“El sentido de un final”

“El sentido de un final”

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Conozco de primera mano dos casos en que la vida te fuerza a hacer memoria. Un francés arraigado en nuestro país recibe una carta que le informa de que es padre de una chica que ya tiene 18 años; una joven española viaja a Londres tras conseguir contactar con su madre biológica, que no quiso saber de ella apenas nacida. Ambos casos tuvieron finales opuestos. Se estableció una relación afectuosa en el primero, y se confirmó la voluntad de desapego en el segundo. Un final con sentido en ambos casos.

Título: “El sentido de un final”

Autor: Julian Barnes

Editorial: Anagrama

La novela de Julian Barnes “El sentido de un final” llega al cine seis años después de su publicación. Barnes ha escrito obras tan diferentes como “Arthur & George” e “Inglaterra, Inglaterra”, una biografía vitaminizada con literatura sobre Arthur Conan Doyle y un chorro de humor cítrico sobre las tradiciones y costumbres de su propio país. Nada que ver uno con otro, ni con “El sentido de un final”.

Sabemos que nuestra memoria reconstruye la realidad, pero no podemos evitar asombrarnos cada vez que lo constatamos. Los engaños de la memoria es el corazón de la historia, cuyo protagonista es un jubilado que lleva una existencia sin sobresaltos. “Yo renuncié a la vida, desistí de estudiarla, la tomé como venía. Y así, por primera vez, empecé a sentir un remordimiento más general, algo entre la compasión y el odio a mí mismo por toda mi vida. Por toda. Había perdido a los amigos de mi juventud. Había perdido el amor de mi mujer. Había abandonado las ambiciones que tuve. Había querido que la vida no me molestara demasiado, y lo había conseguido; y qué lamentable era.
Una medianía, era lo que había sido desde que dejé el colegio. Una medianía en la universidad y en el trabajo; una medianía en la amistad, la lealtad, el amor; un mediocre, sin duda, en el sexo. Una encuesta entre automovilistas británicos hace unos años mostró que el 95% de los encuestados pensaba que eran «mejor que el promedio» de conductores. Pero en virtud de la ley de los promedios la mayoría constituimos forzosamente la media. No es que representara un consuelo. La palabra retumbaba. Medianía en la vida; medianía en la verdad; una medianía moralmente”.

Una herencia que procede de su pasado, un diario ajeno, dispara sus recuerdos hasta hacerle dudar de que su memoria coincida con su vida. El asunto es universal, muy fácil de entender y, con frecuencia, de identificarse. Es habitual el asalto del sentimiento de mediocridad en todo humano inteligente. Desde la adolescencia con sus descubrimientos, la juventud con sus desafíos, hasta la madurez y sus sorpresas, es un recorrido del que basta separar un par de minutos la vista para despertar preguntas y recuerdos en nosotros mismos. Un libro maduro, sin filigranas ni intenciones deslumbrantes. Simple en apariencia, como la mayoría de nuestras vidas; único en la realidad, como la mayoría de nuestras vidas. Menos de doscientas páginas que estimulan el viaje a nuestro propio pasado.

Para la película han elegido a dos grandes veteranos, Jim Broadbent y Charlotte Rampling. Nick Payne, un dramaturgo conocido, se ha encargado de escribir el guión que ha dirigido Ritesh Batra, que llamó la atención en el Festival de Cannes con su debut “The lunchbox”.

Carlos López-Tapia

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