un amor leal y una estabilidad que contrastaban con décadas de relaciones turbulentas. Oona no solo aceptó el pasado del cineasta, sino que asumió un papel protector frente al mundo exterior, convirtiéndose en su aliada más firme en los años de mayor hostilidad pública y política, y también en la guardiana silenciosa de su intimidad en los años de exilio en Suiza.
La frase que pone en marcha "El juego del asesino" podría parecer una despedida corriente, una de esas fórmulas que se dicen al salir de una tienda o al despedirse de un maître en un restaurante conocido. "Hasta otra". En inglés, "Catch you later". Pero para Huw Miller, 55 años, detective recién jubilado y hombre que lleva tres años durmiendo mal por un caso que le venció, esas palabras no son una cortesía. Son una llave. Abren una habitación cerrada dentro de su cabeza, una habitación llena de víctimas, errores, expedientes y culpa. Y, desde ese instante, nosotros entramos con él, aunque ya sepamos que en las habitaciones de las casas tranquilas las cortinas no deberían moverse tanto.
La nueva "El cabo del miedo" comienza con una imagen, la nuca de Bardem con un ojo tatuado, y una idea, Max Cady ya no regresa como culpable que ha cumplido condena, sino como hombre liberado por nuevas pruebas, un ex convicto que puede presentarse ante el mundo con una palabra peligrosa en la boca: injusticia. Ahí cambia todo. En las películas anteriores bastaba con temer a Cady. En la serie, antes de temerle, tenemos que preguntarnos qué hicieron con él, qué sabían Anna y Tom Bowden, qué callaron y hasta qué punto una familia respetable puede construirse sobre el daño de otro. Esa es la grieta por la que entra Javier Bardem, y entra con una calma de depredador que ha leído el manual de instrucciones de la casa.
Esta es una de esas historias, pocas, que nacen una vez y luego renacen y renacen. Primero fue una novela de 1957, "Los verdugos", de John D. MacDonald. Después fue una película en blanco y negro de 1962, estrenada en España como "El cabo del terror". Casi treinta años más tarde volvió con Martin Scorsese, Robert De Niro, Nick Nolte, Jessica Lange y Juliette Lewis, ya con el título que muchos espectadores recordamos como "El cabo del miedo". Ahora regresa como serie, con Javier Bardem convertido en Max Cady, y lo más inquietante no es que la historia vuelva, sino que vuelva a parecer actual.
Me encanta este chico, está como quiere!
Es perfecto.