«Jamás se había proyectado sobre las pantallas ninguna otra cosa que igualara la efectividad de aquella burla, ni que ofreciera una muestra más devastadora del funcionamiento tan poco práctico de aquella forma concreta de locura criminal...» (El editor sensacionalista William Randolph Hearst, valorando la película).
Mostrar el que una comisaria soviética, absolutamente convencida, que llega a París, acabe por corromperse bajo la influencia capitalista, es todo un problema si no se quiere caer en lo obvio. Ese problema resultó ser el más complejo de resolver manteniendo la dignidad del personaje para Greta Garbo.
La idea se había presentado a la MGM en 1937 y el argumento se basaba en una nota de tres frases que había aprobado la actriz: «Chica rusa saturada de ideales bolcheviques va al capitalista París. Tiene un romance y se lo pasa escandalosamente bien. Después de todo, el capitalismo no es tan malo».
En el primer argumento los tres comisarios rusos no tenían nada de cómico; el protagonista masculino se daba a la bebida al fracasar un negocio y, al final, se iba con Ninotchka a Moscú. Pero si que incluía ya una secuencia en que la actriz reía. Y ese hecho tan simple se consideraba un gancho extraordinario para atraer a los espectadores.
Greta Garbo era la gran estrella del cine mudo, pero también tenía una voz atractiva y pudo dar el salto al sonoro. Aún así, hasta “Ninotchka” sus películas hacían poco más que sustituir subtítulos por diálogos, y no había parado de sufrir en su estilo más intenso y reconocible, que envejecía lentamente. Aunque en el cine sonoro muriera menos veces, solo en “Mata Hari”, en “Ana Karenina”, y en “Margarita Gautier”, siguió renunciando a la felicidad en la pantalla. En toda la década sólo se le permitieron dos papeles más o menos felices: en “Susan Lenox” escapaba de un matrimonio de conveniencia en los brazos de Clark Gable; en “Como tú me deseas” recupera el amor al curarse de amnesia. En pocas palabras, risas de la Garbo no se habían escuchado jamás desde que se instaló en Hollywood la alta escandinava Greta Gustafson con su director y amante Mauritz Stiller.
En posesión de toda su fama, el contrato con la MGM le daba derecho a anular su participación, una opción que pensaba ejercer si no se sentía segura de que no haría el ridículo en la comedia. “El factor más importante en mi decisión de interpretar el papel de Ninotchka fueron las habladurías según las cuales yo era incapaz de representar un papel cómico, por no hablar de un carácter tan complejo como el de Ninotchka. Se me acusó de no saber como sonreír, así que ¿cómo podía actuar en una comedia?. Indudablemente, esas murmuraciones fueron instigadas por los propios estudios con el propósito de hacer imposible mi rechazo.”
Un día se presentó en las instalaciones del estudio para asistir a una reunión con Lubitsch, pero se negó a bajar del coche, así que el director fue al aparcamiento, se sentó a su lado y se pasó dos horas convenciendo a la peculiar estrella para que, en concreto, se despreocupara de la escena en la que se emborracha con champán. Era un momento importante porque la Garbo pronuncia el mensaje que recorre toda la película: «¡Camaradas! ¡Pueblo de todo el mundo!. ¡La revolución ya esta en marcha!. Ya lo sé, caerán bombas y la civilización se derrumbará. ¡Pero todavía no! Os lo ruego, esperad. ¿Qué prisa hay?. Concedednos un momento. ¡Seamos felices!. Somos felices, ¿verdad, León?... qué feliz me siento, pero qué cansada». Y Ninotchka se desmaya en los brazos de León.
Aquello sintonizó con el público más de lo que el Estudio esperaba. En esos momentos caían bombas, la civilización se derrumbaba y el ruego de Ninotchka, «Concedednos un momento», no podía ser más conmovedor.
Pero confundiendo actuar con ser, Garbo no sólo se preocupaba por su imagen en la pantalla sino que también le aterrorizaba comportarse como una tonta borracha ante otras personas en el plató. Durante el rodaje no se podía mirar a la Garbo, no permitía que nadie que no fuera imprescindible estuviera en el plató. Y tenía una especie de sexto sentido que le permitía darse cuenta enseguida de si había alguien mirando mientras rodaba. Llegó a exigir que se pusiera un biombo al percibir la presencia de “extraños”, como ¡los propios guionistas!.
Para ella, era una intromisión en sus secretos más íntimos, porque sabía que su magia no podía verse durante el rodaje. Se trataba del milagro del celuloide en las grandes estrellas. Cuando las “aplana”, reduciéndolas de sus tres dimensiones a una imagen en dos dimensiones, les cambia el rostro , y el espectador cree poder leer en él todos los secretos del alma.
Como todas las actrices de entonces, la Garbo quería a George Cukor, y cuando le anunciaron que la Metro lo sacaba del proyecto para “Lo que el viento se llevó”, había propuesto a Edmund Goulding o a Ernst Lubitsch. A Mayer no le hacía mucha gracia la opción de Lubitsch porque “La viuda alegre” había perdido dinero, pero se decidió a contratarlo, y finalmente acabó accediendo también a la principal exigencia del director: control absoluto sobre el guión.
