Cannes 2021: Wes Anderson repite la fórmula, fiebre en la Rusia postsoviética, Julia Ducournau desmonta el concepto de identidad y Asghar Farhadi coloca al ciudadano frente al sistema

Cannes 2021: Wes Anderson repite la fórmula, fiebre en la Rusia postsoviética, Julia Ducournau desmonta el concepto de identidad y Asghar Farhadi coloca al ciudadano frente al sistema

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Querido Teo:

El Festival de Cannes necesita estrellas pero también buenas películas, más en un año en que su celebración no ha podido dejar de estar cuestionada por celebrarse como si no pasara nada a pesar de volver a estar experimentando un crecimiento de contagios a nivel generalizado. Es por ello que Wes Anderson ha acaparado imágenes con un buen número de estrellas en su premiere mientras que los nuevos trabajos de Julia Ducournau y Asghar Farhadi han revolucionado a los asistentes apuntando a poder formar parte del palmarés y también a ser títulos destacados de la próxima temporada.

“The french dispatch” ha pasado el filtro de Cannes un año después de lo previsto siendo uno de esos títulos que estaban destinados a pasar por el certamen por todo lo que tiene de autoría personal y el reclamo de hacerse con un gran número de estrellas como reclamo. El sello de Wes Anderson vuelve a quedar muy evidente en este homenaje al periodismo a pesar de que ésta haya sido la única película, por decisión del director, en no tener rueda de prensa. Una historia coral, vistosa e irregular que se mueve en un ritmo frenético y en el que se ven los brochazos de un director, el máximo exponente de la simetría cinematográfica, que deja un buen envoltorio pero poco poso en una cinta que para gran parte de la crítica queda varios escalones por debajo de “Moonrise kingdom” (2012) y “El Gran Hotel Budapest” (2014).

Desde luego parece evidente que más que perfeccionar la fórmula lo que hace es abusar de ella e incluso llevarla a terrenos paródicos olvidándose de dejar poso narrativo y dejándolo todo en manos de la estética, tanto en blanco y negro como en color, la animación o el uso de figuras, y de un gran número de actores que son cómplices del tono excéntrico, surrealista e imaginativo del director en clave de viñeta y sobrevolando el espíritu de Jacques Tati.

Una cinta ambientada en la redacción de un periódico estadounidense en una ciudad francesa ficticia del siglo XX, con tres historias interconectadas entre sí, que ofrecen una experiencia visual fascinante pero también un visionado agotador ante el ritmo que imprime un Anderson que cuenta con nombres como Bill Murray, Adrien Brody, Frances McDormand, Timothée Chalamet, Benicio del Toro, Tilda Swinton, Owen Wilson, Jeffrey Wright o Léa Seydoux, la cual es la gran ausencia de esta edición por el hecho de haber dado positivo en coronavirus (COVID-19) y perderse la proyección de las cuatro películas en las que ha participado.

Si en “El Gran Hotel Budapest” sobrevolaba la figura de Stefan Zweig y el devenir de Europa aquí la propuesta se deja llevar por ese aire bohemio y desenfadado, a través del arte del reporterismo, embellecido por el idealismo del paso del tiempo con todo el imaginario colectivo del Mayo de 1968, noticias reales de la época y utilizando como referente las ilustraciones de The New Yorker. Sin ser una película fallida la sensación es un halo de cierta decepción cómo el director se repite demasiado y por ofrecer más de lo mismo en este cruce de segmentos tan enérgicos como deshilachados.

Kirill Serebrennikov sorprendió hace tres años con “Leto” y ahora ha vuelto a salir bien parado con su segunda participación en la competición. “Petrov’s flu” es un trabajo sólido que se centra en un día en la vida de un dibujante de cómics y su familia en la Rusia postsoviética, aquejados todos ellos de una extraña fiebre que les hace creer que han cometido actos horribles. Una cinta sobre la incomunicación y la soledad que ha derivado en una sensación muy cercana a nuestros días marcada por el confinamiento y la pandemia que ha puesto el mundo que concebíamos patas arriba. Un retrato alucinógeno que a lo largo de largos planos y secuencias se introduce en el devenir de los personajes durante los 145 minutos que dura la cinta.

Surrealismo febril que tira de creatividad y de exceso jugando con la fantasía y la realidad adentrándose en la fragilidad del cuerpo y de la mente explotando en virtuosismo visual aunque ello suponga un peaje para un espectador que no en todos los casos entrará en una propuesta que indudablemente encierra una crítica al poder reinante en un país con muchos claroscuros, como demuestra que el director lleve varios años de arresto domiciliario por un presunto delito fiscal bañado también esa privación de libertad de cierto mandato político. Una propuesta delirante, vigorosa y visualmente alabada por su riesgo pero que no compacta unos ingredientes de fiera mixtura expresado en desbordantes imágenes.

“Titane” ha revolucionado la sección oficial y se convierte en película digna de burbuja de redes sociales, una de esas apuestas inclasificables y rompedoras tan necesarias para desentumecer a la industria cinematográfica pero que, a la hora de la verdad, encuentran poco respaldo. En todo caso es el segundo trabajo de Julia Ducournau, la responsable de “Crudo” (2016). La historia de un joven con la cara magullada que es descubierto en un aeropuerto y que dice llamarse Adrien Legrand, un niño que desapareció hace 10 años. Para su padre, Vincent, esto supone el final de una larga pesadilla y lo lleva a casa aunque ello desencadenará una serie de asesinatos en la zona. Una película que habla sobre la identidad de género, la transformación y necesidades de los cuerpos, la soledad y las perversiones personales que abordan un camino retorcido transgresor, radical y difícil de catalogar. Una de esas cintas que se califican de experiencia que no deja indiferente.

