Conexión Oscar 2018: James Ivory, la hora del reconocimiento al usamericano más británico

Conexión Oscar 2018: James Ivory, la hora del reconocimiento al usamericano más británico

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Querido Teo:

James Ivory es para muchos el máximo exponente del cine de época (o de “tacitas”) que funcionó también a finales de los 80 y, sobre todo, a primeros de los 90. El más británico de los directores usamericanos (aunque muchos no lo crean nació en California y no al lado de Westminster) ha vuelto este año (cuando menos se le esperaba) con su cuarta nominación al Oscar (la primera como guionista siendo las tres previas como director por “Una habitación con vistas” en 1987, “Regreso a Howards End” en 1993 y “Lo que queda del día” en 1994) gracias a “Call me by your name”, proyecto que iba a codirigir con Luca Guadagnino pero que, finalmente, con el fin de evitar el choque de egos (y por los temores de las aseguradoras a la hora de cubrir al casi nonagenario Ivory) hizo que quedara para él reservada la función de guionista, aunque ambos reconozcan que ha sido un trabajo creativo a cuatro manos hecho en la cocina de la casa de Ivory adaptando la novela de André Aciman y que ya le ha valido ya a James Ivory el Critics´Choice y el premio del Gremio de Guionistas (WGA).

Aun así la relación no ha estado exenta de trifulcas a la hora de encarar la historia. Guadagnino tuvo la personalidad y los arrestos de rechazar algunas de las aportaciones del cineasta como fue el caso de incluir una voz en off o de rebajar algunas escenas que incluían sexo más explícito y desnudos frontales de los protagonistas. Algo que hubiera sido entendible en el contexto de la historia y de esa pulsión romántica que se transmite pero que es verdad que ha permitido ahorrarse un episodio polémico que los más puristas (y los que cuestionan que se idealice una relación que tiene como uno de sus integrantes a un menor de edad en un Hollywood tan hipersensible) habrían esgrimido con saña. Lo que sí que ha hecho Ivory es eliminar los segmentos de la novela en los que se habla de cómo fue la vida de Elio y Oliver después de ese memorable verano dejándolo en todo lo alto con un final en el que sobran las palabras y que no hace falta que te recuerde si has visto la película.

Ivory ha batido los registros como el hombre más mayor nominado al Oscar (quedando sólo unos días por detrás de Agnès Varda nominada también este año como documentalista) y llega como favorito en el apartado de guión adaptado, un premio que servirá para dar colofón a una carrera la cual los Oscar podrán (al menos) reconocer con un galardón en competición (no honorífico) cuando su carrera parecía ya amortizada y con sus mayores logros ya lejanos en el tiempo. El cineasta es el superviviente del poderoso tridente que formaron él, su productor y pareja Ismail Merchant (fallecido en 2005 a los 68 años) y la guionista Ruth Prawer Jhabvala (fallecida en 2013 a los 85 años) y ganadora de 2 Oscar por sus trabajos en “Una habitación con vistas” en 1987 y “Regreso a Howards End” en 1993.

James Ivory siempre ha destacado por el cuidado estilístico de sus propuestas y por el trabajo con sus actores. “Los europeos” fue su primera película con candidatura al Oscar (al mejor vestuario en 1980) para después venir “Jane Austen en Manhattan” (1980), “Quartet” (1981) u “Oriente y Occidente” (1983), en el que trataba uno de sus temas preferidos (además de la diferencia social de clases) como es el exotismo y el choque e integración de culturas (especialmente la británica y la india) impulsada desde los años del colonialismo. Después llegaría “Las bostonianas” adaptando la novela de Henry James y consiguiendo 2 nominaciones al Oscar en las categorías de actriz (Vanessa Redgrave) y vestuario narrando la lucha por la independencia de las mujeres enarbolando la bandera del sufragio femenino.

Años de febril actividad que iniciarían su época de oro con “Una habitación con vistas” (1985) en la que Helena Bonham Carter es una joven británica de buena familia de visita en Florencia y asentando todos los exponentes del cine de época romántico, evocador y de postal, con un buen número de secundarios robaescenas que tienen la réplica perfecta. Y es que, además de la consagrada Maggie Smith y la mencionada Bonham Carter, la cinta nos descubrió a nombres como Daniel Day-Lewis o Judi Dench, mucho antes de que el primero se convirtiera en el actor ganador de 3 Oscar como protagonista y ella en una abonada a este tipo de producciones. Fue todo un fenómeno materializando 3 Oscar (guión adaptado, dirección artística y vestuario) de 8 nominaciones (entre ellas las película, director, actor de reparto para Demholm Elliott y actriz de reparto para Maggie Smith). Por supuesto, los Bafta se quedaron embobados otorgándole 14 nominaciones de las que saldrían 4 premios, entre ellos el de mejor película.

