Cannes 2018: Nadine Labaki revoluciona la recta final y Matteo Garrone se introduce en la Italia más sucia y corrupta

Cannes 2018: Nadine Labaki revoluciona la recta final y Matteo Garrone se introduce en la Italia más sucia y corrupta

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Querido Teo:

La 10ª Jornada del Festival ha revolucionado todas las apuestas con el ciclón de Nadine Labaki de la que ya se rumoreaba que su película había gustado mucho a la organización a la hora de hacer la selección. “Capharnaüm (Capernaum)” es una gran baza para la Palma de Oro por su mensaje pertinente con ese runrún que habla de que este año la Palma volverá a ser para una mujer (sólo se ha premiado a una en 70 años). La cinta tiene muchas cosas a favor ofreciendo una pobreza y miseria universal y adaptable al espectador, en una perspectiva muy “Hollywood friendly”, que la lleva (no de una manera tan dulcificada) a películas recientes como “Slumdog millionaire” o “Lion”. También se ha visto en competición lo nuevo de Matteo Garrone, “Dogman”.

“Capharnaüm (Capernaum)” es el nuevo trabajo como directora de Nadine Labaki (“Caramel”, “¿Y ahora adónde vamos”?) y ha pulverizado todas las apuestas por el desparpajo que tiene a la hora de narrar la odisea de un niño de 12 años en un pequeño pueblo de El Líbano que se rebela contra sus padres imponiendo una demanda judicial en su contra hastiado de vivir con ellos y de su doble moral a la hora de cuidar a sus hijos, no importándoles traer hijos al mundo de esa manera, iniciándose un proceso que parte de una premisa tan rocambolesca como sugerente pero que sirve para tratar temas como la irresponsabilidad paterna y la falta de oportunidades para unos críos desamparados y condenados a su suerte entroncándola en cierta manera con “Nader y Simin, una separación” o “Gett: El divorcio de Viviane Amsalem”. Precisamente, el núcleo emocional de la película es la particular alianza que termina teniendo con un “medio hermano” que le sale cuando conoce a una madre soltera etíope y del que tendrá que hacerse cargo por las mugrientas calles del país. La película puede en algún momento pasarse de alardear y dar vistosidad a la pobreza y darle incluso un toque luminoso, picaresco y humorístico, pero eso sin duda lo que hará es convertiral en un plato mucho más accesible y exportable para el resto del mundo en una cinta con secuencias muy poderosas, trascendencia en su mensaje y un gran trabajo de dirección de actores ya que Labaki, no sólo ha dado forma y consistencia a una película que llega al espectador con fuerza emocional pero nunca pretendiendo manipularle de manera demasiado evidente ayudada también por la música y la puesta en escena que le da un aire muy hollywoodiense sin renunciar a la cuota de autor, sino también en saber dirigir y captar las reacciones de sus jóvenes actores tirando de intuición y naturalidad genuina en un proceso muy orgánico que lleva a que la película sea lo que es gracias al trabajo de los dos niños (uno de ellos un bebé de apenas un año que es todo expresividad y verdad) que asumen la vida que se les presenta con obligada madurez ante su adversidad. Aunque muchos le critiquen a Labaki precisamente adoptar una mirada más propia de una extranjera (influida por el mercado internacional que ya le llevó a ganar el Premio del Público en el Festival de Toronto con su anterior trabajo) que de verdaderamente una ciudadana pegada a la realidad de su país (otra crítica es que se reserve el bienintencionado papel de la abogada como conciencia moral de la historia), la cinta tiene muchos argumentos para alzarse con la Palma de Oro este año por calidad, contundencia, mensaje y poder desde Cannes lanzarla como uno de los títulos más destacados de la próxima temporada de premios de cara al Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Un primer plano final arrebatador hace que la risa y la lágrima se den de la mano y confluyan y emerjan de manera definitiva tras todo el peaje de una película, que se ve durante todo momento entre la sonrisa y el estupor, y que realmente es el trabajo más redondo de Labaki y su salto definitivo como realizadora por su manejo de la cámara y de la tensión y emoción que atesora su historia.

