Cannes 2016: La salvación paternofilial de “Toni Erdmann”, el exilio de Rithy Panh y el fanatismo bíblico

Cannes 2016: La salvación paternofilial de “Toni Erdmann”, el exilio de Rithy Panh y el fanatismo bíblico

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Querido Teo:

Las circunstancias de un Festival como el de Cannes entre proyecciones, ruedas de prensa, colas, artículos y podcast (además de sacar rato para algo tan básico como comer y dormir pero que queda algo en segundo plano ante el trasiego) provocan que alguna tenga que ser la sacrificada y en esta ocasión le ha tocado a “Ma loute” de Bruno Dumont, una de las cintas que compiten a concurso y que es una comedia delirante (pero sin querer serlo en teoría) con Fabrice Luchini (que está hasta en la sopa) y Juliette Binoche (nombre que no se puede disociar de Cannes) también calificada de tediosa. Intentaremos recuperarla. En su lugar hemos visto “Neruda” de Pablo Larraín, una estupenda película de la que te hablaré en otro momento. Vamos allá con el resto de películas que hemos visto en el día de hoy.

Si el año pasado fue Go West de “Mountains may depart” el que puso ritmo al certamen con este pegadizo tema, es “Toni Erdmann” la que se marca una gran escena de cinco minutos con la actriz Sandra Hüller interpretando en una reunión familiar (a la que acude como visita inesperada) el The greatest love of all de Whitney Houston. Pongámonos en situación. Maren Ade ha presentado una película de la que había mucho miedo debido a su duración (casi tres horas) y a su temática (la clásica historia de padre que en un viaje reconecta con su hija, o al menos lo intenta). A pesar de todo ello, y teniendo en cuenta que desde luego la cinta no da para semejante duración, lo que provoca más de algún bajón y sobre todo estampas perfectamente separadas innecesariamente alargadas, ha sido un disfrute su visionado siendo la película que, a pesar de esas imperfecciones, logra erigirse como toda una sorpresa por un guión que sabe sacar partido a las situaciones, algunas llegando a lo grotesco pero siendo creíble en todo momento y nada ridículo, y sobre todo debido al carisma de sus dos actores, Peter Simonischek, un sesentón con corpachón y con el suficiente corazón (aunque parezca en un momento que se pegue como una lapa impidiendo dejar a su hija ser libre) para ser la persona que le haga replantear a su hija las cosas importantes de la vida y, sobre todo, facilitando que se encuentre a sí misma intentando avanzar hacia la felicidad en el que un trabajo en una gran multinacional alemana en Bucarest le quita toda espontaneidad. A pesar de que Simonischek se lleva las risas desde la primera escena de la película, con esos dientes postizos que se quita y pone como seña característica, y quedando siempre patente la habilidad para disfrazarse del personaje, es Sandra Hüller la que crece como personaje y actriz convirtiéndose en el auténtico valor de una película, siempre sorprendente y que saca la risa sobre un trasfondo dramático, en una interpretación matizada, que va desde el aplomo con el que aborda su vertiente profesional hasta el punto desinhibido de la citada canción o esa particular e improvisada fiesta nudista, hasta la vulnerabilidad que desprende en su relación con los demás personajes. Y sí, aunque la duración es excesiva, o el argumento visto en más de una dramedia USA, la película nos gana con la misma honestidad y frescura con la que este padre intenta devolver a su hija a la senda de la felicidad creando ese entrañable personaje de Toni Erdmann entre lo pesado, ingenuo, pero claramente conciliador y catalizador con momentos que van desde su encuentro con las compañeras de su hija o el de homenaje, en cierta manera, a Chewbacca. Sí, algo tan loco se ha colado en la sección oficial pero quizás ese tono de fábula y, lo dicho, esa injustificable duración, le hace perder papeletas para la Palma de Oro pero desde luego se mete ya en el top de película más disfrutable del certamen y en una gran baza en las categorías interpretativas. Si no fuera porque en USA esta historia ya se las conocen de cabo a rabo apostaríamos por un remake con Mickey Rourke y una versión algo más joven de Helen Hunt.

Cannes2016ToniErdmann02

Fuera de concurso se veía “Exil” de Rithy Panh en el que, siendo comprensible el dolor del pueblo camboyano del que el director y su familia es víctima y que llevó a grandes cotas con “S21: La máquina roja de matar” y “La imagen perdida”, termina siendo ahora un documental forzado, que se regodea en la tragedia y que es un manifiesto más existencialista y filosófico que emocionante y de denuncia. A ello contribuye un estilo formal pretencioso en una historia que pretende ser global pero que termina siendo una vía del propio Panh para quitarse los fantasmas de encima. Toda una pena y, aunque suene duro decirlo, el director debería virar a otras direcciones ya que de su radiografía del dolor y de la crueldad humana ya parece que no le quede nada más para contar.

Cannes2016Exil

En Una cierta mirada se ha podido ver “Uchenik” de Kirill Serebrennikov, una historia sobre un joven fanático de los versículos religiosos que empieza a cuestionar a su familia, compañeros y profesores sobre el uso de moral y buenas costumbres que se debería de seguir siempre con la Biblia en la mano para soltar frases textuales de los evangelios para cimentar sus afirmaciones. Una cinta que lleva a un ámbito cotidiano y muy cercano el tema de los extremismos religiosos de los que siempre se habla a efecto de terrorismo. Aquí es algo mucho más mundano, pero no por ello menos inquietante y terrible. Y es que lo que empieza como inocentes preguntas (“¿deben llevar las chicas bikini?”, “¿es verdad la teoría de la evolución?”) acaba siendo una tiranía de la fe que arrastra psicológicamente a todos los que entran en conexión con ese chico; especialmente su madre, su profesora de biología y un compañero suyo, inocente marginado, con una tara en la pierna que acaba fascinado por los dogmas que éste le intenta inculcar como si fuera el discípulo al que hace referencia el título de la película en su versión francesa. Una cinta que, a pesar de estar estructurada a través de las diatribas de estos textos bíblicos, gana en intensidad conforme va creciendo teniendo conexiones con cintas tan intensas como la alemana “La ola”, la ucraniana “The tribe” o la francesa “Les démons” y brillando en la parte del guión y en la actoral con escenas realmente subyugantes como todas las que mantienen los dos compañeros entre sí (con un subtexto de dependencia romántica interesante) y también las conversaciones y debates del claustro de profesores en medio de este conflicto entre la religión y la ciencia en ese defecto tan humano de pretender etiquetar a inocentes y culpables.

Cannes2016Uchenik

Nacho Gonzalo

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