Lubitsch empezó a rescribir de inmediato el guión con Walter Reisch Pero incluso tras la reescritura, “Ninotchka” seguía necesitando algo que Reisch por sí solo no podía proporcionar, así que Charles Bracket y Billy Wilder se unieron para acabar la estructura, y poner su talento para los diálogos chispeantes.
Wilder, con el humor cínico que tanto le valoraban, recordó la diferencia entre el personaje y la actriz: “Una vez me la encontré en privado, fuera de las ocasiones solemnes de las entregas de premios y de los estrenos de películas. Vivía cerca de donde vivía yo… y cada mediodía hacía jogging en Rodeo Dríve. En aquella época todavía no se le llamaba joggíng. En todo caso, la vi, detuve mi coche y le pregunté, mientras conversábamos -ella con un aspecto sudado y sediento-, sí no quería venir a mi casa a tomar una copa. Yo vivía a la vuelta de la esquina. Ella aceptó sin cumplidos, y cuando llegamos a casa llamé a mi mujer, que estaba en el piso de arriba:
-Audrey, adivina a quién he traído a casa a tomar una copa. »Y ella preguntó: »-¿A quién? »-A la Garbo. »Y ella dijo: »-Y a Howard Hughes y al papa. »Porque creyó que le estaba gastando una broma estúpida, ya que la Garbo era conocida por su timidez, pero había sido precisamente la espontaneidad y lo poco convencional de la situación lo que movió a Greta Garbo a acompañarme. Me di cuenta pronto de que aguantaba muy bien un trago fuerte y se reía con la misma fuerza, mientras se tomaba un martini, y después otro; sudada, con su chándal y diciendo cosas como:
»-Siempre digo que una golondrina no hace verano o siempre creo que hay que forjar el hierro mientras está caliente.
»Era una mujer que decía refranes como si se tratara de conclusiones espontáneas.
»Yo contesté: »-Ah, ¿una golondrina no hace verano? ¿Eso es lo que dice usted siempre?.
Y ella asintió: »-Sí, creo realmente que una golondrina no hace verano. »Y yo: »-Lo encuentro muy bueno.». “Quizás recuerdo esta conversación porque halagaba mí orgullo. En contraste, ¡qué frases tan elegantes y qué réplicas tan graciosas habíamos escrito para Ninotchka y habíamos puesto en boca de la Garbo!.”
Desde luego que Greta Garbo no se distinguía por su chispa, pero era tan consciente de su imagen que logró que Lubitsch, Por primera vez, cambiara un diálogo en el plató. Las frases del guión estaban tan trabajadas y valoradas que el rodaje era simplemente la conversión en película. Pero al llegar Ninotchka a París, se indigna al descubrir que en los trenes hay tres clases, que los pobres se sentaban en bancos de madera, mientras en primera clase los ricos se sentaban en tapizados mullidos, y estaba previsto que dijera: “We communist, we will change this from the bottom up” (“Nosotros los comunistas cambiaremos esto de arriba abajo”). Y en esa frase, la palabra inglesa bottom también podía interpretarse en su acepción de trasero. No quería pronunciar una palabra que significara culo. Lubitsch accedió inmediatamente, porque entendió que no era sólo la pudibundez victoriana de su actriz, sino porque se dio cuenta de que tenía razón. Escucharla decir trasero rompería su imagen de inaccesibilidad, ese distanciamiento que convertía en vulgaridad lo cotidiano. La Garbo sabía que lo vulgar en su caso, tenía que quedar al otro lado de la pantalla.
Ernst Lubitsch, Charles Brackett, Walter Reisch y Billy Wilder, director y guionistas, volvieron a Hollywood juntos después del estreno. Estaban de buen humor, la película había tenido un recibimiento espléndido, y Lubitsch había encendido la luz de la parte trasera de la gran limusina. Leía las tarjetas en las que los espectadores del preestreno habían escrito su opinión de la película. De pronto empezó a reírse a carcajadas. Se reía tanto, que no podía contestar a Wilder, que le preguntaba qué era tan gracioso. jadeando, le alargó la tarjeta, Wilder leyó: «Una película muy graciosa. Me he reído tanto que me he meado en la mano de mí novia.»
Greta Garbo fue nominada por cuarta vez –sin éxito– para el premio de la Academia a la mejor actriz principal de la temporada. En cualquier caso, con Oscar o sin él, logró el aplauso unánime de público y críticos. Fue su última gran interpretación antes de la retirada definitiva.
Esta noche puedes verla a las 22:00 en TCM (dial 46 de Digital +).
Canciones para un programa de radio que ya no está 🙁
Primera Hora
101 - Green Day - Know your enemy.
102 - Skin - Faithfulness.
103 - Songs Ohia - Just Be Simple.
