Cine en serie: “American crime story: El asesinato de Gianni Versace”, viaje a la mente del asesino

Cine en serie: “American crime story: El asesinato de Gianni Versace”, viaje a la mente del asesino

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Querido primo Teo:

A raíz del éxito de “American horror story” sus creadores Ryan Murphy y Brad Falchuk y la cadena FX pusieron en marcha otra serie antológica sobre aquellos sucesos que conmovieron a la opinión pública. No hay nada como una gran tragedia para que la audiencia esté pegada al receptor durante el mayor tiempo posible, el morbo y cierto grado de empatía con las víctimas (más cuando son realmente vulnerables) están en nuestra naturaleza y ya lo decían los gobernantes en la antigua Roma “dadle al pueblo pan y circo”. La primera temporada de “American crime story” estuvo dedicada al ídolo caído O.J. Simpson y tuvo un gran éxito de audiencia y de crítica llevándose entre otros 9 premios Emmy. Y a la espera de que se ponga en marcha la producción sobre el huracán Katrina, y quedando descartada la centrada en el escándalo Lewinsky, este año se ha estrenado la que gira en torno a la figura del asesino de Gianni Versace.

El 15 de Julio de 1997 el mundo quedaba conmocionado con el asesinato en la puerta de su casa de Miami Beach del diseñador Gianni Versace de 50 años cuando regresaba a su domicilio tras desayunar en un café cercano. Se especuló con que la mafia había puesto precio a su cabeza pero el autor de los dos disparos que acabaron con él no tardó mucho tiempo en ser identificado, se trataba de Andrew Cunanan de 27 años que se encontraba entre los diez fugitivos más buscados de los Estados Unidos al ser el sospechoso de las muertes de otras cuatro personas. Una semana después, Cunanan puso fin a su vida para evitar ser capturado por la policía. Durante esos días la prensa estuvo escarbando en las miserias del hombre que revolucionó el mundo de la moda o el que la vulgarizó según sus detractores: su afición a reclamar los servicios de chaperos, que Cunanan pudiera ser uno de ellos, o su hipotético VIH mientras que la policía trataba de dar caza al asesino en serie y algunas personas llegaron a ser detenidas por error, entre ellas el hijo de Andrés Pajares, yo es que pertenezco a la “Generación Tómbola” y no me avergüenza admitirlo.

A pesar de que esta propuesta de la factoría Ryan Murphy se titule “American crime story: El asesinato de Gianni Versace” y su promoción haya versado sobre el tratamiento de la figura del malogrado diseñador lo cierto es que su violenta muerte es un macguffin, un mero pretexto para adentrarnos en la cabeza de quien se convirtió en su verdugo.

Lo realmente fascinante de esta temporada de “American crime story” es el retrato de Andrew Cunanan que bien podría haber sido un personaje parido por la retorcida mente de Patricia Highsmith ya que era una versión de carne y hueso de Tom Ripley. Este joven de origen filipino era un buscavidas, algo aprendido de un padre abusivo que llegó a ser perseguido por la justicia por malversación de fondos, y tenía delirios de grandeza ya que desde muy joven adornaba aspectos de su vida para ser el centro de atención. Cuando su familia lo perdió todo y su padre huyó a Filipinas él se reinventó adentrándose en el mundo de la prostitución homosexual de alto copete, accedió a una vida lujosa que desde luego no tenía que ver con la suya y mucho menos con la de su madre que era una mujer completamente desequilibrada y anulada por su marido y que obligaba a su hijo a memorizar pasajes de la Biblia para que fuera superior al resto. Querer apropiarse de un modo de vida que le era ajeno, los excesos con las drogas y sus tendencias a la sociopatía y psicopatía convirtieron a Andrew Cunanan en una auténtica bomba de relojería. Su primera víctima fue Jeffrey Trail, un ex marine que se había convertido en su cliente, le siguieron David Madson, que fue lo más parecido que tuvo a un novio, el magnate de los negocios inmobiliarios Lee Miglin, otro de sus clientes, y antes de pasar a la posteridad al convertirse en el asesino de una celebridad mató a William Reese para robarle su furgoneta.

Otra de sus cualidades es su reflexión sobre la doble moral de una sociedad homófoba ya que Andrew Cunanan no comenzó a ser un peligro hasta que asesinó a un hombre de poder como Lee Miglin pero no porque la víctima fuera homosexual (su doble vida era vista como una perversión) sino porque tenía muchísimo dinero. Hasta entonces no pasaba absolutamente nada porque “esa era una cosa entre maricones”; Jeff Trail tuvo que abandonar la marina debido a las presiones a la que fue sometido por su orientación sexual llevándole a un intento de suicidio y el arquitecto David Madson fue rechazado por los suyos por su condición.

