“Anna Karenina”

“Anna Karenina”

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El argumento: La historia tiene lugar en el siglo XIX y explora las relaciones entre los miembros de la alta sociedad rusa. Anna Karenina, una mujer de la alta sociedad que se enamora del joven y apuesto oficial Vronsky, abandona a su esposo y a su hijo para seguir a su amante.

Conviene ver: Joe Wright ha teatralizado más que nunca el clásico de León Tolstói “Anna Karenina” sirviéndose de una alegoría estética que le permite apuntar que las pasiones de la alta sociedad son dignas de ser visitadas desde las entretelas o las butacas de un gran escenario. Un teatro abandonado que evidencia la decadencia de la alta clase rusa del siglo XIX. Eso le da un nuevo aire a una adaptación que arriesga por basar el diseño de producción en un mismo escenario que va cambiando de manera prodigiosa ante nuestros ojos pasando de la fría estepa, una competición de caballos, los salones de bailes más suntuosos, o una zona campestre, utilizando casas de muñecas y trenes de juguetes como artificiosos elementos de soporte artístico demostrando la impersonalidad de una época en el que las apariencias lo eran todo. Recuerda a un Baz Luhrmann más sobrio y equilibrado. Wright demuestra una vez más ser un gran director de finura arquitectónica que a veces es engullido por un ego que le hace querer alardear en cada escena, eso en algunas ocasiones ofrece un resultado bellísimo y en otras una sobrecargada petulancia. El guión del dramaturgo Tom Stoppard es sólido y trata los temas claves de la novela pero termina careciendo de una profundidad que vaya más allá de la estética y de la puesta en escena del director, aunque es de alabar condensar de manera eficaz la vasta obra del autor basada en Maria Hartung, hija del poeta ruso Aleksandr Pushkin. El apartado técnico raya a gran altura resaltando el diseño de producción que recuerda a “El gatopardo”, el completísimo vestuario y la música de Dario Marianelli que se mueve entre referencias rusas, melodías románticas y dramáticas, y su habitual jugueteo con sonidos como es en este caso el traqueteo humeante de un tren recordando a la máquina de escribir en la que basó el tema principal de “Expiación”. Y es que la película parece ser concebida como un musical en su planteamiento con elaborados números de baile. Keira Knightley lleva como nadie los corsés y los trajes de época pero no está a la altura del personaje quedando patentes sus limitaciones como actriz. En cambio Jude Law sorprende avejentado y lleva a cabo una de sus mejores interpretaciones con gran sobriedad como alto funcionario ruso despechado, que es el que sufre una evolución en la historia más conseguida, demostrando que conforme vaya madurando puede ir creciendo como actor y presentarnos otros registros interesantes. El que se lleva la peor parte es el Vronsky de Aaron Taylor-Johnson que parece un bailarín asexuado de coreografía de la MTV con un peinado imposible y no demostrando el magnetismo que provoca que Karenina pierda los papeles por él como una loba en celo. Cumplen bien en papeles secundarios un divertido y vividor Matthew Macfadyen, el lirismo romántico lleno de ternura que mantiene la subrama de los personajes de Domhnall Gleeson y Alicia Vikander, así como Emily Watson, Kelly Macdonald, Ruth Wilson, Michelle Dockery y Olivia Williams. No es un trabajo redondo, siendo su principal tara la frialdad emocional y la poca química del triángulo pasional, pero si se ve sin prejuicios ofrece una satisfactoria experiencia en la sala de cine siendo meritorio el esfuerzo de Wright de hacer algo distinto con un clásico literario inmortal.

Conviene saber: Oscar 2013 al mejor vestuario a cargo de Jacqueline Durran. Keira Knightley toma el testigo de actrices que encarnaron a Karenina como Greta Garbo en 1935, Vivien Leigh en 1948 o Sophie Marceau en 1997. Otras adaptaciones son las televisivas de 1961 con Claire Bloom, 1977 con Nicola Pagett, 1985 con Jacqueline Bisset y 2000 con Helen McCrory. También existe una película rusa de 1967.

La crítica le da un SEIS

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