Coleccionable Chaplin: “Una mujer de París”, superando la intransigencia moral

Coleccionable Chaplin: “Una mujer de París”, superando la intransigencia moral

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Querido Teo:

“Una mujer de París” es, ciertamente, la película de Chaplin de la que hoy es más difícil hablar. En primer lugar, porque es la más rara. Muchos espectadores, e incluso críticos, para quienes son familiares las obras de Chaplin, no han visto ésta, que es la única que rompe totalmente con el mito de Charlot. Y, sin embargo, su importancia es enorme por el papel que desempeñó en la evolución del cine, tanto en el plano psicológico como en el plano técnico. “Una mujer de París” es tan compleja y tan atípica para la filmografía chaplinesca que bien podríamos estar viendo desde una cinta expresionista de Murnau o una crítica aguda a la hipocresía de las clases altas de la mano de Renoir.

Toda la obra de Chaplin se despliega al margen de un arte cuya esencia respeta y a menudo custodia, pero a cuyas transformaciones permanece ajena. Por el contrario, esta película jalonó una etapa. Charensol ve en ella «el tercer nacimiento del cine». Pues “Una mujer de París” era la revelación de una nueva expresión en la pantalla: en el plano interior, por su psicología y complejidad de sentimientos; en el plano exterior, por su arte de sugestión, mucho más que de representación.

En la época de su realización, fuera del grosero convencionalismo de la mayoría de las películas-acción simplistas, personajes de una sola pieza, sentimientos elementales; el cine apenas se había elevado más que en el sentido de la épica (con Griffith y el «western»), de la poesía (con los suecos) o del arte (con el vanguardismo francés). Chaplin abrió aquí la puerta al cine psicológico. Al mismo tiempo, dio a esta nueva concepción la forma que le convenía, que la valorizaba. Una extremada concisión, un frecuente empleo de la elipsis, reclamaban del espectador, no ya sólo que viera unas imágenes, sino que comprendiese por ellas lo que no se le mostraba. “Una mujer de París” abrió así un camino por aquella sutileza de los temas dramáticos y de su expresión.

Con el papel de "Una mujer de París", regalaba un protagonista a su fiel compañera Edna PurvianceEn el momento de su elaboración Chaplin venía de un recorrido por Europa que le había abierto las miras al entrar en contacto con H.G Wells, con el que pasó un fin de semana en su casa de Essex en el que tuvo que “sufrir” las estrambóticas imitaciones que Wells hacía de su personaje, o James Barrie, el autor de “Peter Pan” que le propuso a Chaplin hacer una adaptación de su obra más popular. Él se negó desconcertado ante la imposibilidad de tocar algo que consideraba tan importante.

Chaplin seguía manteniendo una vida amorosa frenética y rauda con diversas mujeres, una de las más destacadas de esta época es Peggy Hopkins-Joyce, una cortesana que a la postre sería la inspiración de “Una mujer de París”. Chaplin pasaría con ella dos semanas en la isla Catalina empapándose de todo ese ambiente de dominación ante los hombres que desprendía Peggy pero con la consideración popular de “gran dama”, a pesar de los escándalos recogidos en la prensa, ante las buenas relaciones mantenidas con los millonarios del momento. Escándalos que pasaban a ser considerados “picardías de la clase alta” y que tenían hasta un halo de coqueteo femenino cuando no consistían en otra cosa que gastarse un millón de dólares en compras durante una semana o conseguir que le regalaran el diamante más grande, que existía hasta ese momento, valorado en 127 kilates.

Ese ambiente liberal, prácticamente encuadrado en sus respectivas burbujas alejadas del mundanal ruido exterior, no era nada acorde con la ola de puritanismo que asoló Hollywood y que tuvo su episodio más conocido con la muerte de la aspirante a actriz Virginia Rappe en la casa de "Fatty" Arbuckle, hecho que dilapidó su carrera. Hollywood era considerada la nueva Babilonia y, por ello, productores y exhibidores establecieron una alianza para garantizar la moralidad de las películas constituyendo el 15 de Enero de 1922 la Motion Picture Producers and Distributions, estableciéndose el “código Hays” ante el nombramiento de Will Hays, ex ministro del Gabinete Harding, como cabeza visible de la institución. El cine sufrió su primera “caza de brujas”, en este caso más moralista que la ideológica que llegaría tres décadas después con el senador McCarthy.

"Una mujer de París" es un drama que suponía una gran crítica sobre la intransigencia moral y que supone una película atípica dentro de la obra de ChaplinChaplin no se amedrantó, a pesar de las amenazas, y preparó su primera película con la United Artists, una vez que con “El peregrino” había terminado su contrato con la First National. “Creo que será la obra más importante de mi carrera. Y nadie más que yo mismo puede comprender hasta que punto soy revolucionario al adoptar estos métodos”, y es que aunque sonaba endogámico Chaplin tenía razón cuando se fue consciente de la dimensión psicológica que daba a “Una mujer de París”. Tan revolucionaria fue que marcó un hito en su carrera que luego jamás volvería a repetir salvo en su última película. Chaplin simplemente se reserva un cameo imperceptible porque la película fue un regalo para Edna Purviance, su fiel compañera desde los primeros tiempos, con el fin de recompensarla por diez años de sacrificio a su lado y de papeles siempre supeditados a los del vagabundo. Era la gran oportunidad para Edna, aunque el destino haría que más que eso fuera su última película juntos.

“Una mujer de París”, título definitivo después de desechar el demasiado provocador “La opinión pública”, se estrena en Londres el 1 de Octubre de 1923. Elogios, censuras y gestos de incertidumbre ante la nueva película de Chaplin. ¿Dónde estaba el vagabundo?. Chaplin había dejado salir al artista como principal muestra de que pocos podrían callarlo. En los Estados Unidos es prohibida en quince Estados por la defensa que se hace a una mujer “pecadora” y por la condena que allí Chaplin realiza a la intransigencia moral. Todo un golpe para la Usamérica de las buenas costumbres y la moral limpia.

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Nacho Gonzalo (Coronado)

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