Matteo Garrone lleva a cabo con “Dogman” su cuarta participación en el Festival de Cannes, saliendo con “Gomorra” en 2008 y “Reality” en 2012 con sendos Gran Premio del Jurado. “Dogman” nos lleva a la Roma fangosa, empedrada y suburbana, más propia de la Italia del sur, de suciedad grotesca, miserable y amoral marcada por la mafia y por un pasado que siempre vuelve y que se pretende esconder bajo la alfombra. Dura, difícil de ver pero con un gran trabajo de Marcello Fonte que sube como la espuma en las quinielas de mejor actor siendo comparado con un joven Al Pacino por un personaje ambivalente malversado por su entorno lo que le lleva a un cuestionable pero muy propio sentido de la justicia ante la hostilidad de lo que le rodea en casi la definición de un western en el que manda la ley del que golpea el último, no el más fuerte. Cine negro que juega con la fábula pero sobre todo por la degradación de un tipo que se mueve en la fina línea de la víctima de su pasado pero también de ser un verdugo por algo que hizo atrás, una tortura alevosa, pero que no le abandona a pesar de que haya rehecho su vida como cuidador de perros en una sucia peluquería canina y tenga una niña pequeña. Efectista con una violencia latente que no necesita ser visual para que se sienta en todo momento, desde en los actos como en los diálogos de los personajes, y que es un nuevo puntal de la filmografía de Garrone que nos recuerda a la fuerza de “Gomorra”, aunque menos ambiciosa temáticamente y con algo más de humor negro, en este viaje a los infiernos de su protagonista en la que el director vuelve a demostrar su habilidad para crear universos más allá de los obvios y de los que emergen en apariencia.

En Una cierta mirada se han proyectado las dos últimas películas a competición. En “The gentle indifference of the world” de Adilkhan Yerzhanov se nos lleva a una historia en la que, tras la muerte de su padre, la hermosa Saltanat debe abandonar la vida tranquila de su pequeña aldea para casarse, como estaba convenido, con un hombre rico en la ciudad. Su madre, sumergida por las deudas, espera su ayuda en la cárcel. Su amigo de la infancia, el fiel Kuandyk, la acompaña y la cuida enamorado. Una curiosa mezcla de géneros que de tan críptica que pretende ser, entre el cine negro, el de yakuza y el puro surrealismo, termina siendo una experiencia confusa y bastante complicada de ver y de entender.

Por su parte, “In my room” de Ulrich Köhler es una curiosa historia apocalíptica en la que tras un encuentro romántico el protagonista ve que toda la humanidad ha desaparecido quedando recluido en su particular ecosistema. Destaca por su originalidad y por una premisa que reinventa un poco el sobado subgénero pero que confirma el enorme contraste que hay entre las diversas temáticas y estilos de las películas que están en Una cierta mirada.

Y para desengrasar el documental “Whitney” que ha rodado Kevin Macdonald y que, evidentemente, recuerda mucho al oscarizado trabajo de “Amy” en que en esta ocasión la recreación de los hechos se basa más en declaraciones de los que estuvieron a su lado (su ex marido Bobby Brown, familiares, managers, amigos, etc…) al no contar con tanto material propio de las redes sociales como era el caso de la también malograda cantante. Sin ser nada novedoso es un magnifico tributo a la artista, la persona y como la oscuridad fue devorando su vida con el material de las opiniones de varias decenas de allegados. Leyenda de un mito que tocó el cielo y que tuvo en su familia, tanto los mejores genes artísticos, como los causantes en cierta manera de ese oscuro devenir que nadie supo parar entrando el documental en terrenos como la subordinación a su familia, su posible bisexualidad y su rastro de caídas al vacío . Un trabajo lleno de vida ante la fuerza de la iconografía pop de Houston, con temas que siguen siendo números 1, pero también de tristeza por la artista que se fue y por el hecho de que su hija, poco después, y criada entre drogas y adicciones siguiera sus tristes pasos.

Nacho Gonzalo

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Comentarios

Alba - 18.05.2018 a las 08:05

Enhorabuena, Nacho, otra vez por tus crónicas desde Cannes. Leerlas es lo primero que hago todas las mañanas. Amenas y profesionales. Me hacen seguir el día a día de un festival tan importante a la vez que estar informada de todo el cine por venir. Gracias.

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