El valle de San Pornando (II)

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Querido Teo:

En pleno centro del valle de San Fernando de los Ángeles, a diez minutos nocturnos en coche de la “guarida” donde Adam Wood intenta ganar dinero con su pornografía de andar por casa, está la calle Stack. Se encuentra en pleno corazón de Silicon Valley. Aquí se localiza Dungeoncorp.com (http://www.dungeoncorp.com), una empresa dedicada a los extremos de la pornografía. La dirige un hombre que se hace llamar “el ogro”. En realidad tiene poco de ogro porque no solo ha sido criado en una “buena familia” de Kansas, sino que es un universitario licenciado en ingeniería. De los veinte a los treinta trabajó en una empresa del Valley que quebró con la burbuja de las punto com. El ogro se dedicó entonces al cine conocido como BDSM (Bondage, Dominación y SadoMasoquismo). Este subgénero del cine porno ha ido creciendo, igual que otras variantes extremas, para podofilos, para los llamados “peludos”, que se ponen pieles, de conejo a menudo, y practican el sexo entre ellos, o micro nichos para gustos muy definidos, como hombres negros superdotados con chicas blancas pequeñitas.

El cine porno ha recuperado parte del antiguo sistema de Estudios de Hollywood, con personal y actores fijos bajo contrato. Hannah West es una de las estrellas recientes. Comenzó siendo una de las docenas de chicas que llenan con sus correos electrónicos las bandejas de los representantes de actores porno. Hannah ganaba unos mil dólares al mes en la Marina estadounidense cuando se fijaron en su solicitud en la productora Hustler.com y ahora ha llegado a ganarlos diariamente. Declaraba en una revista del sector que su mayor ilusión era construir una casa en Alabama con su novio. Aunque si las productoras porno han seguido los pasos de los Estudios clásicos, también cabe dudar de todo lo que declaran. La realidad es que hay actores que llegan a trabajar veinte días al mes con varias sesiones diarias y las mejores actrices llegan a hacerlo varios años con presupuestos de un millón de dólares por película. Algunas tienen su propia marca, como Jessica Drake con un contrato fijo con Wicked Pictures, y con un “clasicazo” que va sobre ¡una fuga porno de Guantánamo!.

El estrellato se alcanza por la misma vía que en el cine convencional, disponen de su propio círculo de críticos y su versión de los Oscar, donde además de premiar a las mejores producciones, se nomina la escena de sexo más escandalosa, la mejor escena anal o la mejor escena de sexo en grupo.

A menudo se hacen versiones diferentes calificadas con una o más X, con la cantidad de sexo ajustada según el sistema de exhibición. El contenido varía según sea para hoteles, vídeo o televisión por cable, y la demanda no decrece. La producción porno no sufre la crisis del cine tradicional, sus expectativas son buenas por diversas razones: no depende hace tiempo de los circuitos convencionales de exhibición, la pornografía está fuera de control literalmente, y la clientela cada vez es más joven. Los niños ven películas pornográficas a unas edades insólitas. Una tesis doctoral sobre el consumo de pornografía en niños realizada en Alberta, Estados Unidos, indica que el 75% de los niños entre trece y catorce años habían visto porno. Uno de cada tres la había visto tantas veces que no podría recordar las cifras. Algunos expertos aseguran que los teléfonos móviles han conseguido que los niños de hasta diez años la busquen o la encuentren, y las cifras de consumo son conocidas. En Europa el porno para móviles mueve 540 millones de dólares al año, aunque es imposible saber la cantidad de niños que la consumen.

Ante la revolución en el mundo de la exhibición que ha significado la Red, incluso las conservadoras autoridades norteamericanas han aceptado la situación y no disponen tampoco de presupuesto y personal para un seguimiento eficaz. Tienen problemas más urgentes. David Buck, fiscal antipornografía de Ontario durante catorce años, declaraba a un diario canadiense hace unos años que, durante su mandato, los recursos se agotaban luchando contra la pedofilia en internet, y aun así creía que no lograban detener y encarcelar a mucho más del uno por ciento de los que la practican.

Carlos López-Tapia

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Comentarios

diosvani padron - 02.07.2015 a las 07:08

Estoy interesado en mas información de las productora

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