Mucho más intimista (y conectada con “Call me by your name”) fue “Maurice” que, en un tiempo en el que el cine que narraba historias de amor homosexual se quedaban sólo en la sugerencia y en la mera superficie, se estrenó en 1987 contando el amor entre dos compañeros estudiantiles en un entorno que fomenta que lo único que puedan hacer es ocultarse y seguir los pasos estableciso (más allá de cualquier sentimiento) con el fin de evitar habladurías. Otro joven actor que sería impulsado por el director (Hugh Grant ganó el premio al mejor actor en el Festival de Venecia junto a su compañero James Wilby) y otra nominación al Oscar al mejor vestuario.

Ivory se quitaría el traje de época en la más iconoclasta y menor “Esclavos de Nueva York” (1989) para proseguir su intenso ritmo con “Esperando a Mr. Bridge” (1990), contando con el reclamo de la pareja formada por Paul Newman y Joanne Woodward en una especie de comedia negra sobre un matrimonio arcaico que sigue con las costumbres del pasado a pesar de los evidentes nuevos tiempos que transcurren a su alrededor. Joanne Woodward fue candidata al Oscar a mejor actriz protagonista.

Adaptando una vez más a E.M. Forster (tras “Una habitación con vistas” y “Maurice”) el tridente formado por Ivory, Merchant y Prawer Jhabvala asentaba definitivamente un tipo de cine del que beberían un sinfín de títulos los siguientes años en una época en la que no hubo miedo en jugar con el mito de la sociedad encorsetada bañada en la apariencia pero siempre con un toque de fina ironía, tono juguetón, paisajes evocadores y pasiones románticas. En “Regreso a Howards End” Emma Thompson y Helena Bonham Carter dan vida a dos hermanas cultas e independientes que entre herencias y disputas mantienen una relación tirante con la familia Wilcox encabezada como matriarca por Vanessa Redgrave. 9 nominaciones al Oscar y 3 premios en los apartados de actriz (Emma Thompson), guión adaptado y dirección artística. En los Bafta nuevo triunfo a mejor película aunque sólo con 2 premios (película y actriz) de 11 nominaciones.

Sólo un año después llegaría “Lo que queda del día” repitiendo con Emma Thompson y Anthony Hopkins en el que era también un momento dulce para todos los partícipes ya que los dos actores estaban en la cresta de la ola en esa época. Una película mucho más melancólica y opresiva (pero sólida, metódica y excelsa) llevándonos, en la adaptación de la novela de Kazuo Ishiguro, a lo que hay detrás de los oropeles de una gran mansión (aunque viviendo de las rentas de sus años de esplendor) adentrándose en la sensible y delicada relación entre un férreo y rutinario mayordomo (Anthony Hopkins) y la nueva ama de llaves (Emma Thompson). 8 nominaciones al Oscar (en un año con otras propuestas de época entre las nominadas como “El piano” y “Lo que queda del día”) marchándose de vacío y sólo sumando como premio más destacado el Bafta al mejor actor para Hopkins.

Merchant Ivory Productions (fundada en 1961) comenzaría a palidecer en una compañía que sacaba virtud de la convivencia entre un musulmán hindú, un americano protestante y una alemana judía. “Jefferson en París” (1995), “Sobrevivir a Picasso” (1996), “La hija de un soldado nunca llora” (1998), “La copa dorada” (2000), “Le divorce” (2003) y “La condesa rusa” (2005) fueron palideciendo un expediente (incluso en ocasiones de manera sonrojante) ya alejado de los Oscar en los que se evidenciaba una fórmula agotada incapaz de conectar con el público y la crítica, sólo teniendo como aval el nombre de ser los artífices de los títulos reseñados en párrafos anteriores. Ni siquiera contar con un guión original de Ishiguro en “La condesa rusa” sirvió para remontar el nivel de un conjunto de títulos con olor a naftalina.

Con las muertes de Merchant y Prawer Jhabvala, Ivory se quedaba solo como exponente de un cine que tuvo una inesperada pujanza en los primeros 90 para después ir perdiendo fuelle en la segunda mitad de la década, unos años en los que empezarían a surgir los incipientes nombres de renovadores como Tarantino, Fincher, Nolan o Aronofsky cambiando códigos, temáticas y modernizando los intereses del público general.

Afortunadamente el tiempo y el destino ha hecho que James Ivory haya llegado a sus 89 años (y en una inesperada colaboración con un director italiano cada vez más valorado) en forma para ofrecer un nuevo y fulgurante ramalazo de talento, sensibilidad y sutilidad a la hora de tratar una relación humana, y todo ello va a dar como resultado uno de los momentos más emotivos de la ceremonia rindiendo tributo y homenaje a todo un icono de una época y de un cine que en su canto del cisne en la Riviera italiana ha encontrado la inspiración perfecta, sin tacitas inglesas pero si con calores veraniegos y pasionales, para alzarse con uno de esos Oscar que reconocen un trabajo pero, sobre todo, toda una carrera.

Nacho Gonzalo

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