“Corrupción policial”

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Don Winslow y el cine se conocen desde hace años, y hace pocas semanas que la vieja cárcel de Málaga fue elegida por Ridley Scott para la versión cinematográfica de su novela “El cartel” sobre el narco Chapo Guzmán y la lucha sin cuartel por el control del tráfico de drogas entre México y Estados Unidos.

Título: “Corrupción policial”

Autor: Don Winslow

Editorial: RBA

Malone tiene 38 años. Mide casi 1´90 cm de complexión maciza; sabe que tiene aspecto de duro. Tatuajes en antebrazos robustos, barba hirsuta incluso recién afeitado, pelo cortísimo, ojos azules que parecen decir “si me provocas la has jodido”, nariz rota, una pequeña cicatriz a la izquierda de un labio. Las que no se ven por lo general son las cicatrices en la pierna derecha, que le han cosechado la medalla al valor por haber sido lo bastante idiota para hacerse disparar. Piensa que así es el cuerpo. Si eres idiota te dan una medalla, si eres inteligente te quitan la placa. Malone es oficial de un cuerpo especial de la policía de Nueva York, es el amo al norte de Manhattan, y también es un corrupto.

Cada nuevo libro de Don Winslow confirma que es uno de los novelistas con más éxito desde hace años. Nos lleva otra vez por su territorio más conocido, el mismo que el de Malone: Nueva York. Para ser más preciso, esa parte de la ciudad llamada desde hace décadas “la jungla”. En los últimos años han llegado algunos ricos, “encapsulados” en una zona pequeña para reducir el “contagio” con la mayoría del barrio, los habituales ocupantes de Harlem y sus proximidades: clase baja, camellos, drogodependientes y muchos parados. Entre ellos, algunos intentan escapar de un círculo vicioso que ofrece pocas oportunidades.

Las raíces de la corrupción se hunden hasta los despachos y la política, pero Malone se ha mantenido a distancia prudente, convenciéndose a sí mismo y a sus cuatro compañeros de la unidad de que las comisiones, que reciben de los narcos latinos o los mafiosos italianos, sirven tanto para garantizar el propio futuro como para financiar la distribución de comida en Navidad a la gente de la zona que lo necesita.

Malone conoce a todos al norte de Manhattan; la calle le teme y también respeta. Sus compañeros son amigos, algunos desde la infancia. Sus jefes desearían destituirle por su falta de obediencia, pero nadie se atreve a renunciar al oficial más reconocido por sus detenciones y resultados. Está muy lejos de imaginar que en unas pocas semanas será responsable de convertir Nueva York en un infierno, que se propagará a otras ciudades del país.

Winslow provoca la sensación de formar parte de la “banda de Malone”, de haber sido “incrustado”, aunque sin buscar la comprensión hacia los policías que vulneran las leyes, corruptos, con la tosquedad de las historias de Harry el sucio. La lectura progresa como un lazo corredizo que se va cerrando, despacio, implacable. El desenlace es coherente, rotundo, decorado como una ópera neoyorkina que habrá hecho brillar los ojos de Coppola o Scorsese; ya que cabe suponer que el cine se ha fijado en esta historia antes de que nosotros la leamos.

Winslow se documenta a fondo y cuando terminó sus dos novelas sobre el mundo de la mafia, no dudó en declarar que “El padrino” era una gran película pero que no tenía nada que ver con la mafia. Tenía razón. Ni Puzzo ni Coppola sabían muy bien de lo que hablaban, y los mafiosos acabaron por imitar a la película en vez de ser al contrario. El famoso alcalde de Nueva York, Giuliani, ha contado que aún era un funcionario en la fiscalía de la ciudad cuando las cámaras de vigilancia comenzaron a confirmar los cambios en vestimentas y estilos.

Un novelón que termina siendo tan absorbente que una horchata granizada se me licuó.

Carlos López-Tapia

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