A pesar de sus virtudes, esta producción de Ryan Murphy ha sido decepcionante porque más allá del retrato de Andrew Cunanan y del submundo homosexual de los 90 se limita a exponer todo aquello con lo que especuló la prensa sobre la figura de Gianni Versace y su familia durante los días que sucedieron a su asesinato, algo que ha irritado a los herederos del diseñador. Y también es ambigua a la hora explicar qué llevó a Cunanan a cometer sus crímenes y por qué mató al afamado modisto puesto que no llegó a demostrarse que víctima y asesino se conocieran ya que, a pesar de que Cunanan contara en reiteradas ocasiones que entre su círculo de amistades se encontraba Gianni Versace, era muy fina la línea que separaba la verdad de la mentira en sus múltiples relatos. También es cierto que el informe policial tampoco llegó a ninguna conclusión aunque la teoría más aproximada es que Cunanan quiso encontrar en el asesinato de Versace su manera de alcanzar la notoriedad y, además, el diseñador representaba todo aquello que él no podía lograr: era una figura abiertamente homosexual de éxito.

Aunque la serie ha sido promocionada a través de los nombres de algunas de sus luminarias, por ejemplo era curioso ver que en los informativos de la cadena que lo emitió en abierto en España dijeran “protagonizada por Penélope Cruz y Ricky Martin”, la gran estrella de la misma es precisamente su cara más desconocida: Darren Criss. El actor, que se dio a conocer gracias a su interpretación de Blaine Anderson en la serie “Glee”, se ajusta perfectamente a ese prototipo de efebo que tanto le pirra a Ryan Murphy; es endiabladamente guapo y puede ser ese chico aparentemente formal que a la mínima te meterá en problemas y esas cualidades eran idóneas para interpretar a Andrew Cunanan, un tipo que era muy consciente de su atractivo que sabía cómo utilizarlo para sacar un gran beneficio y que podía convertir la vida de alguien en un auténtica pesadilla. Es tan milimétrico el trabajo que hace Criss en la piel de esa serpiente embutida en charol rojo que da miedo pero no puedes dejar de contemplarle, es realmente turbador. En un mundo justo tendríamos un candidato idóneo al Emmy al mejor actor en miniserie y sabiendo que las producciones de Ryan Murphy son muy valoradas en estos premios tiene bastantes papeletas aunque le perjudica el hecho de no ser una estrella y también que esta temporada haya quedado muy por debajo de las expectativas generadas tras “American crime story: The people v. O.J. Simpson”.

El resto del cast es también espléndido aunque no cuente con un material tan rico. Edgar Ramírez, cuya caracterización es clavada, está fantástico en la piel de un genio, de un emperador tirano con los suyos, y que al mismo tiempo es vulnerable ante la espada de Damocles que le acecha y que a su vez puede hacer peligrar el negocio, en la serie se insinúa que, además de un cáncer de oído, había contraído el virus del sida lo cual era una amenaza para la cotización de la firma en bolsa. Ricky Martin sorprende en la piel de Antonio D’Amico, el sufrido compañero sentimental y con lo poco que puede aprovecharse de su personaje el cantante se revela como un buen actor dramático.

La intervención de Penélope Cruz que da vida a Donatella Versace sabe a muy poco y es que la actriz madrileña está magnífica porque aunque no tiene nada que ver con ella y su caracterización no es tan lograda como la de Edgar Ramírez (básicamente porque es imposible reproducir una cara como la de Donatella) ha sabido captar toda la esencia de esa mujer de carácter cuya vida giraba en torno a su hermano que era quien tenía el talento y que cuando éste fallece tiene que tomar las riendas del emporio y conseguir plena autonomía como diseñadora; dos décadas después nadie es capaz de cuestionar que haya conseguido ambas proezas La oscarizada intérprete llega a imponer con su presencia y su marcado acento italiano es uno de los grandes alicientes de “American crime story: El asesinato de Gianni Versace”.

Y lo mismo se puede decir de Judith Light (la candidata idónea para el biopic de Encarna Sánchez) que llega a tener un par de escenas más y el show sería suyo y la serie otra. La actriz ganadora de un Tony y nominada al Emmy por “Transparent” da vida a la viuda de una de las víctimas de Andrew Cunanan, una mujer incapaz de asumir que su vida no es la que ella cree tener: una figura del negocio de la cosmética que se convierte en una estrella de un canal de teletienda, está casada con un hombre adinerado que en realidad está armarizado y cree que su hijo será el heredero de Tom Cruise pero nunca estará en el “¿Qué fue de…?” porque nadie sabe quién es. Su historia y la del asesino de su marido podrían ser las dos caras de la misma moneda.

Esta producción es fiel al canon de Ryan Murphy. Su puesta en escena es excesiva, su selección musical es irreprochable y nos ha valido para descubrir el talento tras las cámaras del actor Matt Bomer que se encarga de dirigir el penúltimo episodio y que está centrado en la particular figura de Modesto, el padre de Andrew Cunanan.

En España fue emitida en abierto por Antena 3 pero la puede recuperar en Netflix.

Vídeo

Mary Carmen Rodríguez

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