“Breve encuentro”, 75 años del amor más puro y cómplice

“Breve encuentro”, 75 años del amor más puro y cómplice

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Querido Teo:

Probablemente una de las obras cumbres del cine romántico es “Breve encuentro” de David Lean, cinta británica que adaptaba la obra “Still life” de Noël Coward. La que fue una de las cintas presentes en la primera edición del Festival de Cannes en 1946 nos narra el romance surgido entre una ama de casa y un médico. Los dos tienen sus respectivas familias y se conocen de una manera casual en una sala de espera de una estación de trenes. La buena sintonía entre ambos hace que cada semana se vuelvan a reunir en la estación mientras siguen cumpliendo con sus rutinarias vidas y de esa manera surge un amor tan pasional como imposible de materializarse. Ahora se cumplen 75 años de “Breve encuentro”, una cinta imprescindible y cumbre a la hora de reflejar este sentimiento en el cine de manera más cómplice y sentida que puramente pasional.

Celia Johnson (nominada al Oscar y premiada por los Críticos de Nueva York) y Trevor Howard están perfectos como esos extraños con unas vidas aparentemente resueltas que encontraron en el otro lo que estaban esperando: el amor. La historia de esta relación imposible se desarrolla siguiendo la técnica del flashback por la que partiendo del desenlace, volvemos al punto de partida siguiendo la historia desde el punto de vista de Laura.

David Lean logra crear una película mágica y reparadora en unos calculados 85 minutos que mantienen vivo el interés de la historia dando importancia a la sutilidad y naturalidad de sus diálogos aportando un tono intimista, elegante y evocador utilizando como leitmotiv el sonido del piano del Concierto nº 2 de Sergéi Rachmaninov que sobrevuela durante todo el metraje.

“Breve encuentro” es considerada una de las obras más recordadas de la Historia del cine y quizás sólo el cinismo con el que los críticos se enfrentan a las cintas que simplemente hablan del amor le hace en ocasiones no ocupar posiciones más altas. En todo caso, Billy Wilder y el guionista I.A.L. Diamond se inspiraron en uno de los personajes secundarios de la cinta, el amigo que les presta las llaves de su apartamento para que compartan un rato de intimidad, para crear al inolvidable C.C. Baxter encarnado por Jack Lemmon en “El apartamento”.

La historia que narra “Breve encuentro” ha servido para que la base de su argumento haya tenido guiños y un sinfín de homenajes destacando las versiones protagonizadas por Richard Burton y Sophia Loren en 1974 y la de Robert De Niro y Meryl Streep una década después y que se llamó “Enamorarse”. Además, en 2009, el compositor André Previn también transformó en ópera de este drama romántico que tiene como fuerza emocional la voz en off de Laura y una música evocadora abordando con naturalidad la cotidianidad de la clase media envuelta en una rutina que, sin provocar la infelicidad, sí que deja diezmada la posibilidad de volver a sentir un amor de una manera casi única, como si fuera un sueño del que temes despertar pero del que sabes que tampoco puedes ir más allá si no es haciendo daño a otros que no se lo merecen.

“Breve encuentro” es una pieza en el que no se idealiza el adulterio pero sí la necesidad que todos tenemos de sentirnos vivos, queridos y deseados o, simplemente, encontrar a esa alma gemela que no tiene porqué ser más difícil que encontrar que un minotauro. Aun así  la historia de estos amantes es muy fiel a su época, al contexto histórico, los tabúes, las miradas silenciosas y esa sensación de prohibido que te hace querer tocar esa sensación, y que permanezca viva, pero con la intención de no llegar a quemarse, especialmente debido a la concepción moral que tiene uno en su cabeza, más cuando está asentado personal y socialmente, frente al amor libre y sin ataduras cuyo reflejo se puso más en boga en décadas posteriores. Una cinta que, en todo caso, es mucho más profunda y reveladora que ser sólo la historia de amor de dos amantes, sabiendo transmitir el cosquilleo que sienten ambos en su interior pero también el dolor que todo ello les provoca.

“Breve encuentro” habla de lo fortuito, del azar y del destino que nos invita a querer seguir estando vivos abrazando estímulos, sensaciones y vivencias porque nunca sabes lo que la existencia nos tiene deparados al doblar la esquina. Un amor imposible fruto de la casualidad que hace que ese jueves, ese primer jueves, no vaya a ser un día cualquiera. Una chispa de conexión, iniciada con una mota de hollín en el ojo, que se transforma en amistad y que, casi sin darse cuenta, hace brotar la llama del amor más intenso y puro. Un amor conmovedor pero también tendente a no ir a más debido al sentimiento de culpa que les invade en pro del concepto de decencia en el que se han criado.

La cinta de David Lean, que posteriormente sorprendería en Hollywood con auténticas aventuras y epopeyas, lleva aquí un brillante ejercicio de simbolismo aprovechándose de gestos y detalles. Laura y Alec en el café tienen una proximidad física que nunca vemos entre Laura y su marido, un hombre ensimismado y enfrascado en su rutina. El sonido del tren marca la fugacidad de cada encuentro, el inicio y el final de esa burbuja que han construido la pareja, así como la mirada de Laura buscando a Alec a través del andén, o la posición de una mano en el hombro más que como apoyo y consuelo como resumen y coda de un amor inolvidable y más intenso que muchos a pesar de su representación en pantalla de una manera más emocional que carnal.

En “Breve encuentro” cada destalle está pensado y contrasta la luminosidad de las ensoñaciones de Laura, o los paseos por el campo, con las calles oscuras y golpeadas por la lluvia cercanas a la estación, representando todo ello como testigo de lo que luego serán las lágrimas y el aprecio de sólo una página de recuerdos en el álbum de fotos de una existencia. Uno de esos momentos de la vida en los que, siguiendo la expresión popular, se presentan uno de esos trenes en los que hay que decidir si subirse a él (o no) con todas las consecuencias que ello implica.

“Breve encuentro” se estrenó en el Reino Unido en plena efervescencia de la victoria de los Aliados en la II Guerra Mundial. La cinta no funcionó como se esperaba, seguramente por su estilo introspectivo y más de autor que comercial, pero con el tiempo fue reivindicada a pesar de que en algunos países no fuera bien vista por la forma de tratar el adulterio. Ganó en el Festival de Cannes en 1946, obtuvo 3 nominaciones al Oscar (director, actriz y guión) y el British Film Institute la eligió en 1999 como la segunda mejor película del cine británico, solo superada por “El tercer hombre” de Carol Reed.

“Breve encuentro” no pudo verse en los cines españoles hasta 1968 debido a que el adulterio en pantalla según la censura sólo podía ser representado a través de la tragedia para sus artífices como castigo por su forma de actuar. Aun así, eso no ha impedido que “Breve encuentro”, que para muchos es en su intimismo la mejor demostración de esa Inglaterra de la posguerra, sea una de esas películas imprescindibles a la hora de dejarse llevar por una de esas historias tan auténticas como más grandes que la propia vida.

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Nacho Gonzalo

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