“Titane” es la historia de una joven en permanente huida, fascinada por el titanio y convertida en asesina, que es capaz de todo, como hacerse pasar por un chico desaparecido y refugiarse aprovechándose del dolor y la credulidad de un padre roto por recuperar al hijo perdido, un bombero abnegado con su propia travesía en el desierto. Una relación tormentosa en el que el cuerpo de ambos toma protagonismo y hay necesidad común y un deseo interior de salir fortalecidos conjuntamente, hecho que sólo impide una sociedad que dificulta que puedan querer ser lo que verdaderamente sienten, un padre y un hijo que encuentran acomodo en ese rol y que pueden haber encontrado un asidero al que agarrarse.

Todo mientras es la expresión del baile, bien sea encima de un coche o de un camión de bomberos, la que se erige como una carta de verdadera identidad y reafirmación frente al odio, el rechazo y la incomprensión. “Titane” se ha comparado con “Crash” (1996) de David Cronenberg, también con John Carpenter y Quentin Tarantino, haciendo resurgir ese éxito internacional de Macarena de Los del Río para goce de nostálgicos y público deseoso de estímulos iconoclastas que remuevan y hagan reflexionar sobre un mundo tendente al encorsetamiento y la etiqueta facilona en base a lo que estamos dispuestos a creer. Un trabajo funambulista y sin red, libre y sin etiquetas, que arroja dos interpretaciones que ya suenan para premio como son las de Agathe Rousselle y Vincent Lindon.

Mucho más domable es el cine de un Asghar Farhadi que nunca falla y que podría esta vez hacerse con la Palma de Oro en su cuarto intento en Cannes. Rahim está en la cárcel por una deuda que no ha podido reembolsar. Durante un permiso de dos días, trata de convencer a su acreedor para que retire su reclamación de desembolso de una parte del pago. Pero las cosas no irán como tenía previsto volviendo a demostrar que el director es único a la hora de crear una intriga que deja al espectador pegado en la butaca a través de la cotidianidad y de las dinámicas, motivaciones y preocupaciones de sus personajes. Muchos reconocen estar ante el mejor trabajo del director desde “Nader y Simin, una separación” (2011) siendo la historia de un hombre noble frente al sistema, el cual oprime, asfixia y deja en la cuneta tirando de burocracia y deshumanización.

“A hero” ha sido definida como heredera del neorrealismo pero algunos también la sitúan una buena sesión doble de “Diamantes en bruto” (2019), al partir de un hombre que cumple condena por no devolver un préstamo a su cuñado y que, al descubrir una bolsa con joyas, pasa a convertirse en alguien popular por una ciudadanía que recauda fondos para sacarlo de la cárcel valorando el hecho de que éste no se haya quedado todo ese montante sino que optara por poner un anuncio para localizar al dueño.

Farhadi vuelve a brillar rodando en su país adentrándose en las miserias de un Irán acomplejado y sostenido en una maraña que pone a un buen ciudadano, que ya está pagando injustamente y que es mal visto por simplemente tener una novia después de divorciarse, contra las cuerdas sólo por el hecho de llevar a cabo lo que estima correcto. Todo en una época de redes sociales en la que lo que queda fuera de la viralidad parece que no existe y en el que la imagen que desde allí se proyecta tiene que ser intachable en un mundo de dictadura moral y en el que todo se cuestiona con frivolidad prevaleciendo la presión de la comunidad. Una vez más la cinta del director parece ir de menos a más, sólida y calando poco en el espectador, alabándose una media hora final magistral y el trabajo del protagonista  Amir Jadidi.

“JFK: Through the looking glass" se ha visto en Cannes Premières y  es el interesante y nada complaciente documental que ha llevado Oliver Stone llevándonos de nuevo a su película de 1991 aprovechándose de abundante material desclasificado sobre el magnicidio que terminó con la vida del carismático presidente de los Estados Unidos. Forenses, periodistas y familiares se dan cita en un trabajo que explora el hecho de que Kennedy fuera asesinado por las fuerzas conservadoras que estaban en contra del fin de la Guerra de Vietnam o de los avances en los derechos civiles convirtiéndose Kennedy en una figura incómoda e incontrolable para esos poderes del sistema entre las sombras que están por encima de todo presidente. Todo sin dejar de cargar contra espías, la mafia, cubanos anticastristas o incluso su vicepresidente (Lyndon B. Johnson), implicados de alguna u otra manera según la tesis de este interesante trabajo que ha levantado ampollas en Estados Unidos ante un Stone que ya ha demostrado más de una vez que no duda en poner el dedo en el ojo.

También se ha podido ver fuera de concurso "La croisade", cuarto  trabajo como director de Louis Garrel en el que vuelve a contar con Laetitia Casta, con el niño Joseph Engel y con el fallecido guionista Jean-Claude Carrière al igual que en “Un hombre fiel” (2018). Casi un mediometraje dentro de la sección dedicada a temas ecológicos y climáticos en el que se cuenta la historia de un matrimonio que descubre que su hijo de 13 años ha estado vendiendo en secreto objetos de valor para financiar un misterioso proyecto ecológico que está montando con sus amigos en África.

Lois Patiño y Matías Piñeiro han presentado el corto "Sycorax", un trabajo fascinante a partir de “La tempestad” de William Shakespeare representando a la mujer fuera de los márgenes, esa que fue acuñada de bruja en los tiempos del pasado si se salía de lo que establecido por la moral reinante.

Nacho Gonzalo

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