Cannes 2016: Un Woody Allen descafeinado y la oda de Cristi Puiu al costumbrismo de las reuniones familiares

Cannes 2016: Un Woody Allen descafeinado y la oda de Cristi Puiu al costumbrismo de las reuniones familiares

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Querido Teo:

Arranca el Festival de Cannes 2016 rodeado de importantes medidas de seguridad aunque eso no ha impedido que el certamen luzca como se merece. Estrellas, o al menos expectativas de ellas ya que los mortales tienen difícil encontrárselas al no ser que sea colándose en alguna rueda de prensa o de manera fortuita en la luminosa y mediterránea croisette. El Festival lo hemos encontrado todo en su sitio y como lo dejamos el año pasado; con el mismo petardeo, colas, tiempo variable y, sobre todo, mucha ilusión y pasión por el cine para el cada vez más incesante peso que tiene el número de acreditados de la prensa online. El día ha arrancado con el “Café Society” de Woody Allen (ya es un clásico de Cannes siendo la cuarta película del director que inaugura el Festival tras “Días de radio”, “Un final made in Hollywood” y “Midnight in Paris”) y con una apuesta rumana puramente festivalera.

“Café Society” es la primera película de Woody Allen rodada en digital, lo que realmente le da vistosidad y empaque pero el realizador de 80 años no ha podido redimirse tras “Irrational man”, para el que escribe uno de los fiascos de la edición del año pasado y de toda la filmografía de Allen. La cinta parece que quiera contar muchas cosas pero finalmente es un ejercicio rutinario y sobre todo tan liviano como un algodón de azúcar, algo que a lo que el director nos tiene demasiado acostumbrados recientemente con cintas como “Magia a la luz de la luna”. Hay buenas ideas pero la verdad es que muchas son repetidas y en ella encontramos réplicas que recuerdan a los padres de “Días de radio” o al diseño de producción de “Balas sobre Broadway”.

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La cinta es la historia de un joven fascinado por los focos de Hollywood que viaja a la meca del cine para trabajar con su tío, un importante ejecutivo de los Estudios, pero que acaba prendado de la joven secretaria de éste, para colmo su amante. El problema es que la temática de la industria, que podría haber dado mucho juego, se pierde solamente en una sucesión de nombres dicho por otros personajes con anécdotas sobre Irene Dunne, Errol Flynn, Joan Crawford o William Wyler; algo que queda como un pegote para justificar el contexto temporal. Y es que la criticada “¡Ave, César!” de los Coen sí que nos introducía de manera más efectiva, aunque más satírica, en el seno de Hollywood. Por medio los líos corruptos del hermano del protagonista con un siempre destacable Corey Stoll, la inocencia de una prostituta en su primer trabajo con una siempre divertida Anna Camp, el estilo “bon vivant” de los amigos neoyorquinos del protagonistas, o la dualidad sentimental de ese joven (Kristen Stewart vs. Blake Lively) que empieza como un imberbe despistado y que acaba en poco tiempo (y sin explicarse muy bien) como el Rick de “Casablanca” contraponiendolo con un arranque del film que pretende ser puro Hollywood. Es una pena que la cinta sólo se sostenga en una puesta en escena más vistosa (ayuda la fotografía de Vittorio Storaro) de lo que suele ser habitual en sus últimos trabajos y en la química de Jesse Eisenberg y Kristen Stewart, dos actores que asociaríamos como sosos y monocordes pero que se sienten cómodos trabajando por tercera vez juntos. Eso sí, el robaescenas de la cinta es Steve Carell más por talento que por definición del personaje. Woody Allen tristemente, y aunque duela decirlo, es más ahora un viverrentas que un genio que por promedio de películas con calidad en su filmografía  lo justifique. El nombre manda y Cannes ofrece una nadería que se evapora en el recuerdo.

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El reto del día era enfrentarse con la primera película a competición. Una cinta rumana llamada “Sieranevada”, con un título que no se sabe muy bien a que es debido, que es la primera participación de Cristi Puiu después de granjearse un nombre con títulos como “La muerte del señor Lazarescu” o “Aurora”. En este caso nos adentra en una reunión familiar tan costumbrista y berlanguiana que acaba abandonando la pose de autor más erudita para equilibrar bien un tono siempre acertado entre el drama introspectivo con los traumas de cada uno de esos personajes (es necesario casi tener un árbol genealógico como el de la dinastía de los Stark de “Juego de tronos”) y la comedia de fina ironía y réplica ágil. A pesar de un prólogo cadencioso y plomizo, que no parece augurar lo mejor para las tres horas que van por delante, la cinta gana en una conversación en el coche entre el médico protagonista (y catalizador del resto de personajes) y su mujer sobre una función escolar con la influencia de personajes Disney para después encerrarnos como auténticos voyeurs en un reducido piso con más afluencia que el metro en hora punta y en el que apenas hay cortes de montaje con personajes entrando y saliendo de las habitaciones, mas afanados en los preparativos del encuentro que en todo lo que tienen que contarse y que poco a poco va aflorando. Asfixiante pero revelador y cotidiano a la hora de mostrar a hijos, hermanos, amigos, parejas y hasta un cura ortodoxo en una cinta desarrollada en una jornada sabatina de reunión, de recuerdo ante el padre fallecido y de eclosión de reproches y derivas afectivas y politicas. Una cinta que cala, difícil de recomendar a un público más amplio, pero de indudable valor universal por lo bien que retrata ese sentimiento de reunión familiar debatiendo tanto en problemas rutinarios y personales como otros más globales como la amenaza del terrorismo con ataques como el 11-S, el del semanario Charlie Hebdo o el fanatismo religioso internacional. Una cinta que es carne de un festival como este, siempre tendente a un estilo de cine austero y de autor que aquí, en vez de sonar pretencioso, logra tratar temas importantes de una manera tan sencilla y directa que es de alabar aunque podria haber quedado perfecta y mucho mas exportable con 45 minutos menos. Esto no ha hecho más que empezar pero sí se aviva su recuerdo los próximos días tenemos candidata al palmarés.

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Nacho Gonzalo

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