Cine en serie: “Das boot (El submarino)”, supervivencia en un juego de lealtades

Cine en serie: “Das boot (El submarino)”, supervivencia en un juego de lealtades

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Querido Teo:

Los submarinos siempre han dado mucho juego en pantalla desde la psicodelia hasta el drama histórico seguramente por todo lo que tienen de ecosistema propio ajeno al exterior y como reto tanto para el ser humano como para la técnica. “Das boot (El submarino)” es una producción alemana de 8 capítulos que ofrece una trama de espías, juegos de poder y conflictos personales y que coge el testigo de la exitosa cinta de Wolfgang Petersen que se hizo con 6 nominaciones al Oscar en 1982. Esta serie de Sky Alemania, Bavaria Fiction y Sonar Entertainment la podemos encontrar en España a través de Amazon Prime.

“Das boot (El submarino)” se inspira en la novela de Lothar-Günther Buchheim que ya se adaptaba en la película de Petersen aunque, en este caso, no estemos ante un remake ya que los hechos ocurren un año después de lo sucedido en la película. Todo comienza en el puerto de La Rochelle, zona francesa invadida por los nazis en el otoño de 1942 y donde convive la población del lugar con la nueva hegemonía nazi que luce su poderío militar y también con ciertos grupos que entre las sombras se mueven en diferentes células con el fin de frenar el avance alemán en una Europa que corre serio peligro de caer definitivamente de su lado.

La serie adapta dos perspectivas, la del inexperto comandante Klaus Hoffman (Rick Okon) al que es encomendado el submarino U-612, y que recibe la misión por puro nepotismo ante un apellido familiar de relumbre en el estamento militar, y la de Simone Strasser (Vicky Krieps), hermana del operador de radio del propio submarino que, mientras trabaja para el comisario Hagen Forster (Tom Wlaschiha), entra en contacto con un grupo de la Resistencia francesa que plantea varias acciones para desestabilizar al régimen lo que le llevará a cuestionar sus ideas y valores.

“Das boot (El submarino)” logra destacar no sólo en su impecable técnica (recibiendo una nominación incluso en los premios del Gremio de Directores de Fotografía en USA este 2020) sino por tejer una historia de rivalidades y supervivencia que genera una gran intriga tanto en el submarino como en tierra firme y, habiendo escenas de acción, éstas no son lo más importante quedando supeditadas al drama psicológico de unos personajes que muchas veces tienen que replantearse tanto la fidelidad a las órdenes del cuadro de mando como la dignidad que se fundamenta en las convicciones morales de cada uno.

Ya sólo en el prólogo de la serie, con un capitán que en la superficie de su submarino se fascina con el nadar de unos delfines hasta que el ataque imprevisto de un avión ametralla la cubierta y acaba con este hombre en alta mar, encontramos la declaración de intenciones de una serie que sin aspavientos muestra esa lucha por la supervivencia en la que la balanza entre perder una vida en pro de un bien mayor como salvar la de muchos no se permite poner en cuestión en tiempos de guerra.

Y es que uno de los aciertos de la serie es no centrarse sólo en lo vivido en el submarino, ya de por sí lo suficientemente intrigante y adictivo con una tripulación que tendrá que escribir su propia historia ante las luchas de poder que allí se acaban viviendo con atisbos de violencia, locura, venganza, poder y redención, sino el alternarlo con lo que se vive en tierra adoptando un aura de thriller clásico con el núcleo emocional de una Simone que se mete de lleno en una guerra de bandos, definiéndose ella tanto a nivel nacional como sexual, ante la petición de un favor por parte de su hermano Frank (Leonard Scheicher), que por un incidente acaecido en la sala de radios del submarino terminará embarcado como operador del mismo dejando en tierra una chica judía, una hija en común y una misión clandestina.

El juego del ratón y el gato que establecen los creadores de la serie, Johannes W. Betz y Tony Saint, nos mete de lleno en esa Francia entre la rendición, el sometimiento y el empeño de no claudicar hasta el último momento, así como en la testosterona de una juventud que se toma como un juego y una experiencia vital la sed de la guerra desde un submarino en el que el objetivo inicial de derribar y torpedear efectivos enemigos termina derivando en una alianza común en la que lo que hay que hacer es tapar las vergüenzas cometidas para así poder llegar a salvo a casa.

La rigurosidad de la ambientación es otro de los aciertos de una serie que refleja uno de los mensajes que deja la novela en la que se basa y es que el propio Buchheim, al inicio de la Segunda Guerra Mundial, se presentó voluntario y fue asignado como periodista a la Unidad de Propaganda de la Kriegsmarine (marina de guerra alemana) con el grado de teniente. Como corresponsal de guerra relató sus experiencias en diferentes artículos periodísticos de propaganda y formó parte de la tripulación del submarino alemán U-96 en misión de combate.

Esa experiencia le sirvió para crear su exitosa obra de 1973, que inspira a la película de Petersen y a esta producción para televisión, y en la que se habla de una amalgama de hombres que fueron enviados a su suerte, sólo con el fin de sacar pecho, en una serie de maquinarias que no todas ellas tenían las medidas de seguridad necesarias y con las que se intentaba cumplir los caprichos estratégicos del alto mando como intercambio de prisioneros o la destrucción de determinados objetivos. Se calcula que de los 41.000 marinos enviados en tripulaciones submarinos terminaron pereciendo 26.000.

Respecto a la novela y la película este “Das boot (El submarino)” adopta un cariz feminista con la historia de Simone y su relación con Carla Monroe (Lizzy Caplan), la líder del grupo activista, así como con su casera y compañera de piso Margot (Fleur Greffier) que se erige como uno de los personajes más interesantes, sacrificados y honestos de la trama. Y es que en el submarino, donde el tedio entre los hombres domina la tensa calma hacia cualquier ataque al exterior o arrebato de locura o violencia en el interior, cumplen la máxima del marino de guerra que no es otra que tanto las mujeres como los vírgenes dan mala suerte a bordo. Un empresario usamericano verborreico de buena cuna, Samuel Greenwood (Vincent Kartheiser), al que tienen que intercambiar con otro sujeto es el detonante de todo lo que allí terminará ocurriendo.

El escenario entre inmersiones, ataques, tácticas militares, egos y colas para ir al baño, es el reflejo de un tiempo, el de unos hombres fascinados por el arte de la guerra que son meros peones de los que mandan y que se mueven entre accidentes imprevistos, lastres que soltar aunque ello implique la insensibilización del ser humano en una condición extrema, enfrentamientos entre los veteranos gallos del corral y jóvenes advenedizos que están ahí sólo porque es lo que los demás esperan de ellos. Todo bañado de luchas jerárquicas latentes bañadas de envidia y revanchismo como es el caso del altivo primer oficial Karl Tennstedt (August Wittgenstein) que no entiende como no es él el que comande la nave frente al “enchufado” que tiene como superior.

La historia real del U-612 fue mucho menos apasionante, convertido en mero material de prácticas tras un choque en su fase de prueba, pero “Das boot (El submarino)” emerge de las profundidades marinas televisivas con una elegante figura de escualo que nos lleva a ese siempre atractivo universo marino en tiempos de guerra pero, sobre todo, tiempos de supervivencia en el que, frente a la gran contienda bélica, está la lucha de cada uno por mantener a flote tanto su integridad como su cordura. Como si fueran capaces de predecir el éxito que tuvo la serie en Alemania en 2018, y dejando las tramas bien abiertas para su continuidad, el estreno de la segunda temporada ya rodada es inminente.

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Nacho Gonzalo

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