104 - Iron Maiden - Run to the Hills.
105 - Cub - New York City.
106 - Peaches - Operate.
107 - The Darkness - I Believe in a Thing Called Love.
108 - Morrissey - Everyday Is Like Sunday.
109 - The Manhattan Transfer - Soul Food To Go.
110 - Kings of Leon - Sex on Fire.
201 - Green Day - Wake Me Up When September Ends.
202 - Stereophonics - Maybe Tomorrow.
203 - The Jayhawks - Bad Time.
204 - The Offspring - Pretty Fly (For a White Guy).
205 - The Cardigans - Lovefool.
206 - Elephant Stone - Don't You Know.
207 - Kate Bush - Running up that hill.
208 - Johnny Jenkins & Duane Allman - Down along the cove.
209 - Radiohead - All I Need.
210 - Muse - Supermassive Black Hole.
kunboy
16 años atrás
Es bellísima, yo solamente la he visto en ´´La reina Cristina de Suecia´´ y está soberbia.
La frase que pone en marcha "El juego del asesino" podría parecer una despedida corriente, una de esas fórmulas que se dicen al salir de una tienda o al despedirse de un maître en un restaurante conocido. "Hasta otra". En inglés, "Catch you later". Pero para Huw Miller, 55 años, detective recién jubilado y hombre que lleva tres años durmiendo mal por un caso que le venció, esas palabras no son una cortesía. Son una llave. Abren una habitación cerrada dentro de su cabeza, una habitación llena de víctimas, errores, expedientes y culpa. Y, desde ese instante, nosotros entramos con él, aunque ya sepamos que en las habitaciones de las casas tranquilas las cortinas no deberían moverse tanto.
La nueva "El cabo del miedo" comienza con una imagen, la nuca de Bardem con un ojo tatuado, y una idea, Max Cady ya no regresa como culpable que ha cumplido condena, sino como hombre liberado por nuevas pruebas, un ex convicto que puede presentarse ante el mundo con una palabra peligrosa en la boca: injusticia. Ahí cambia todo. En las películas anteriores bastaba con temer a Cady. En la serie, antes de temerle, tenemos que preguntarnos qué hicieron con él, qué sabían Anna y Tom Bowden, qué callaron y hasta qué punto una familia respetable puede construirse sobre el daño de otro. Esa es la grieta por la que entra Javier Bardem, y entra con una calma de depredador que ha leído el manual de instrucciones de la casa.
Esta es una de esas historias, pocas, que nacen una vez y luego renacen y renacen. Primero fue una novela de 1957, "Los verdugos", de John D. MacDonald. Después fue una película en blanco y negro de 1962, estrenada en España como "El cabo del terror". Casi treinta años más tarde volvió con Martin Scorsese, Robert De Niro, Nick Nolte, Jessica Lange y Juliette Lewis, ya con el título que muchos espectadores recordamos como "El cabo del miedo". Ahora regresa como serie, con Javier Bardem convertido en Max Cady, y lo más inquietante no es que la historia vuelva, sino que vuelva a parecer actual.
Había expectación máxima con "El día de la revelación" de Steven Spielberg que, no obstante, ha tenido que sufrir una enfrentada división de opiniones que ha empañado un poco el regreso a la ciencia ficción del celebrado director. Entre los que se dejan llevar por la pura evasión que, en el fondo, es lo que es este canto de entendimiento frente a los demás, y los que achacan sus debilidades en el guión y la incapacidad de Spielberg para mantener el interés y aportar algo que no hayamos visto ya, embebido como está por la nostalgia de un tipo de cine que ya no tiene el impacto de antaño en el público de hoy. 44 millones que arrojan un acumulado de 92,9 millones y que, a pesar de todo, no le impiden ser el mejor debut para una película de Spielberg desde "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal" (2008).
Canciones para un programa de radio que ya no está 🙁
Primera Hora
101 - Green Day - Know your enemy.
102 - Skin - Faithfulness.
103 - Songs Ohia - Just Be Simple.
104 - Iron Maiden - Run to the Hills.
105 - Cub - New York City.
106 - Peaches - Operate.
107 - The Darkness - I Believe in a Thing Called Love.
108 - Morrissey - Everyday Is Like Sunday.
109 - The Manhattan Transfer - Soul Food To Go.
110 - Kings of Leon - Sex on Fire.
201 - Green Day - Wake Me Up When September Ends.
202 - Stereophonics - Maybe Tomorrow.
203 - The Jayhawks - Bad Time.
204 - The Offspring - Pretty Fly (For a White Guy).
205 - The Cardigans - Lovefool.
206 - Elephant Stone - Don't You Know.
207 - Kate Bush - Running up that hill.
208 - Johnny Jenkins & Duane Allman - Down along the cove.
209 - Radiohead - All I Need.
210 - Muse - Supermassive Black Hole.
Es bellísima, yo solamente la he visto en ´´La reina Cristina de Suecia´´ y está soberbia.